Perfiles país
6 trayectorias nacionales
Con el fin de analizar el rol de la República Popular China en los procesos de transición energética en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador y Perú, se utilizó una estructura en la que, para cada uno de estos países, se examinaron la gobernanza y la política energética, la matriz energética, la matriz eléctrica y el papel de concreto de China. Esta comparación muestra que la participación china adopta formas diferentes en cada país y que sus efectos dependen, principalmente, de las condiciones políticas, económicas e institucionales nacionales.
6 trayectorias nacionales
Trayectoria nacional
Argentina
Fuentes: Our World in Data (2024) · IEA (2023) · World Bank (2023).
Suministro energético — importaciones
2024 · Ktoe · incluye fuentes primarias y secundarias
Total importado: 7.830 Ktoe · Año: 2024 · Fuente: Balance Energético Nacional de la República Argentina.
La transición energética de Argentina se desarrolla en un contexto marcado por la dependencia de los hidrocarburos, la inestabilidad macroeconómica y una configuración institucional heterogénea. A diferencia de países como Brasil o Chile, donde la descarbonización se ha consolidado como una política de Estado,1 la trayectoria argentina ha estado marcada por el gobierno de turno.
Bajo la administración de Javier Milei, las políticas energéticas se han enfocado en la expansión de los hidrocarburos, la desregulación económica y el desarrollo de Vaca Muerta, una de las mayores formaciones de hidrocarburos no convencionales del mundo y principal apuesta energética del país.2 Varios de los entrevistados describieron al actual gobierno como "ausente" o incluso "hostil" frente a la transición energética.3
Esta orientación refleja, en parte, las dificultades que ha enfrentado el sector energético argentino en los últimos años, incluyendo restricciones de divisas para importar energía, el creciente costo de los subsidios a la electricidad y al gas natural, y episodios de estrés en el sistema eléctrico.4 Sobre esta base, la expansión de la producción de hidrocarburos y de las exportaciones energéticas pasó a ocupar un lugar central en la estrategia económica del gobierno, tanto por su potencial para generar divisas como por las limitaciones fiscales existentes para sostener las políticas de promoción de las energías renovables.
No obstante, esta orientación contrasta con la existencia de un marco normativo sólido para la transición energética. Desde la década de 1990, Argentina ha construido instrumentos regulatorios que, al menos en el plano formal, favorecen el desarrollo de energías limpias. Entre las medidas más relevantes se encuentra la Ley 27.191 de Energías Renovables de 2015, que elevó las metas de participación de las fuentes renovables hasta alcanzar el 20% del consumo eléctrico para 2025 y creó el Fondo para el Desarrollo de Energías Renovables (FODER) para facilitar el financiamiento de proyectos del sector.5 Posteriormente, las licitaciones promovidas por la iniciativa RenovAr (2016–2019) se convirtieron en el principal mecanismo de expansión de energías renovables, permitiendo que su participación pasara de menos del 1% a cerca del 16% de la generación eléctrica en pocos años.6
El marco regulatorio también comprende el Mercado a Término de Energías Renovables (MATER),7 que habilita contratos directos entre grandes consumidores y generadores; la Ley de Generación Distribuida (2017),8 orientada a incentivar el autoconsumo y la energía solar distribuida; y la Ley de Biocombustibles (2021),9 que mantiene mandatos de mezcla obligatoria.
Argentina también implementó en 2017 un impuesto al carbono, uno de los pocos existentes en Sudamérica, aunque con un alcance limitado.10 En materia ambiental, la Ley General del Ambiente (2002) y el Acuerdo de Escazú establecen mecanismos de evaluación de impacto y participación pública;11 dicho esto, su implementación ha sido irregular y presenta marcadas diferencias entre provincias.12 En el plano internacional, Argentina mantiene compromisos climáticos ambiciosos, incluyendo un tope de emisiones para 2030 y la meta de neutralidad de carbono para 2050.13
La implementación de políticas públicas y regímenes regulatorios se torna compleja dado el carácter federal del sistema político del país: las provincias controlan constitucionalmente los recursos naturales, lo que les otorga un papel decisivo en la orientación de las políticas energéticas y extractivas.14 Algunas jurisdicciones, como Jujuy, han impulsado proyectos ambiciosos de energías renovables en asociación con capital chino, mientras otras, como Neuquén, han profundizado su apuesta por el gas y el petróleo no convencional de Vaca Muerta. Al mismo tiempo, provincias como Córdoba han promovido iniciativas propias de generación distribuida y desarrollo de energía solar, configurando trayectorias energéticas autónomas respecto de las prioridades nacionales.15 Esta fragmentación explica por qué determinados proyectos pueden avanzar incluso en ausencia de una estrategia nacional coherente. Como resumió uno de los entrevistados: "el marco existe, pero la macroeconomía y la infraestructura bloquean su implementación".16
El caso argentino evidencia que la transición energética sigue siendo una política contingente más que una política de Estado. Bajo el gobierno de Javier Milei, la prioridad otorgada a la estabilización macroeconómica, la generación de divisas y la expansión de Vaca Muerta ha desplazado la transición energética a un lugar secundario dentro de la agenda pública, lo que abre interrogantes sobre la capacidad del país para alcanzar sus metas climáticas de mediano y largo plazo.
Suministro total de energía primaria (TPES) — 2024
Fuente: cálculos propios a partir de Balance Energético Nacional de la República Argentina, 2024.
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| Fuente | Tipo de energía | Ktoe | % del total |
|---|---|---|---|
| Gas natural1 | Combustible fósil | 43.544 | 52,5% |
| Petróleo | Combustible fósil | 26.333 | 31,8% |
| Hidroeléctrica | Renovable | 3.228 | 3,9% |
| Nuclear | Nuclear | 2.900 | 3,5% |
| Eólica | Renovable | 1.519 | 1,8% |
| Leña | Renovable - Biomasa | 1.217 | 1,5% |
| Bagazo | Renovable - Biomasa | 1.101 | 1,3% |
| Aceites vegetales | Renovable - Biomasa | 1.079 | 1,3% |
| Carbón | Combustible fósil | 764 | 0,9% |
| Alcoholes vegetales | Renovable - Biomasa | 630 | 0,8% |
| Solar | Renovable | 342 | 0,4% |
| Otras fuentes | Otras fuentes | 274 | 0,3% |
| Total | 82.931 | 100,0% |
1 Incluye una combinación de gas procesado doméstico, gas importado por gasoducto y GNL regasificado.
En 2024, el gas natural y el petróleo representaron conjuntamente más del 80% del suministro total de energía primaria, consolidando una estructura altamente dependiente de combustibles fósiles. El gas natural, por sí solo, aportó aproximadamente el 52,5% de la oferta energética nacional, una de las participaciones más altas entre los seis países analizados, solo por debajo de Perú. El petróleo representó un 31,8%, mientras que el carbón tuvo una participación marginal de apenas 0,9%, lo que limitó la posibilidad de lograr reducciones rápidas de emisiones mediante la sustitución de carbón por gas, como ocurrió en otras economías. A diferencia de la mayoría de los países de la región, Argentina también contó con una contribución significativa de energía nuclear (3,5%), reflejo de una larga tradición de desarrollo de capacidades científicas, tecnológicas e industriales asociadas al sector.17
Consecuentemente, las fuentes renovables mantuvieron una participación reducida: la hidroelectricidad representó alrededor del 3,9% de la matriz primaria, seguida por la biomasa (4,9% combinando leña, bagazo, aceites y alcoholes vegetales), la eólica (1,8%) y la solar, con apenas el 0,4%. Aunque el crecimiento de las energías renovables fue significativo durante la última década, su impacto sobre la estructura general del sistema energético siguió siendo limitado.
Uso de energía por sector — 2024
Fuente: Balance Energético Nacional de la República Argentina, 2024.
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| Sector | Ktoe | % del total |
|---|---|---|
| Transporte | 16.757 | 30,68% |
| Residencial | 14.873 | 27,23% |
| Industria | 12.528 | 22,93% |
| Comercial y público | 4.413 | 8,08% |
| Agricultura | 3.597 | 6,58% |
| No energético1 | 2.459 | 4,50% |
| Total | 54.627 | 100,00% |
1 Uso de productos energéticos como materia prima en lugar de con fines energéticos.
La estructura sectorial del consumo energético ayuda a explicar la persistencia de esta dependencia de los hidrocarburos. El transporte constituyó el principal sector consumidor, concentrando aproximadamente el 30,7% de la demanda energética total y dependiendo casi exclusivamente de derivados del petróleo. El sector residencial representó el 27,2%, seguido por la industria con 22,9%. El resto correspondió a sectores comerciales y públicos (8,1%) y agrícolas (6,6%), mientras que la electrificación del transporte y de los procesos industriales continuó siendo marginal.
