mayo 11, 2026

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Zijin en Perú: 1,500 millones de dólares y una apuesta de largo plazo por el cobre

Fundación Andrés Bello

Zijin en Perú: 1,500 millones de dólares y una apuesta de largo plazo por el cobre

Foto: Flickr.

A finales de abril de 2026, Zijin Mining confirmó que planea invertir alrededor de 1,500 millones de dólares en La Arena, una mina ubicada en el departamento de La Libertad, en el norte de Perú. El objetivo es extender la vida útil del yacimiento en aproximadamente 20 años adicionales y transformarla de una operación principalmente aurífera a una centrada en el cobre. Desde finales de 2030, Zijin espera producir unas 100,000 toneladas anuales. Para financiarlo, emitió bonos convertibles por más de 1,527 millones de dólares, cuyos fondos irán en parte a La Arena y en parte a otros fines corporativos.

La estrategia china detrás del cobre

El cobre es un insumo central para la industria que China está construyendo: vehículos eléctricos, paneles solares, redes eléctricas, infraestructura de telecomunicaciones. La demanda estructural de este mineral explica en buena parte por qué las empresas chinas llevan más de una década expandiéndose en el sector minero peruano con una consistencia que pocas inversiones extranjeras han mostrado en la región.

Las principales empresas mineras chinas en Perú son estatales y operan bajo la supervisión de la SASAC, el organismo que designa sus ejecutivos y alinea sus inversiones con los objetivos estratégicos del gobierno chino. Esto les permite operar con horizontes de inversión de décadas, sin la presión de accionistas privados que exigen retornos en el corto plazo. Un ejemplo concreto es el propio Zijin: lleva años sin poder avanzar en el proyecto Río Blanco, en Piura, por conflictos sociales, y en lugar de retirarse optó por adquirir La Arena y continuar operando en el país.

El punto de inflexión en la presencia china en la minería peruana fue 2014, cuando China Minmetals adquirió Las Bambas a Glencore, convirtiendo a China en el principal socio comercial de Perú ese mismo año. Desde entonces la expansión ha sido sostenida. Entre 2001 y 2023, la inversión extranjera directa china en Perú totalizó 38,800 millones de dólares, de los cuales 23,791 millones fueron al sector minero. Los proyectos bajo control chino incluyen hoy Las Bambas, Toromocho, El Galeno y Pampa de Pongo, además de La Arena. Solo Las Bambas representa el 2% del cobre mundial y el 1% del PIB peruano. En conjunto, Zijin estima inversiones por más de 10,000 millones de dólares en América Latina, incluyendo el proyecto Río Blanco, con una inversión estimada de 2,500 millones, uno de los yacimientos cupríferos más grandes aún sin desarrollar en el país.

Lo que esto significa para Perú

El cobre representa el 45.3% del total de exportaciones metálicas peruanas y es la principal fuente de divisas del país. Perú es el tercer mayor productor mundial, con una producción que creció de 1.3 millones de toneladas en 2014 a 2.5 millones en 2025. Es, en términos económicos, el activo más importante del sector extractivo nacional.

El problema es la forma en que ese recurso se integra a la cadena de valor global. China concentró el 76% del cobre peruano exportado entre enero y octubre de 2025, y lo adquiere mayormente en forma de concentrados. El mineral sale sin refinar y el valor agregado, consistente de la transformación del concentrado en cobre refinado apto para la industria, ocurre en China. Perú aporta el recurso natural mientras China se encarga de la capacidad industrial. Esa estructura no es nueva, pero se consolida a medida que crece la participación china en la producción nacional.

Hay que señalar que Perú no es un actor pasivo en esta relación. Como señala Victoria Chonn Ching, especialista en gobernanza de recursos e industrias extractivas en relaciones China-Latinoamérica, en el episodio de Café & Seda dedicado al tema, existe una aparente paradoja peruana: una profunda inestabilidad en el Ejecutivo que coexiste con una política económica que ha sostenido una estrategia consistente de apertura e inversión extranjera más allá de los cambios presidenciales. Es decir, aunque el país ha tenido hasta ocho presidentes desde 2018, las condiciones fiscales y regulatorias para la inversión minera se han mantenido relativamente estables. El propio CEO de La Arena lo reconoció en Lima: pese a la inestabilidad política del país, la estabilidad fiscal y el potencial geológico de Perú justifican la inversión de largo plazo. 

La inversión de Zijin en La Arena generará empleo y divisas, y eso tiene un valor real para la economía regional. Pero al mismo tiempo profundiza una relación en la que Perú provee el recurso y China determina cada vez más las condiciones en que ese recurso se extrae, procesa y comercializa. Es una tensión que el país no ha resuelto, y que este tipo de inversiones hace más difícil de abordar con el tiempo.

 

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