septiembre 17, 2026

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China y Taiwán en el imaginario guatemalteco

Fundación Andrés Bello

China y Taiwán en el imaginario guatemalteco

Guatemala, Beijing y Taiwán: tres actores, dos gobiernos que reclaman legitimidad y una sola relación diplomática. A través de un estudio exclusivo, este reportaje explora lo que imaginan los guatemaltecos acerca de una de las relaciones geopolíticas más singulares de la región. ¿Puede el guatemalteco “de a pie” distinguir la República Popular China de la República de China?  Al final, la relación de esta triada se parece mucho a un viejo estado de Facebook: “es complicado”.

Lucía Escobar y José Enrique Martínez-Cropped

Una investigación de Lucía Escobar y José Enrique Martínez

Cuando Andrea Martínez aplicó a la beca de estudios que la hizo cruzar el Océano Pacífico, solo sabía dos cosas: que estaba lejos y que las personas en ese lugar hablaban chino. En el avión, cuando la tripulante le preguntó si prefería un “desayuno continental u oriental”, eligió el segundo para empezar a acostumbrarse. Le sirvieron “un caldito con arroz aguadito”, un menú muy diferente de los huevos y frijoles con los que despierta cualquier guatemalteca. Se quedó con hambre.

Al llegar a su destino, se presentó ante ella un territorio cosmopolita y seguro. Para alguien nacida en Guatemala, caminar libremente por Taipéi a cualquier hora de la noche, supuso un cambio radical en su forma de entender la vida cotidiana.

Sin embargo, la inmensa mayoría de los guatemaltecos nunca vivirá la experiencia de Andrea; no estudiará en la República de China y no visitará un país asiático. La imagen que el “chapín” promedio tendrá de esos países se construirá con publicaciones en redes sociales, comida, productos y noticias. Muchos, incluso, sostendrán esa percepción con firmeza, aunque nunca hayan hablado personalmente con un ciudadano chino o taiwanés. Una paradoja que se vuelve todavía más evidente al analizar el mapa político de la región.

Actualmente, solo Guatemala y Belice mantienen lazos formales con Taiwán en Centroamérica; los demás, con China. Sin embargo, bajo la superficie de la diplomacia formal, el comercio con la República Popular China no deja de expandirse. Mientras el Estado sostiene una lealtad diplomática desde hace casi un siglo, los ciudadanos compran con otra lógica. Esta desconexión hace indispensable entender qué ocurre en la mente de los guatemaltecos, al margen de los tratados oficiales. 

Para indagar acerca de este mapa de percepciones, se diseñó un estudio exploratorio mixto durante el segundo trimestre del año 2026.  El objetivo fue identificar los imaginarios que circulan entre los guatemaltecos acerca de la República Popular China (RPCh) con capital en Beijing, y la República de China (Taiwán) con sede en Taipéi. A partir de allí, examinamos las fuentes y mecanismos a través de los cuales se forman esas percepciones.

La primera fase consistió en un cuestionario estructurado de veinte preguntas abiertas y de selección múltiple, utilizando la plataforma Google Forms. El instrumento se distribuyó entre el 24 de abril y el 5 de mayo de ese año a través de redes sociales y grupos de mensajería digital (WhatsApp y Meta Messenger). Para equilibrar la muestra, durante la ejecución se monitoreó el avance de algunas preguntas psicográficas, para así invitar a personas que pudieran referir a segmentos menos representados. La muestra quedó conformada por 152 sujetos: personas residentes en la República de Guatemala y que aceptaron participar voluntariamente; obtenida mediante un muestreo no probabilístico por conveniencia. El análisis de los resultados cuantitativos se realizó utilizando una hoja de cálculo de Excel con apoyo de una herramienta de inteligencia artificial (Claude) para la tabulación y revisión de cruces. Los porcentajes se verificaron y rectificaron de manera manual, antes de la redacción final.

Los resultados se complementaron con once entrevistas en profundidad: diez sujetos como seguimiento directo a la encuesta, más un perfil comercial externo que se utilizó para profundizar en la dinámica material y el intercambio de mercancías. Para la fase cualitativa se buscaron personas con experiencias diferenciadas, como estudiantes jóvenes, personas que hubieran viajado a los territorios en cuestión, comerciantes que importan desde Asia, descendientes de familias chinas, y personas con poco o mucho conocimiento del tema. Las entrevistas se realizaron entre mayo y julio de ese mismo año, por medio de mensajes de audio de aplicaciones electrónicas, llamadas telefónicas, notas grabadas en persona y cuestionarios de texto, según la preferencia y disponibilidad de los participantes. Se utilizó una guía flexible, focalizada para cada uno de los perfiles. 