El gas natural constituye el eje del sistema energético argentino, no solo en generación eléctrica, sino también en calefacción, industria y consumo residencial: su expansión ya no desplazaría combustibles más contaminantes —como el diésel o el fuel oil, cuya participación ha disminuido considerablemente—, sino que puede terminar desplazando alternativas renovables como la eólica y la solar.
La transición energética argentina no puede entenderse únicamente como un problema de oferta de energías renovables. Sin políticas que modifiquen activamente la demanda energética —especialmente en transporte e industria—, incluso un crecimiento acelerado de las renovables tendrá efectos limitados sobre la matriz energética general.
Fuentes de generación eléctrica — 2024
Fuente: cálculos propios a partir de CAMMESA – Informe Anual 2024.
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| Fuente | Tipo de energía | GWh | % del total |
|---|---|---|---|
| Gas natural1 | Combustible fósil | 61.818 | 42,1% |
| Hidroeléctrica | Renovable | 34.009 | 23,2% |
| Eólica | Renovable | 16.380 | 11,2% |
| Petróleo | Combustible fósil | 11.308 | 7,7% |
| Nuclear | Nuclear | 10.449 | 7,1% |
| Importaciones | Electricidad importada | 4.654 | 3,2% |
| Solar | Renovable | 4.628 | 3,2% |
| Carbón | Combustible fósil | 2.262 | 1,5% |
| Biomasa | Renovable - Biomasa | 1.284 | 0,9% |
| Total | 146.792 | 100% |
1 El Informe Anual 2024 de CAMMESA solo ofrece el total agregado de gas, petróleo y carbón (75.388). La participación se calculó a partir de los porcentajes de estas categorías según los últimos datos de uso disponibles, correspondientes a 2021.
La matriz eléctrica argentina es considerablemente más diversificada que la matriz energética general, aunque depende en gran medida del gas natural. En 2024, los combustibles fósiles representaron algo más de la mitad de la generación eléctrica total: el gas aportó 42,1%, el petróleo 7,7% y el carbón 1,5%. Las fuentes no fósiles generaron aproximadamente el 45,6% de la electricidad, distribuidas entre hidroelectricidad (23,2%), energía eólica (11,2%), nuclear (7,1%), solar (3,2%) y biomasa (0,9%). La importación de electricidad representó el 3,2% de la generación total.
Esta combinación otorga a Argentina un sistema eléctrico comparativamente limpio para estándares internacionales. No obstante, esa baja intensidad de carbono depende fuertemente del gas natural, cuya presencia en la matriz energética se encuentra entre las más altas de América del Sur, solo por detrás de Perú. En lugar de cumplir un rol complementario —como ocurre en Brasil, Colombia o Chile—, en Argentina el gas constituye el pilar de la generación eléctrica y del consumo residencial e industrial.
Uso de electricidad por sector — 2024
Fuente: CAMMESA – Informe Anual 2024.
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| Sector | GWh | % del total |
|---|---|---|
| Residencial | 48.869 | 37,89% |
| Industria | 41.532 | 32,21% |
| Comercial y público | 32.854 | 25,48% |
| Energía1 | 4.047 | 3,14% |
| Agricultura | 1.325 | 1,03% |
| Transporte | 332 | 0,26% |
| Total | 128.959 | 100,00% |
1 Electricidad consumida por la propia industria energética en el proceso de producción, transformación y entrega de energía.
El consumo eléctrico estuvo liderado por los hogares, que representaron aproximadamente el 37,9% de la demanda total, seguidos por la industria (32,2%) y el sector comercial y público (25,5%). La agricultura representó poco más del 1%, mientras que el transporte eléctrico mantuvo una participación marginal de sólo el 0,26%. A diferencia de otros países analizados, donde la demanda eléctrica suele concentrarse en uno o dos sectores dominantes, Argentina presentó una distribución equilibrada entre los segmentos residencial, industrial y comercial, lo que podría facilitar la incorporación gradual de nuevas cargas asociadas a la electrificación del transporte, la climatización y determinados procesos industriales.
En conjunto, la hidroelectricidad, la energía eólica y la energía nuclear otorgan a Argentina una base de generación eléctrica de baja intensidad de carbono. Dentro de este conjunto, la energía eólica ha sido la fuente de mayor expansión durante la última década, posicionando al país entre los líderes regionales en capacidad instalada. La energía solar, en cambio, mantiene una participación mínima pese al extraordinario potencial del noroeste argentino, una de las zonas con mayor radiación solar del mundo.
Aun descontando las limitaciones macroeconómicas del país, la insuficiencia de la infraestructura de transmisión constituye actualmente la principal barrera para la expansión e integración de nuevos proyectos renovables.
En gran medida, Beijing y el empresariado chino han ocupado los espacios abiertos por el repliegue relativo de financistas occidentales y multilaterales, alineando sus intereses industriales y estratégicos con las necesidades argentinas de liquidez e inversión. Su presencia abarca desde grandes proyectos hidroeléctricos y solares hasta minería de litio, infraestructura de transmisión y tecnologías asociadas al sistema eléctrico, adoptando formas distintas según el sector y la provincia.
Cooperación energética en la década de 2010
A partir de 2010, la cooperación energética entre Argentina y China comenzó a materializarse a través de grandes proyectos de infraestructura hidroeléctrica. Entre ellos destacan las represas Néstor Kirchner y Jorge Cepernic, sobre el río Santa Cruz, uno de los proyectos más emblemáticos de la relación bilateral: las obras fueron adjudicadas a un consorcio liderado por la estatal china Gezhouba Group y financiadas principalmente mediante créditos de bancos de desarrollo chinos. Concebido originalmente para aportar cerca de 1.740 MW de capacidad instalada, el proyecto fue rediseñado durante la administración de Mauricio Macri para reducir su impacto ambiental, disminuyendo su capacidad prevista a alrededor de 1.310 MW.18
La cooperación bilateral también buscó expandirse al sector nuclear. En 2014, Argentina y China acordaron avanzar en la construcción de Atucha III, central basada en tecnología Hualong One de la Corporación Nuclear Nacional de China (CNNC). El proyecto avanzó hasta la firma de un contrato comercial en 2022, pero las dificultades para asegurar un esquema de financiamiento definitivo derivaron en sucesivas renegociaciones antes de que la iniciativa fuera finalmente abandonada.19
Estos proyectos condensan el modelo de cooperación Estado a Estado característico de la década pasada, basado en financiamiento de bancos estatales chinos y la participación de empresas públicas de ambos países. La implementación reveló, no obstante, varias vulnerabilidades: retrasos en la ejecución, recurrentes revisiones contractuales y una marcada dependencia de los desembolsos chinos, cuya interrupción llegó a comprometer la continuidad de las obras.20
Renovables y minería: expansión sectorial y lógica transaccional
Más allá de las hidroeléctricas, la presencia china se ha expandido hacia energías renovables y minería. En el ámbito renovable, el complejo solar Cauchari en Jujuy21 —financiado por el China Exim Bank y construido por Shanghai Electric Power Construction, subsidiaria de la estatal PowerChina— se convirtió en uno de los casos más destacados del programa RenovAr. Con una capacidad actual de alrededor de 300 MW y planes de expansión hacia 500 MW, Cauchari se posiciona entre los proyectos solares más grandes de América Latina, e incluyó mecanismos de capacitación y ensamblaje local.
Estas experiencias sugieren una relación fundamentalmente transaccional, en la que las empresas chinas ocupan espacios que el Estado y el sector privado doméstico no logran cubrir por limitaciones financieras, tecnológicas o ambas. Los gobiernos provinciales utilizan el financiamiento chino como palanca para avanzar proyectos estratégicos. Como señaló Juan Carlos Villalonga, "cuando China negocia con un gobernador provincial, la diferencia siempre está en el financiamiento que pueden ofrecer".22 A esta lógica provincial se suma un componente diplomático: varios entrevistados indicaron que las provincias en ocasiones actúan como punto de entrada, mientras que la Embajada china cumple un rol de validación y articulación.23
En materia de recursos minerales, el litio constituye la dimensión más sensible y estratégica de la presencia china en Argentina. Las grandes reservas al norte del país han atraído inversiones de empresas como Ganfeng Lithium, Zijin Mining y Tibet Summit Resources, que combinan capital privado con respaldo estatal chino, y participan en algunos de los principales proyectos de litio del país, incluyendo Cauchari–Olaroz en Jujuy y Tres Quebradas en Catamarca.24 Más allá de la llegada de inversiones extranjeras, el desarrollo del litio ha dado lugar a un debate más amplio sobre el modelo de desarrollo del sector: industrialización local, producción de baterías, transferencia tecnológica, captura de rentas por parte de las provincias y coordinación entre jurisdicciones productoras.25
En los últimos años, la presencia china se ha expandido más allá de la importación de equipos para incluir manufactura y ensamblaje local. En San Juan, la primera planta nacional de ensamblaje de paneles solares se prepara para iniciar producción utilizando maquinaria e insumos provenientes mayoritariamente de China, con la ambición de avanzar hacia etapas de mayor valor agregado.26 La provincia obtiene actualmente más del 60% de su capacidad instalada de fuentes solares gracias a los altos niveles de radiación del noroeste argentino.
Asimetrías regulatorias
Las diferencias en capacidades regulatorias e institucionales entre provincias, reforzadas por el carácter descentralizado del sistema federal argentino, generan variaciones significativas en las condiciones de supervisión y aplicación de estándares entre jurisdicciones. En proyectos financiados por actores multilaterales o europeos, los estándares de consulta comunitaria, evaluación ambiental y supervisión tienden a mantenerse consistentes entre provincias;27 en contraste, en varios proyectos vinculados a compañías chinas, los resultados aparecen más correlacionados con la fortaleza —o debilidad— de los marcos regulatorios locales.
Las diferencias entre Jujuy y Salta ilustran este patrón: mientras Jujuy ha desarrollado mayores capacidades de supervisión y articulación local alrededor de proyectos de litio y energía solar, en Salta ciertas operaciones han funcionado como enclaves con escasa integración a las economías locales. Tensiones similares han emergido en Catamarca, donde el proyecto de litio Tres Quebradas, operado por la empresa china Zijin, ha enfrentado sanciones por incumplimientos regulatorios, ambientales y sociales.28
Geopolítica, Milei y el futuro de la relación energética con China
Si bien el gobierno de Milei ha priorizado el crecimiento económico y la expansión de sectores extractivos, no ha mostrado señales de oposición a las energías renovables.29 En la medida en que estas continúen generando inversión, empleo y exportaciones, su expansión —incluida la impulsada por capital chino— seguirá siendo compatible con la orientación general de la política energética actual.
En lo que se refiere a China, el modelo de participación en el país atraviesa una etapa de reconfiguración. Durante la última década, la presencia china en sectores estratégicos —energía, minería e infraestructura— estuvo asociada a financiamiento estatal, acuerdos intergubernamentales y necesidades macroeconómicas argentinas. El acuerdo de swap de monedas entre el Banco Popular de China y el Banco Central de la República Argentina fungió como pilar de cooperación: establecido en 2009 y renovado en varias ocasiones, alcanzó una línea equivalente a aproximadamente USD 18.500 millones e incluyó la activación de un tramo de USD 5.000 millones posteriormente renovado durante el gobierno de Javier Milei.30
Bajo la presidencia de Milei, ese marco enfrenta nuevos límites políticos: su gobierno ha promovido un acercamiento explícito a Washington, reforzado por el acuerdo financiero con Estados Unidos por 20.000 millones de dólares y por su afinidad ideológica con sectores conservadores estadounidenses.31 Sin embargo, el giro político no ha implicado una interrupción de los proyectos chinos en energía, minería e infraestructura: muchos continúan avanzando por la existencia de contratos de largo plazo, alianzas empresariales consolidadas y actores provinciales interesados en sostener inversiones capaces de generar empleo, exportaciones y divisas. Esta lógica también podría extenderse a nuevos proyectos vinculados al gas natural, incluyendo iniciativas para desarrollar capacidad de licuefacción y exportación de GNL desde Vaca Muerta, en las que Asia —y potencialmente China— figura entre los principales mercados de destino.32 La relación con China, por tanto, no desaparece con el cambio de alineamiento político: se transforma.
El punto central es que la relación energética sino-argentina opera cada vez menos como una agenda estratégica dirigida desde los gobiernos y cada vez más como una dinámica transaccional, condicionada por incentivos económicos, marcos regulatorios y oportunidades de mercado. Esto marca una diferencia importante respecto del modelo predominante durante la década de 2010, especialmente durante el segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner, cuando el vínculo con China estuvo más asociado a acuerdos bilaterales, financiamiento concesional e infraestructura negociada entre Estados.33
La creación del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) en 2024 profundiza esta transformación: ofrece beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios, además de garantías de estabilidad regulatoria, para proyectos de gran escala en minería, energía, hidrocarburos e infraestructura —ámbitos donde las empresas chinas ya cuentan con presencia consolidada.34 De hecho, proyectos vinculados a capital chino, como la ampliación de Cauchari-Olaroz operada por EXAR, ya han obtenido la aprobación del régimen.35 Bajo esta óptica, el RIGI no excluye al capital chino: puede proporcionarle un marco aún más favorable siempre que sus inversiones se ajusten a la lógica económica del nuevo gobierno.
Esta dinámica ayuda a explicar la aparente paradoja de la política exterior de Milei: un gobierno geopolíticamente alineado con Estados Unidos puede, al mismo tiempo, preservar o incluso ampliar espacios para el capital chino en sectores estratégicos.36 La clave no está en una continuidad política con Beijing, sino en la convergencia entre los intereses de empresas chinas, las necesidades fiscales y externas de Argentina, y una política económica orientada a atraer inversión privada sin discriminar por origen nacional.
En materia energética, esta orientación favorece una agenda centrada en la explotación de hidrocarburos y en la infraestructura necesaria para expandir las exportaciones de recursos naturales. Si bien el gobierno no ha abandonado formalmente los objetivos de incorporación de energías renovables, sí ha impulsado medidas de desregulación que reducen los instrumentos de promoción estatal y ha dejado vencer parte de los incentivos que sustentaron el crecimiento del sector durante la última década.37 Según el Proyecto de Ley de Presupuesto 2026, los subsidios a la oferta de hidrocarburos alcanzan los ARS 651.600 millones, mientras que las partidas vinculadas a energías renovables y al FODER suman ARS 37.075 millones: los recursos destinados a las renovables equivalen a apenas el 5,7% de los asignados al sector hidrocarburífero.38
Lo que distingue al caso argentino no es simplemente la inestabilidad macroeconómica ni la dependencia de los hidrocarburos, rasgos que comparte en distintos grados con otros países analizados, sino la brecha entre los instrumentos que ha construido para impulsar la transición energética y su capacidad para sostenerlos en el tiempo. La presencia china probablemente seguirá respondiendo más a oportunidades concretas que a una estrategia de largo plazo, independientemente de que los proyectos contribuyan a la transición energética o refuercen la matriz fósil existente.
Notas y fuentes (38)
- Emilio Matsumura, Ricardo Gorini y Binu Parthan, The Energy Transition in Brazil (IRENA, nov. 2025), Enlace↗; "CAF y Enel Chile firman acuerdo para impulsar la transición energética", CAF, 11 dic. 2024, Enlace↗
- José Del Río, "Vaca Muerta: Javier Milei apuesta a lo grande a un boom petrolero en la Argentina", La Nación, 19 feb. 2025, Enlace↗; Javier Lewkowicz, "Energía y minería, la apuesta extractiva de Milei para la economía argentina", Dialogue Earth, 29 may. 2025, Enlace↗
- Entrevistas estructuradas realizadas por la Fundación Andrés Bello en Argentina entre abril y octubre de 2025.
- Síntesis del autor basada en entrevistas estructuradas realizadas por la Fundación Andrés Bello en Argentina entre abril y octubre de 2025.
- Congreso de la Nación Argentina, Ley 27.191 de 2015, Boletín Oficial, 21 oct. 2015, Enlace↗; Decreto 531/2016, Anexo II cap. III (FODER), Boletín Oficial, 30 mar. 2016, Enlace↗
- Paz Constantini y María Marta Di Paola, "Programa Renovar: ¿éxito o fracaso?", FARN, jun. 2019, Enlace↗
- Ministerio de Energía y Minería, Resolución 281-E/2017, Boletín Oficial, 22 ago. 2017, Enlace↗
- Congreso de la Nación Argentina, Ley 27.424 de 2017, Boletín Oficial, 27 dic. 2017, Enlace↗
- Congreso de la Nación Argentina, Ley 27.640 de 2021, Boletín Oficial, 15 jul. 2021, Enlace↗
- Congreso de la Nación Argentina, Ley 27.430 de 2017, Boletín Oficial, 29 dic. 2017, Enlace↗
- Congreso de la Nación Argentina, Ley 25.675 de 2002, Boletín Oficial, 28 nov. 2002, Enlace↗; Cancillería Argentina, "Argentina deposita el instrumento de ratificación del Acuerdo de Escazú...", 22 ene. 2021, Enlace↗
- Ariel Genovese, Betania González et al., "Coordenadas para una democracia ambiental en Argentina", Observatorio Ambiental y Climático para la Implementación del Acuerdo de Escazú, 2025, 163–183, Enlace↗
- Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Plan Nacional de Adaptación y Mitigación al Cambio Climático (2022), cap. 7, Enlace↗; Estrategia de desarrollo resiliente con bajas emisiones a largo plazo a 2050 (2022), Enlace↗
- Congreso de la Nación Argentina, Constitución de la Nación Argentina, art. 124, Enlace↗
- "Córdoba lidera el desarrollo de la generación distribuida en Argentina", El Diario de Carlos Paz, 22 may. 2025, Enlace↗
- Entrevistas estructuradas realizadas por la Fundación Andrés Bello en Argentina entre abril y octubre de 2025.