Si bien los resultados no pueden ser extrapolados estadísticamente a la población general, sí ofrecen un diagnóstico cualitativo para identificar patrones, sesgos y vacíos de información sobre cómo se percibe a China y Taiwán desde Guatemala. Para escribir estas notas, se complementó la investigación con una revisión documental de fuentes secundarias: artículos, ensayos, notas de prensa e investigaciones. Estos textos se almacenaron y contrastaron utilizando la herramienta para periodismo Pinpoint. 

El resultado de esta investigación se presenta en una serie de cinco notas, la presente es la primera de ellas.

 

No partimos de una hoja en blanco

 

"Había escuchado tan poquito de Taiwán… pensaba que era como una isla súper tropical, como Hawái, pero asiática al mismo tiempo", recuerda Kurumi Sandoval, otra estudiante guatemalteca becada en la isla, sobre la imagen que tenía antes de viajar. La generalidad preconcebida de su testimonio es muy similar al de Andrea.

Esa vaguedad no es casualidad.  Al preguntarle a los 152 encuestados qué palabra o concepto les venía a la mente al escuchar la palabra "China", las respuestas convergieron con una consistencia llamativa. La categoría más frecuente fue potencia y poder (18,4%), seguida por producción, industria y comercio (16,5%), y cultura y tradición (15,3%) con referencias recurrentes a tecnología, y gastronomía. Prácticamente nadie dejó la casilla en blanco.

Con Taiwán ocurrió algo distinto. Las asociaciones más frecuentes giraron alrededor de becas, educación y cooperación (13,2%), y referencias geográficas (13,2%) como “Asia” u “oriente”, pero sin que emergiera una imagen dominante capaz de ordenar el resto. El dato más revelador fue que cerca de uno de cada veinte (4,6%) respondió "no sé" o "ni idea", y el 13.8% escribió simplemente "China" o "lo mismo". Sumando las respuestas en blanco, aproximadamente dos de cada diez participantes (18,4%) no lograron diferenciar mentalmente a la isla de Taiwán de su vecino continental, la RPCh.

"Muchas veces la gente ni siquiera sabe diferenciar... Incluso personas con un nivel educativo más alto confunden la relación diplomática", señala la periodista y antropóloga social guatemalteca Marcela Gereda, nieta de un exembajador guatemalteco en Taiwán, otra de las entrevistadas.

 

Una entra con autoridad, la otra entra ofreciendo algo

 

El estudio fue un paso más allá de las palabras, y pidió a los participantes imaginar que China y Taiwán eran personas entrando a una habitación. El objetivo no era medir conocimientos de política internacional, sino las intuiciones con las que se construye la identidad de ambos países.

Al imaginar a la República Popular de China cruzando la puerta, la reacción mayoritaria de los encuestados fue que entraría "con cautela, observando". La segunda imagen más común fue la de alguien que avanza “ofreciendo algo”. Seguida por la percepción de que llegaría “con autoridad, ocupando espacio". Que pasara desapercibida fue una idea casi inexistente.

China aparece como una presencia que no necesita explicarse ni pedir permiso. Es grande, visible y difícil de ignorar. "Admiro cómo la clase política define su norte y no es algo impuesto desde el exterior... Es un capitalismo de estado que defiende los intereses de la ciudadanía", apunta la periodista Marcela Gereda.

Con Taiwán, la opción elegida con mayor frecuencia fue "entra ofreciendo algo", concentrando el 37,5% de las respuestas. Esta percepción superó por un amplio margen a quienes la imaginaron como una persona “discreta” o “cautelosa”. El 13,2% no sabría cómo imaginarla. Mientras China se define por su sola presencia, Taiwán aparece asociado a una acción directa. No basta con que entre a la habitación, debe entrar ofreciendo becas, infraestructura o ayuda.

Durante décadas, esa percepción se ha alimentado de programas de cooperación que mantienen visible la presencia taiwanesa en el país. "Se observa que Taiwán tiene mucha inversión a nivel nacional... apoyo hacia salud, educación, carreteras", resume Jorge Manzo, un estudiante de la Universidad Francisco Marroquín en Ciudad de Guatemala que participó en la encuesta.