- Oscar Ramírez, Jorge Nicolini, Marcelo Neuman, Marcelo Fernández y Jorge Malco, "Panorama histórico del desarrollo de la energía nucleoeléctrica en Argentina", Ciencia, Tecnología y Política 7, núm. 7 (30 nov. 2021): 118–127, Enlace↗
- Observatorio de la Energía Argentina, "Aprovechamientos Hidroeléctricos del Río Santa Cruz", s.f., Enlace↗
- Nicolás Deza, "En medio de la negociación con China por el swap, el Gobierno prorrogó otra vez el contrato de Atucha III", Econo Journal, 21 oct. 2023, Enlace↗
- Mariela Arias, "Buscan destrabar con China la construcción de las represas hidroeléctricas", La Nación, 14 feb. 2025, Enlace↗; Mariela Arias, "Ingresó el crédito internacional chino para reactivar una de las represas hidroeléctricas en Santa Cruz", La Nación, 18 ene. 2026, Enlace↗
- Cassandra Garrison, "On South America's Largest Solar Farm, Chinese Power Radiates", Reuters, 23 abr. 2019, Enlace↗
- Juan Carlos Villalonga, entrevista en línea realizada por la Fundación Andrés Bello, 29 sep. 2025.
- Entrevistas estructuradas realizadas por la Fundación Andrés Bello en Argentina entre abril y octubre de 2025.
- Ganfeng Lithium LATAM, "Proyecto Cauchari–Olaroz", 4 may. 2026, Enlace↗; Zijin Mining Group Co., Ltd., "Salar de Tres Quebradas", 4 may. 2026, Enlace↗
- "El CFI impulsa el desarrollo del litio en el Norte Grande", La Política Online, 30 jun. 2026, Enlace↗
- Matías Avramow, "La primera fábrica de paneles solares de Argentina se prepara para producir", Dialogue Earth, 23 jun. 2025, Enlace↗
- Entrevistas estructuradas realizadas por la Fundación Andrés Bello en Argentina entre abril y octubre de 2025.
- "Sanción al litio en Catamarca: multa de $254 millones por negligencia operativa en el proyecto Tres Quebradas", Campo Jujuy, 26 abr. 2026, Enlace↗
- "El ambiente en el Presupuesto 2026: ajustes, retrocesos y afectación de derechos", FARN, 15 dic. 2025, Enlace↗
- José Giménez, "Qué es el swap de monedas con China y en qué consiste el acuerdo que alcanzó el Gobierno para postergar el pago de US$ 5 mil millones", Chequeado, 10 abr. 2025, Enlace↗
- Gerson Arispe, "El Nuevo Acercamiento Del Gobierno Argentino a Estados Unidos", CIBEI, 23 feb. 2024, Enlace↗
- Agustín Maza, "YPF comprometió ventas de GNL a empresas de Europa y Asia para exportar USD 15.000 millones anuales", Infobae, 30 ene. 2025, Enlace↗
- "En qué consisten los acuerdos firmados con el gobierno chino", Infobae, 18 jul. 2014, Enlace↗; Casa Rosada, "Argentina y China suscribieron un acuerdo de asociación estratégica integral", 18 jul. 2014, Enlace↗
- Cámara de Diputados de la Nación Argentina, Proyecto de Ley 0018-D-2024, "Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Creación", 4 mar. 2024, Enlace↗
- Marcos Gonzales Gava, "Ganfeng Lithium duplica apuesta en Argentina: EXAR obtiene primer RIGI en Jujuy y apunta a 85.000 toneladas de litio", Reporte Asia, 16 may. 2026, Enlace↗
- Anabella Busso, "La política exterior de Javier Milei frente a Estados Unidos: un escenario de múltiples acoplamientos", IRI-UNLP, 27 ago. 2024, Enlace↗; Ignacio Ortiz, "Se define qué va a ocurrir con el proyecto de ley que extiende el régimen de promoción para las energías renovables", Econo Journal, feb. 2026, Enlace↗
- Lucía Salvalaggio, "Javier Milei y su mega decreto: ¿dónde queda la transición energética?", Climate Tracker Latinoamérica, 7 feb. 2024, Enlace↗
- "El ambiente en el Presupuesto 2026: ajustes, retrocesos y afectación de derechos", FARN, 15 dic. 2025, Enlace↗
Trayectoria nacional
Brasil
Fuentes: Our World in Data (2024) · IEA (2023) · World Bank (2024).
Suministro energético — importaciones
2024 · Ktoe · incluye fuentes primarias y secundarias
Total importado: 67.366 Ktoe · Año: 2024 · Fuente: Ministério de Minas e Energia — Balanço Energético Nacional, año base 2024.
Brasil, país que alberga la mayor parte de la Amazonía y cuenta con más de 210 millones de habitantes, ocupa una posición notable en el debate global sobre la transición energética. De los seis países analizados en este estudio, Brasil cuenta con el sistema energético más avanzado en términos de incorporación de fuentes renovables y capacidad de atracción de inversión en tecnologías limpias. Al mismo tiempo, el gran tamaño de su economía y base industrial, junto a su notoria producción de petróleo y gas, hacen de la transición energética brasileña un caso particularmente complejo.
Los especialistas brasileños entrevistados coincidieron en que el gobierno mantiene actualmente una agenda activa de modernización y descarbonización de su matriz energética, basada tanto en objetivos climáticos como en estrategias de política industrial y seguridad energética.1 En el plano doméstico, por ejemplo, la iniciativa Nueva Industria Brasil (NIB) busca promover sostenibilidad, innovación tecnológica y reindustrialización verde. Entre sus objetivos figura aumentar la participación de los biocombustibles y la electrificación en la matriz energética del transporte en un 50% para 2033.2 A nivel internacional, Brasil se ha consolidado como uno de los principales espacios regionales para la discusión de políticas públicas vinculadas al cambio climático y las energías renovables, albergando regularmente cumbres, foros y encuentros multilaterales de alto nivel, como la COP30 celebrada en Belém en 2025.3
Los biocombustibles constituyen un componente central y singular de la estrategia energética brasileña. Desde la creación del Programa Nacional del Alcohol (Proálcool) en 1975, impulsado en respuesta a las crisis petroleras de la década de 1970, Brasil ha desarrollado una política sostenida orientada a reducir la dependencia de combustibles importados, fortalecer la seguridad energética y promover cadenas productivas domésticas vinculadas al sector agrícola. La expansión de los vehículos flex-fuel en los años 2000, los mandatos obligatorios de mezcla de etanol y biodiésel y la consolidación de una amplia cadena agroindustrial reforzaron este modelo, que integra simultáneamente objetivos de soberanía energética, desarrollo agrícola, política industrial y reducción de emisiones.4
Más recientemente, iniciativas como RenovaBio5 y la Ley del Combustible del Futuro6 han profundizado esta trayectoria mediante incentivos a fuentes de menor intensidad de carbono y nuevas metas de descarbonización para sectores como la aviación y el transporte pesado. En conjunto, esta evolución ha situado a Brasil en una posición poco común a nivel internacional, ya que los biocombustibles no cumplen un rol meramente complementario dentro de su matriz energética, sino que se han consolidado como un pilar estructural con implicaciones estratégicas para el desarrollo económico y la competitividad del país.
La capacidad brasileña para atraer capital hacia sectores vinculados a la transición energética también ha adquirido relevancia global. Según Bloomberg Energy Transition Investment Trends 2025, Brasil fue el séptimo mayor destino de inversión en transición energética del mundo en 2024, con US$ 37.100 millones invertidos, y se mantuvo como el principal mercado de América Latina en este ámbito.7 Ello pone de manifiesto la percepción internacional de Brasil como una potencia energética estable y con gran potencial de expansión renovable.
No obstante, la imagen internacional positiva de Brasil tiende a ocultar tensiones estructurales importantes. Aunque su matriz eléctrica es una de las más limpias del mundo, la matriz energética total depende significativamente de combustibles fósiles. Al mismo tiempo, una parte sustancial de las emisiones brasileñas se origina fuera del sector energético, particularmente en la agricultura y los cambios en el uso del suelo, ámbitos históricamente asociados a la expansión del agronegocio y a buena parte de las críticas internacionales sobre el desempeño ambiental del país. Esta doble contradicción responde en parte al peso económico y político tanto del sector de hidrocarburos como del complejo agroexportador brasileño.
Petrobras, la empresa estatal brasileña de petróleo y gas, junto a pares internacionales como Shell y Repsol Sinopec, son actores centrales para el suministro energético y la planificación económica del país.8 Aunque su peso económico directo equivale a aproximadamente el 17% del PIB industrial brasileño, el sector de hidrocarburos mantiene una influencia significativa por su contribución a las exportaciones, el empleo, las regalías y la recaudación fiscal.9
La mayoría de los especialistas brasileños consultados señalaron que actores vinculados al petróleo, gas y carbón defienden intereses orientados a prolongar el ciclo de vida de los combustibles fósiles.10 Entre las estrategias más frecuentes identificaron intentos de flexibilizar regulaciones ambientales, debilitar mecanismos de supervisión y promover subsidios o contratos favorables a la generación térmica, particularmente durante debates legislativos relacionados con la energía eólica offshore.11 Varios de ellos también describieron a grupos de interés dentro del Ministerio de Minas y Energía como "desarrollistas", priorizando el petróleo y generación térmica por encima de las energías renovables.12
Asimismo, sindicatos vinculados a las industrias petrolera, petroquímica y carbonífera han expresado preocupación por los posibles impactos laborales de la transición energética. Más que oponerse a la expansión de las energías renovables, suelen demandar mecanismos de transición justa que incluyan protección del empleo, reconversión laboral y participación de los trabajadores en el diseño de las políticas energéticas.13
Aunado a estas tensiones, las entrevistas revelaron que los propios proyectos de transición energética también pueden generar riesgos sociales y ambientales significativos.14 Grandes represas hidroeléctricas han provocado históricamente el desplazamiento de comunidades indígenas y ribereñas, inundación de bosques y alteración de ecosistemas.15 De igual forma, la explotación maderera asociada a plantaciones forestales ha contribuido a procesos de deforestación y acaparamiento de tierras, generando conflictos con pequeños agricultores y comunidades tradicionales.16
Más recientemente, investigaciones sobre la expansión de proyectos eólicos y solares a gran escala han advertido que estas tecnologías también pueden intensificar disputas por la tierra mediante procesos de apropiación y privatización de territorios previamente utilizados por comunidades rurales y tradicionales.17 Como señalaron varios especialistas brasileños,18 estos impactos han alimentado resistencia de movimientos sociales como el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST),19 reforzando la necesidad de que la expansión renovable vaya acompañada de mecanismos capaces de mitigar sus costos sociales y territoriales.
Aunque Brasil ha desarrollado marcos regulatorios ambientales bastante sólidos —el Código Forestal brasileño suele ser citado como referencia internacional—,20 su implementación tiende a ser laxa e irregular. Según el Servicio Forestal Brasileño, apenas el 3,3% de los registros de propiedad exigidos por el Código Forestal habían sido plenamente revisados entre 2012 y 2024.21 Esta brecha refleja limitaciones crónicas de capacidad operativa y financiera dentro de los organismos reguladores. Además, las entrevistas revelan que los riesgos de gobernanza no se limitan a problemas de capacidad estatal, sino que incluyen corrupción, baja transparencia y una larga historia de megaproyectos de infraestructura marcados por sobrecostos, ineficiencia y deterioro de la confianza pública.22
Por último, el panorama energético de Brasil también está condicionado por las características de su economía, tradicionalmente más cerrada y protegida que otras economías latinoamericanas.23 A diferencia de sus pares regionales, Brasil no busca únicamente atraer inversión extranjera o importar tecnología a precios competitivos, sino utilizar los sectores asociados a la transición energética como herramientas de reindustrialización y fortalecimiento manufacturero. La promoción de los biocombustibles como política de estado es una clara evidencia de ello.
El factor nuclear
En América Latina, Brasil es el país con el programa nuclear más desarrollado, diversificado y ambicioso de la región, y probablemente el único que puede calificarse como una potencia nuclear civil regional. Más allá de su potencial como fuente de generación eléctrica baja en emisiones, la energía nuclear ha sido concebida históricamente como una herramienta de seguridad energética, desarrollo industrial y autonomía tecnológica.24 Su configuración actual comenzó a tomar forma durante la década de 1970, cuando las crisis petroleras impulsaron una estrategia de largo plazo orientada a desarrollar capacidades nacionales en áreas como el enriquecimiento de uranio, la fabricación de combustible y la investigación nuclear.25
En el marco de la transición energética, la energía nuclear ha recuperado relevancia como fuente firme, baja en emisiones y complementaria a una matriz eléctrica altamente renovable, pero vulnerable a sequías y variabilidad hidrológica. El Plan Nacional de Energía 2050 contempla escenarios de expansión nuclear de aproximadamente 8 a 10 GW hacia mediados de siglo, incluyendo la finalización de la central nuclear Angra 3, la evaluación de nuevos sitios para reactores y la posible incorporación futura de pequeños reactores modulares.26 En paralelo, el gobierno brasileño ha planteado como objetivo fortalecer toda la cadena nuclear, desde la minería y el enriquecimiento de uranio hasta la fabricación de combustible y la generación eléctrica.27
Sin embargo, el sector nuclear también reproduce varios de los problemas de gobernanza identificados en otros segmentos de la infraestructura energética brasileña. La central nuclear Angra 3, cuya construcción comenzó en la década de 1980, acumula décadas de interrupciones, sobrecostos, disputas institucionales y cuestionamientos sobre su viabilidad económica. A ello se suman desafíos regulatorios, financieros y sociales relacionados con la seguridad nuclear, la gestión de residuos radiactivos y la confianza pública.28
Suministro total de energía primaria (TPES) — 2024
Fuente: cálculos propios a partir de Ministério de Minas e Energia – Balanço Energético Nacional, 2024.
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| Fuente | Tipo de energía | Ktoe | % del total |
|---|---|---|---|
| Petróleo y derivados | Combustible fósil | 109.586 | 34,0% |
| Caña de azúcar | Renovable - Biomasa | 53.715 | 16,7% |
| Hidroeléctrica1 | Renovable | 37.271 | 11,6% |
| Gas natural | Combustible fósil | 30.970 | 9,6% |
| Leña2 | Renovable - Biomasa | 27.372 | 8,5% |
| Otras renovables | Renovable - Biomasa | 26.167 | 8,1% |
| Carbón3 | Combustible fósil | 14.431 | 4,5% |
| Eólica | Renovable | 9.258 | 2,9% |
| Solar | Renovable | 7.229 | 2,2% |
| Nuclear | Nuclear | 4.156 | 1,3% |
| Otras no renovables4 | Combustible fósil | 1.836 | 0,6% |
| Total | 321.991 | 100,0% |
1 Incluye importaciones de electricidad de origen hidráulico.
2 Incluye leña y carbón vegetal.
3 Incluye carbón mineral y coque.
4 "Otras no renovables" es una categoría residual para combustibles fósiles menores y productos secundarios no incluidos en las categorías principales (petróleo, gas natural, carbón, uranio).
La matriz energética brasileña presenta una composición equilibrada en comparación con estándares internacionales. En 2024, aproximadamente la mitad del suministro total de energía primaria provino de fuentes renovables, convirtiendo a Brasil en el país con mayor participación de energías limpias entre los seis casos analizados en este estudio. Esta característica resulta particularmente significativa considerando la escala de la economía brasileña y el peso de una base industrial dependiente de elevados niveles de consumo energético. En contraste con otras grandes economías latinoamericanas de perfil industrial como México —cuya matriz energética está dominada abrumadoramente por petróleo y gas (~85%)—,29 Brasil ha logrado desarrollar una estructura energética considerablemente más diversificada y menos dependiente de hidrocarburos.
Aun así, los derivados del petróleo constituyeron el 34% de la matriz, mientras que el gas natural aportó alrededor de 9,6%. El consumo de hidrocarburos se concentra principalmente en los sectores transporte e industrial, que representaron aproximadamente el 36,3% y el 34,7% de la demanda energética final, respectivamente.
La biomasa también ocupó un papel particularmente relevante, representando un 33,3% del suministro total de energía primaria, una participación muy superior a la observada en otras economías de la región y solo comparable, entre los países analizados, a la de Chile. Los productos derivados de la caña de azúcar por sí solos aportaron un 16,7% de la oferta energética nacional, reflejo de más de cinco décadas de promoción estatal de los biocombustibles.
El resto de las renovables presentó participaciones menores, aunque significativas. La hidroelectricidad abarcó aproximadamente el 11,6% de la matriz energética primaria. Por su parte, la leña y el carbón vegetal aportaron un 8,5% de la oferta energética total, reflejo de su uso en zonas rurales y en sectores industriales como la siderurgia. En los últimos años también se ha registrado una expansión del biodiésel, el biogás y la energía solar. Por su parte, la energía nuclear contribuyó con alrededor del 1,3% de la oferta energética total.
Uso de energía por sector — 2024
Fuente: Ministério de Minas e Energia – Balanço Energético Nacional, 2024.