Solo a través de su agencia de cooperación, el Fondo para el Desarrollo y Cooperación internacional de Taiwán (TaiwanICFD), y según los registros oficiales de la institución recopilados entre 2010 y 2025, se implementaron y completaron 24 proyectos de desarrollo en el país, sumados a los 8 proyectos que actualmente se encuentran activos en diversas áreas clave, como el Proyecto de Bambú, renovado en febrero de 2026, o el proyecto de Tecnología Médica Materno-Neonatal Fase II. 

¿Por qué se perciben dos “personalidades” tan distintas? En parte, porque los guatemaltecos no llegan a cada una por el mismo camino. 

El camino a la imagen de China está construido por contactos frecuentes con productos de uso diario, la “comida china” y las noticias globales. "Aunque Guatemala no tenga relaciones diplomáticas con China Popular, la gente consume productos chinos todo el tiempo", explica la periodista y profesional guatemalteca Haydeé Archila, incluida en este estudio.

Un comerciante de ascendencia china entrevistado, que prefiere el anonimato, lo confirma desde su propio negocio: "Tengo productos chinos, no de Taiwán. Y los clientes en automático saben que vienen de China, ya no relacionan Taiwán".

El camino hacia la imagen de Taiwán es más angosto, delimitado por noticias de gobierno, becas de estudio, cooperación estatal. José Fernández del Cid, un periodista guatemalteco que durante quince años cubrió la relación entre Guatemala, China y Taiwán, lo resume así: "A lo largo de los años se informaba que venía una donación o acuerdo de construcción... considero que es una conducta que atraviesa los años". 

Si China llega por acumulación, Taiwán llega por episodios sueltos que rara vez terminan de conectarse entre sí. En términos de mercadeo, la RPCh funciona como la Coca-Cola: al igual que esa gaseosa global, está en todas partes y no necesita explicar quién es para ser reconocida. Taiwán se parece más a un medicamento de alta calidad que goza de buena reputación entre quienes lo conocen, pero rara vez ocupa un lugar espontáneo en la conversación cotidiana. 

Los guatemaltecos tienen una imagen de China, pero no tienen claro qué quiere; con Taiwán, muchos saben lo que ofrece, pero les cuesta imaginar quién es.

 

Una relación fragmentada

 

Imaginemos a dos hermanas; cada una reclama ser la única heredera legítima de una misma casa familiar. Ambas cuentan su versión de la historia, pero solo una puede ser parte de la directiva de vecinos. Así funciona, a grandes rasgos, la disputa de representación entre Beijing y Taipéi, un conflicto que la mayoría de los guatemaltecos nunca ha tenido necesidad de comprender.

Las respuestas de la encuesta sugieren que, para muchos guatemaltecos, este conflicto es abstracto y lejano. Al preguntarles qué vínculo existe entre ambas, la percepción se dividió en tres grandes grupos: cuatro de cada diez encuestados (38,8%) los describieron como países distintos pero relacionados; una cuarta parte (25,7%) los consideró completamente independientes; y un 12,5% afirmó que son, en realidad, el mismo país.

Sobre la relación diplomática de Guatemala, 88,8% sabe que el país reconoce oficialmente a Taiwán. El resto la desconoce por completo, cree que Guatemala mantiene lazos con ambos, o asume erróneamente que el reconocimiento oficial es con Beijing. La antigüedad de esta relación tampoco es conocida por la mayoría ni se percibe como relevante: 57,9% de las personas encuestadas ignoraba que la relación diplomática supera ya los noventa años de vigencia. 

Al preguntar por un aporte concreto de Taiwán a Guatemala, la mayoría de los encuestados recordó las carreteras e infraestructura vial, así como la educación y las becas de estudio. Sin embargo, junto a esas menciones aparecieron también escándalos políticos de corrupción. En la memoria pública, la cooperación y la controversia conviven en un mismo recuerdo.

El periodista Fernández del Cid, lo atribuye a un patrón de anuncios que rara vez se concretan: "Se informaba que venía una donación o acuerdo de construcción, generalmente de salud, y nunca se construyó; al final de cada período presidencial se acababa la luna de miel y empezaban los señalamientos de quedarse con la plata".

 

Una relación heredada

 

El vínculo de Guatemala con Taiwán no responde a una decisión estratégica reciente, sino a la continuidad de una política exterior heredada de otro momento histórico. Los primeros contactos oficiales entre el país centroamericano y China se remontan a 1909, cuando aún gobernaba la dinastía Qing, y se institucionalizaron con la apertura de un consulado en la década de 1930. Tras el triunfo comunista en la guerra civil china en 1949, el gobierno nacionalista de la República de China se replegó a Taiwán, mientras la recién fundada República Popular China asumió el control del territorio continental. En el contexto de la Guerra Fría, marcado por el anticomunismo y la fuerte influencia de Estados Unidos en Centroamérica, Guatemala mantuvo su reconocimiento diplomático al gobierno establecido en Taipéi y elevó la relación al rango de embajada en 1960.