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| Sector | Ktoe | % del total |
|---|---|---|
| Transporte | 95.832 | 36,33% |
| Industria | 91.417 | 34,66% |
| Residencial | 31.047 | 11,77% |
| No energético1 | 15.780 | 5,98% |
| Comercial y público | 15.267 | 5,79% |
| Agricultura | 14.428 | 5,47% |
| Total | 263.771 | 100,00% |
1 Uso de productos energéticos como materia prima en lugar de con fines energéticos.
A diferencia de otros países donde la transición energética se concentra principalmente en el sector eléctrico, la experiencia brasileña muestra una diversificación renovable más amplia, incluyendo combustibles capaces de sustituir directamente derivados del petróleo en transporte, como es el caso de los biocombustibles.
Brasil cuenta además con ventajas geográficas significativas para continuar expandiendo las energías renovables. La capacidad eólica potencial supera ampliamente la capacidad actualmente instalada, mientras que la expansión solar se ve favorecida por su ubicación geográfica y gran extensión territorial.
En términos generales, la composición de la estructura energética brasileña sugiere que, dado que el país ya cuenta con una matriz eléctrica limpia, los principales márgenes para profundizar la descarbonización se concentran fuera del sector eléctrico. El transporte representa el principal cuello de botella, mientras que la electrificación de la industria y el desarrollo de nuevas cadenas tecnológicas aparecen como desafíos centrales para las próximas décadas.
Fuentes de generación eléctrica — 2024
Fuente: cálculos propios a partir de Ministério de Minas e Energia – Balanço Energético Nacional, 2024
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| Fuente | Tipo de energía | GWh | % del total |
|---|---|---|---|
| Hidroeléctrica | Renovable | 421.799 | 55,1% |
| Eólica | Renovable | 107.654 | 14,1% |
| Solar | Renovable | 70.665 | 9,2% |
| Gas natural | Combustible fósil | 47.792 | 6,2% |
| Caña de azúcar | Renovable - Biomasa | 37.410 | 4,9% |
| Licor negro | Renovable - Biomasa | 17.290 | 2,3% |
| Nuclear | Nuclear | 15.767 | 2,1% |
| Importaciones1 | Electricidad importada | 14.098 | 1,8% |
| Otras no renovables2 | Combustible fósil | 11.130 | 1,5% |
| Carbón3 | Combustible fósil | 10.247 | 1,3% |
| Otras renovables4 | Renovable - Biomasa | 6.732 | 0,9% |
| Diésel | Combustible fósil | 4.850 | 0,6% |
| Total | 765.434 | 100,0% |
1 Paraguay (Itaipú), Argentina, Uruguay y Venezuela.
2 Fuel oil, gas de horno de coque, otros combustibles/productos fósiles secundarios y pequeños flujos de energía fósil no clasificados.
3 Incluye carbón térmico.
4 Biodiésel, biogás y otros productos sólidos de biomasa no incluidos en otras categorías.
En 2024, aproximadamente el 86% de la generación eléctrica provino de fuentes renovables, la proporción más alta entre los países del G20. La hidroelectricidad fue el pilar central del sistema, aportando el 55,1% de la generación total. La energía eólica (14,1%) y la solar (9,2%) se habían expandido rápidamente durante la última década, mientras que la biomasa desempeñó un papel relevante gracias al aprovechamiento energético de subproductos agrícolas. Los combustibles fósiles desempeñaron un papel limitado, encabezados por el gas natural (6,2%).
Los patrones de consumo eléctrico de Brasil reflejaron el tamaño y la diversificación de su economía. La industria concentró la mayor proporción de la demanda, con 35,9% del consumo total, seguida por el sector residencial (28,2%) y el sector comercial (17,1%). Brasil también presentó participaciones relevantes en agricultura (5,3%), sector público (7,4%) y actividades energéticas (5,7%), lo que evidenció una demanda eléctrica distribuida entre múltiples segmentos productivos y de servicios. El transporte, en cambio, representó apenas 0,3% del consumo eléctrico, mostrando que la electrificación de la movilidad seguía siendo marginal. Esta configuración sugiere que el potencial de electrificación brasileño no se concentra en un solo sector, sino en la expansión gradual de usos eléctricos en transporte, agroindustria, servicios urbanos y procesos industriales, apoyándose en una base de demanda ya amplia y diversificada.
Uso de electricidad por sector — 2024
Fuente: Ministério de Minas e Energia – Balanço Energético Nacional, 2024.
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| Sector | GWh | % del total |
|---|---|---|
| Industria | 233.500 | 35,90% |
| Residencial | 183.400 | 28,20% |
| Comercial y público | 159.300 | 24,49% |
| Energía | 37.100 | 5,70% |
| Agricultura | 34.500 | 5,30% |
| Transporte | 2.000 | 0,31% |
| Total | 650.400 | 99,91% |
Esta estructura es resultado de decisiones estratégicas adoptadas desde la década de 1970, cuando Eletrobras, respaldada por un marco regulatorio favorable, impulsó la construcción masiva de grandes represas hidroeléctricas aprovechando las extensas cuencas fluviales del país.30 Varios entrevistados indicaron que esta dependencia histórica de la hidroelectricidad responde principalmente a factores geográficos y económicos más que a consideraciones ambientales.31
No obstante, al igual que otros países sudamericanos con una elevada participación hidroeléctrica, Brasil sigue siendo vulnerable a sequías y variaciones hidrológicas. La crisis eléctrica de 2001–2002 evidenció estos riesgos e impulsó una estrategia de diversificación de la matriz, incluyendo el lanzamiento del Programa de Incentivo a las Fuentes Alternativas de Energía Eléctrica (PROINFA) en 2002 para promover inversiones en energía eólica, biomasa y pequeñas hidroeléctricas.32
Posteriormente, gracias a las subastas competitivas de energías renovables realizadas durante las décadas de 2000 y 2010, se comenzó a aprovechar el extraordinario potencial eólico del noreste brasileño y se aceleró la caída de costos de tecnologías eólicas y solares.33 La expansión solar recibió un impulso adicional mediante la Resolución 482/2012 de ANEEL (2012), que creó un sistema de medición neta para generación distribuida y facilitó el rápido crecimiento de instalaciones fotovoltaicas residenciales y comerciales.34
Actualmente, la energía solar constituye uno de los segmentos de mayor crecimiento en capacidad instalada. La combinación de incentivos regulatorios, abundancia de recursos naturales y reducción de costos tecnológicos ha permitido una expansión sostenida de las renovables variables dentro del sistema eléctrico brasileño.
El resultado es un sistema eléctrico excepcionalmente limpio y progresivamente más diversificado. Aunque la hidroelectricidad domina la generación, la expansión de energía eólica, solar, biomasa y eventualmente nuclear ha reducido vulnerabilidades sistémicas y ha ampliado la base renovable del país.
Comenzando en la década de 2010, China se convirtió gradualmente en uno de los actores más importantes del sector energético brasileño, impulsada por inversiones de gran escala lideradas por empresas estatales y bancos de desarrollo chinos.35 En la actualidad, su participación se extiende a lo largo de toda la cadena de valor energética, desde la generación, transmisión y distribución de electricidad hasta la manufactura de equipos y la movilidad de bajas emisiones, consolidando a Brasil como el principal socio energético de China en América Latina.
Brasil se ha convertido en un destino atractivo para las inversiones chinas asociadas a la transición energética y la manufactura de bajas emisiones por múltiples razones. La combinación de una amplia base de consumidores, una matriz eléctrica predominantemente renovable y políticas industriales orientadas a la reindustrialización, como la Nueva Industria Brasil (NIB),36 ha fortalecido el atractivo del país para empresas chinas interesadas en expandir cadenas de valor vinculadas a energías renovables, movilidad eléctrica y tecnologías de descarbonización.37 Esta convergencia de intereses ha contribuido al crecimiento sostenido de las inversiones chinas en sectores considerados estratégicos para la transición energética brasileña y ayuda a explicar la creciente presencia de empresas chinas en actividades manufactureras de mayor valor agregado.
La mayoría de los especialistas brasileños entrevistados coincidieron en que la cooperación internacional resulta indispensable para la transición energética brasileña. Sin embargo, también advirtieron que una dependencia excesiva de un único socio externo, como es el caso de China, genera vulnerabilidades estratégicas y limita la autonomía tecnológica e industrial del país.38
Las empresas estatales chinas han adquirido posiciones particularmente relevantes en infraestructura crítica. State Grid y China Three Gorges tienen una fuerte participación en importantes activos de producción de energía hidroeléctrica y transmisión y distribución de electricidad. Brasil se ha convertido además en uno de los principales destinos de la expansión internacional de ambas compañías, hasta el punto de concentrar la mayor parte de sus activos energéticos fuera de China.39 Por ejemplo, State Grid actualmente opera algunas de las mayores líneas de ultra alto voltaje del país, conectando regiones ricas en renovables del norte y noreste con los principales centros industriales del sudeste brasileño.40 Esto otorga a una empresa estatal china una presencia estructural en uno de los sectores más sensibles y estratégicos del sistema energético nacional.