Con los años, el creciente peso político y económico de China en el sistema internacional contribuyó a que la mayoría de los países dejara de reconocer a la República de China en Taiwán y estableciera relaciones diplomáticas con Beijing. Guatemala, en cambio, se mantuvo dentro de pequeño grupo de países que todavía reconoce oficialmente a Taipéi, una decisión que ningún gobierno ha querido modificar.

Para Taiwán, ese reconocimiento es fundamental. Le permite conservar aliados diplomáticos frente a la presión de Beijing, que considera a la isla parte de su territorio.  Para Guatemala, en cambio, el reconocimiento diplomático de Taiwán contrasta con una realidad económica marcada por la amplia presencia de productos procedentes de China continental.

 

El imaginario antes del contacto

 

La historia explica por qué Guatemala mantiene relaciones diplomáticas con Taiwán.  Sin embargo, no basta para comprender el lugar que China y Taiwán ocupan en el imaginario guatemalteco.

Más de la tercera parte (37,5%) de los encuestados no conoce a nadie de origen chino ni taiwanés. De hecho, la comunidad china fue descrita como “lejana” por alrededor de dos quintas partes de la muestra (41,4%), pero la taiwanesa lo fue por el 69,3%. Un 33,6% no tiene ninguna referencia para pensarla cercana o lejana. A pesar de esa distancia, la población sostiene opiniones definidas sobre ambos países.

Sobre los productos "hechos en China", lo primero que viene a la mente es producción masiva y precios bajos, aunque casi uno de cada cuatro (25,7%) también los asocia con tecnología y prestigio. Con Taiwán, casi la mitad de los encuestados (40,5%) dice recordar alguna marca o tecnología de la isla, pero cerca de uno de cada cinco (19,7%) nombró marcas que en realidad no son taiwanesas, como Samsung, Huawei, Lenovo o Intel.

Pero los imaginarios también se alimentan de estereotipos y formas de nombrar al otro.  Lillian Lee, entrevistada guatemalteca de ascendencia china, cuya familia emigró a Guatemala alrededor de 1900, décadas antes de la división entre la RPCh y Taiwán, lo explica desde su propia experiencia: “Desde chiquita siempre nos habían dicho 'chino, japonés...'. La verdad es que a nosotros nunca nos importó… Simplemente asumen".

 

 Una diferencia por explicar

 

Aunque limitada, esta investigación apunta a que en Guatemala no hay una ausencia de imaginarios sobre China y Taiwán. Surgen dos imágenes ya instaladas en la mente de los guatemaltecos, ambas alimentadas y construidas de maneras distintas. Mientras China se proyecta con claridad y un lugar reconocible en la vida cotidiana, Taiwán aparece de forma fragmentada y, con frecuencia, confundida con su vecino continental.

Este artículo es el primero de la serie “China y Taiwán en el imaginario guatemalteco”, que busca comprender cómo se moldean las percepciones sobre China y Taiwán en Guatemala. Esta primera entrega constata que existe una diferencia entre ambas, pero no explica todavía qué la produce. Los dos artículos siguientes examinarán el papel del comercio y de los objetos cotidianos, la confusión entre los países de Asia oriental y la influencia de la diplomacia, las redes sociales y los algoritmos en la construcción de esas percepciones.

Lucía Escobar y José Enrique Martínez

Sobre los autores:

Lucía Escobar

Periodista y comunicadora guatemalteca con más de 25 años de trayectoria en periodismo independiente, libertad de expresión, derechos humanos y dinámicas sociales y comunitarias. Ha trabajado en medios de Guatemala y la región, desarrollando proyectos de comunicación y gestión cultural. Ha sido beneficiaria de becas de investigación periodística y consultora para organismos internacionales. Actualmente vive y ejerce el periodismo desde el exilio en Ciudad de México.

José Enrique Martínez

Mercadólogo e investigador guatemalteco. Ha diseñado y participado en estudios de marketing, salud pública y cambio de comportamiento en Centroamérica. Actualmente se desempeña como estratega y consultor, combinando investigación social, desarrollo de productos y crecimiento comercial.

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