Los entrevistados señalaron que estas inversiones han contribuido a expandir la conectividad y capacidad de transmisión de manera eficiente.41 Al mismo tiempo, también han generado interrogantes sobre supervisión, concentración de infraestructura crítica y dependencia tecnológica de largo plazo.
En el sector renovable, la participación china se concentra principalmente en manufactura y suministro tecnológico. Aunque Brasil ha avanzado en marcos regulatorios y expansión de energías renovables, aún enfrenta dificultades para desarrollar capacidades manufactureras locales que acompañen la transición energética. La limitada capacidad industrial doméstica en componentes solares y almacenamiento energético aparece como una de las principales vulnerabilidades señaladas por los entrevistados.42
Esta situación ha generado importantes espacios de complementariedad con las inversiones chinas, particularmente en sectores vinculados a energías renovables, almacenamiento y movilidad eléctrica. De hecho, los objetivos de descarbonización industrial y reindustrialización verde impulsados por la iniciativa Nueva Industria Brasil (NIB) coinciden con áreas donde las empresas chinas han incrementado significativamente su presencia durante los últimos años.
Las instituciones financieras chinas también han desempeñado un papel decisivo. Por ejemplo, el China Development Bank, el Industrial and Commercial Bank of China y el Bank of China han otorgado líneas de crédito en condiciones altamente competitivas,43 reduciendo riesgos para socios brasileños y permitiendo que empresas chinas compitan agresivamente en subastas energéticas.
La electrificación del transporte constituye otro eje creciente de cooperación entre Brasil y China. BYD inició producción nacional de vehículos eléctricos en 2025 en la planta de Camaçari, en Bahía, con capacidad estimada de 300.000 vehículos anuales,44 mientras que Great Wall Motors (GWM) aceleró su presencia industrial mediante la apertura de una planta en el estado de São Paulo con capacidad inicial de 50.000 vehículos por año y planes de expansión hacia 100.000 unidades.45 Varios entrevistados señalaron que estas inversiones poseen una dimensión tanto energética como industrial, ya que los vehículos eléctricos podrían redefinir el futuro de la industria automotriz brasileña en un contexto de transformación global de cadenas de suministro.46
A su vez, la diplomacia china complementa la expansión de sus empresas en el país. La Comisión Sino-Brasileña de Alto Nivel de Concertación y Cooperación (COSBAN), creada en 2004, constituye el principal mecanismo de diálogo entre ambos gobiernos y desempeña un papel relevante en la coordinación de proyectos estratégicos y la promoción de inversiones. A través de subcomisiones dedicadas a asuntos económicos, financieros, comerciales y ambientales, la COSBAN facilita la articulación entre actores públicos y privados y contribuye a identificar áreas prioritarias para la cooperación bilateral.47
La importancia estratégica de los hidrocarburos también se refleja en la relación económica bilateral. En el primer trimestre de 2026, las exportaciones brasileñas de petróleo hacia el mercado chino alcanzaron niveles récord, impulsadas tanto por el aumento sostenido de la producción offshore brasileña como por las disrupciones de líneas de suministro en el Medio Oriente.48
Esta dinámica evidencia cómo la expansión petrolera continúa siendo un componente relevante tanto para la economía brasileña como para la relación bilateral con China, incluso en medio del fortalecimiento de la agenda climática y de transición energética del país. Al mismo tiempo, la creciente presencia china en sectores estratégicos de la economía brasileña también ha puesto de relieve desafíos relacionados con gobernanza, supervisión regulatoria y sostenibilidad social y ambiental.
Casos emblemáticos como la represa de Belo Monte ilustran bien estos desafíos. Ubicada en la Amazonía, fue impulsada por el gobierno brasileño como uno de los principales proyectos de infraestructura energética del país y posteriormente complementada por líneas de transmisión operadas por la estatal china State Grid. A su vez, tanto la construcción de la represa como la infraestructura asociada estuvieron rodeadas de controversias relacionadas con desplazamiento de comunidades locales,49 inundación de bosques, alteraciones ecosistémicas y cuestionamientos sobre la calidad del proceso para otorgar licencias ambientales.50 Diversas organizaciones sociales y ambientales denunciaron además que la presión política para acelerar el proyecto debilitó mecanismos de consulta y supervisión estatal.51
Más recientemente, la expansión industrial china vinculada a la transición energética también ha generado controversias laborales y regulatorias. El caso más visible ha sido la construcción de la planta de vehículos eléctricos de BYD en Bahía, donde fiscales laborales brasileños denunciaron condiciones "análogas a la esclavitud" para cientos de trabajadores chinos subcontratados por empresas constructoras vinculadas al proyecto, incluyendo presuntas jornadas excesivas, retención de pasaportes, restricciones de movilidad y condiciones degradantes de alojamiento.52 Este episodio refuerza preocupaciones sobre capacidad regulatoria, supervisión estatal y cumplimiento de estándares laborales en proyectos de gran escala vinculados a capital extranjero.
Visto de manera integral, el caso brasileño constituye una de las formas más profundas y complejas de participación china en la transición energética sudamericana. A diferencia de otros países de la región, la relación entre Brasil y China trasciende el ámbito estrictamente económico y se inserta en una agenda más amplia de cooperación política, visible en espacios como los BRICS y en posiciones convergentes sobre la reforma de la gobernanza global, el fortalecimiento del multilateralismo y la reducción de la dependencia de instituciones financieras dominadas por Occidente. Esa profundidad de la relación expone un dilema estratégico: las capacidades industriales, tecnológicas y financieras que hacen de China un socio indispensable también pueden limitar los objetivos brasileños de desarrollo tecnológico, fortalecimiento industrial y autonomía productiva.
Notas y fuentes (52)
- Entrevistas estructuradas realizadas por la Fundación Andrés Bello en Brasil entre abril y octubre de 2025.
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- Tim Schauenberg, "COP30 en Brasil: entre la esperanza y las contradicciones", DW, 10 de noviembre de 2025. Enlace↗
- International Energy Agency, Energy Policy Review: Brazil 2025 (marzo de 2026). Enlace↗
- Ministério de Minas e Energia, "RenovaBio", 29 de junio de 2021. Enlace↗
- Ministério de Minas e Energia, "Combustível do Futuro", 12 de noviembre de 2025. Enlace↗
- Vinicius Nunes, Rafael Rabioglio y Luiza Demôro, Brazil Transition Factbook 2025 (BloombergNEF, abril de 2025). Enlace↗
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- Resultado derivado de entrevistas estructuradas realizadas por la Fundación Andrés Bello en Brasil entre abril y octubre de 2025.
- Ibid.
- Ibid.
- Douglas Corrêa, "FUP pede participação dos trabalhadores em transição energética", Agência Brasil, 14 de noviembre de 2025. Enlace↗
- Resultado derivado de entrevistas estructuradas realizadas por la Fundación Andrés Bello en Brasil entre abril y octubre de 2025.
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- Ibid.
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- Paulo Motoryn, "Qué significa la nueva línea eléctrica de State Grid para la transición energética de Brasil", Dialogue Earth, 2 de abril de 2024. Enlace↗
- Resultado derivado de entrevistas estructuradas realizadas por la Fundación Andrés Bello en Brasil entre abril y octubre de 2025.
- Ibid.
- Manuel Enrique Feigl Varela, "Chinese Economic Statecraft in Brazil: Divergence Analysis of Chinese Investments, Loans and Trade Projects" (tesis de maestría, Fundação Getulio Vargas, 21 de diciembre de 2021). Enlace↗
- Juliana Estigarríbia, Daniel Guerrero e Italia López, "Cómo esta fábrica brasileña se convirtió en una pieza clave para el avance de BYD en Latam", Bloomberg Línea, 29 de octubre de 2025. Enlace↗
- Bruno Bocchini, "Lula inaugura fábrica da GWM em Iracemápolis, São Paulo", Agência Brasil, 15 de agosto de 2026. Enlace↗
- Resultado derivado de entrevistas estructuradas realizadas por la Fundación Andrés Bello en Brasil entre abril y octubre de 2025.
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- Amnistía Internacional, "Se insta a Brasil a suspender el proyecto de la presa de Belo Monte", comunicado de prensa, 2 de junio de 2011. Enlace↗
- MPT-BAI, "Força-tarefa resgata 163 trabalhadores e interdita obra da BYD em Camaçari (BA)", 23 de dezembro de 2024. Enlace↗
Trayectoria nacional
Chile
Fuentes: Our World in Data (2024) · IEA (2024) · World Bank (2023).
Suministro energético — importaciones
2024 · Ktoe · incluye fuentes primarias y secundarias
Total importado: 27.734 Ktoe · Año: 2024 · Fuente: Energía Abierta Chile.
Entre los países analizados, Chile destaca por combinar un mercado energético liberalizado de larga data con uno de los marcos climáticos más avanzados y jurídicamente vinculantes de Sudamérica. Entre las regulaciones, la Ley Marco de Cambio Climático de 20221 constituye uno de los pilares de este marco institucional. La norma compromete al país a alcanzar la carbono neutralidad en 2050 y establece obligaciones para incorporar la variable climática en el diseño e implementación de políticas públicas a distintos niveles del Estado.2 En materia de descarbonización, este marco se complementa con instrumentos como la Ley de Eficiencia Energética de 20213 y el plan de retiro progresivo del carbón,4 que contempla el cierre de las centrales carboníferas restantes hacia 2040 y ya ha permitido la salida de operación de varias unidades. Esta base legislativa ha contribuido a mantener continuidad entre gobiernos de diferente orientación política y a consolidar la reputación de Chile como un entorno estable y favorable para la inversión en energías renovables.
Las instituciones desempeñan un papel central dentro del marco regulatorio. El Ministerio de Energía lidera la planificación de largo plazo;5 la Comisión Nacional de Energía (CNE) define políticas y tarifas;6 y el Coordinador Eléctrico Nacional (CEN) opera la red y administra el despacho eléctrico.7 En conjunto, estas entidades proporcionan cierto grado de aislamiento tecnocrático frente a los ciclos políticos y han permitido implementar licitaciones competitivas que redujeron significativamente los costos de la energía solar y eólica. En paralelo, el CEN ha impulsado estudios de expansión orientados a fortalecer la infraestructura de transmisión necesaria para integrar energías renovables variables a nivel nacional.8
En el plano internacional, Chile ha alineado su estrategia energética con marcos multilaterales climáticos. El país ha incorporado el despliegue de energías renovables, almacenamiento y eficiencia energética como pilares de su política climática, reflejados tanto en su Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC) bajo el Acuerdo de París como en su Estrategia Climática de Largo Plazo al 2050.9 La adhesión de Chile a la Powering Past Coal Alliance y su liderazgo de la COP25 constituyen indicadores adicionales de la prioridad que el país ha otorgado a la transición energética y la gobernanza climática global.
Dentro de la agenda energética, el hidrógeno verde (H2V) ha emergido como una de las principales apuestas del país. El Plan de Acción de Hidrógeno Verde 2023-2030, lanzado oficialmente en mayo de 2024, estableció 81 medidas con el objetivo de que Chile produzca el hidrógeno verde a precios competitivos hacia 2030, se convierta en uno de los tres principales exportadores globales hacia 2040 e instale 5 GW de capacidad renovable dedicada a electrólisis para 2025.10 En cuanto al destino de las futuras exportaciones de hidrógeno verde por vía marítima y bajo la forma de amoniaco, el gobierno de Chile se encuentra cooperando principalmente con socios europeos, siendo los puertos de Róterdam y Hamburgo los destinos privilegiados.11
No obstante, múltiples estudios han señalado que el ritmo de implementación ha sido más lento de lo previsto inicialmente, particularmente en materia de infraestructura portuaria, financiamiento, elevados costos de producción con la tecnología actual y desarrollo de proyectos a escala comercial.12 Gran parte de esta estrategia se concentra en la región de Magallanes, en el extremo sur del país, cuyos recursos eólicos de clase mundial se estima podrían llegar a generar hasta el 13% del suministro global de hidrógeno verde.13
En líneas generales, los principales desafíos que enfrenta Chile en su transición energética parecen estar menos vinculados a la gobernanza que a las características estructurales del propio sistema energético. La geografía extremadamente extensa del país, la distancia entre los principales centros de generación y consumo, una disponibilidad hidroeléctrica más limitada que la de varios de sus pares sudamericanos y una fuerte dependencia de hidrocarburos importados condicionan la seguridad energética nacional. Para Chile, la expansión de la infraestructura de transmisión y el despliegue de fuentes renovables aparecen como componentes centrales de la estrategia energética del país, al contribuir simultáneamente a los objetivos de descarbonización y a la reducción de vulnerabilidades asociadas a la dependencia de combustibles importados.
Suministro total de energía primaria (TPES) — 2024
Fuente: cálculos propios a partir de Balance Nacional de Energía de Chile, 2024.
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| Fuente | Tipo de energía | Ktoe | % del total |
|---|---|---|---|
| Biomasa1 | Renovable - Biomasa | 9.105 | 27,67% |
| Petróleo | Combustible fósil | 8.965 | 27,24% |
| Gas natural | Combustible fósil | 6.277 | 19,07% |
| Carbón | Combustible fósil | 3.321 | 10,09% |
| Hidroeléctrica | Renovable | 2.308 | 7,01% |
| Solar | Renovable | 1.628 | 4,95% |
| Eólica | Renovable | 948 | 2,88% |
| Geotermia | Renovable | 265 | 0,81% |
| Biogás2 | Renovable - Biomasa | 94 | 0,29% |
| Total | 32.911 | 100,0% |
1 La categoría Biomasa incluye licor negro y pellets de biomasa.
2 Biogás: producido mediante digestión anaeróbica de materia orgánica (residuos agrícolas, rellenos sanitarios, aguas residuales).
A pesar de su sólida agenda gubernamental de transición energética, la matriz chilena se encuentra dominada por combustibles fósiles. En 2024, el petróleo constituyó el principal componente con 27,2%, seguido por el gas natural con 19,1% y el carbón con 10,1%. Esta composición refleja la fuerte dependencia estructural de Chile respecto a hidrocarburos importados, derivada de la limitada disponibilidad de reservas nacionales de petróleo y gas.
Por su parte, las fuentes renovables representaron algo más del 40% de la matriz energética primaria. La biomasa constituyó la principal fuente renovable, combinando recursos tradicionales como leña y carbón vegetal con subproductos industriales como licor negro, representando conjuntamente más de una cuarta parte del suministro total (27,7%). Junto con Brasil, Chile destaca entre los países analizados por el peso estructural que mantiene la biomasa dentro de su matriz energética. La hidroelectricidad aportó 7%, mientras que la energía solar (5%) y eólica (2,9%) mantuvieron participaciones modestas dentro de la matriz primaria, pese a su rápido crecimiento en el sector eléctrico. La geotermia y el biogás fueron marginales, con menos del 1% cada uno.
Uso de energía por sector — 2024
Fuente: Comisión Nacional de Energía – Balance de Energía, 2024.
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| Sector | Ktoe | % del total |
|---|---|---|
| Industria1 | 12.220 | 38,29% |
| Transporte | 11.097 | 34,77% |
| Residencial | 6.039 | 18,92% |
| Comercial y público | 2.379 | 7,45% |
| No energético | 178 | 0,56% |
| Total | 31.913 | 100% |
1 Las estadísticas oficiales de Chile no cuentan con una categoría independiente para "Agricultura"; se incluye dentro de "Industria".
En otro orden de ideas, los patrones sectoriales de consumo ayudan a explicar la divergencia entre una matriz eléctrica baja en emisiones y una matriz energética aún intensiva en combustibles fósiles. La industria concentró la mayor parte del consumo final de energía (38,3%), impulsada principalmente por actividades mineras, cementeras y siderúrgicas que requieren carbón y gas natural para procesos de alta temperatura. A diferencia de los demás países analizados en este estudio, donde el sector transporte fue el principal sector consumidor, en Chile la demanda energética estuvo liderada por la actividad industrial. Esta configuración refleja el peso de la minería dentro de la economía chilena. Como principal productor mundial de cobre y segundo productor de litio,14 después de Australia, Chile concentra una parte significativa de su demanda energética en actividades extractivas e industriales intensivas en energía, muchas de las cuales abastecen insumos críticos para las cadenas de suministro de la transición energética global.
El transporte representó el segundo mayor sector consumidor (34,8%), manteniendo una fuerte dependencia de diésel y gasolina importados. Aunque el sector residencial tuvo una participación menor en el consumo total (18,9%), el uso extendido de gas licuado de petróleo (GLP) y biomasa para calefacción y cocción desempeñaron un papel relevante en la demanda energética del país. Por último, los sectores comercial y público representaron el 6,2% y el 1,3% del consumo final, respectivamente.
Para Chile, el camino hacia una matriz energética baja en emisiones pasa principalmente por la transformación de los sectores transporte e industria, los cuales conforman la mayor parte del consumo de combustibles fósiles del país.
Fuentes de generación eléctrica — 2024
Fuente: cálculos propios a partir de Comisión Nacional de Energía – Balance de Energía, 2024
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| Fuente | Tipo de energía | GWh | % del total |
|---|---|---|---|
| Hidroeléctrica | Renovable | 26.838 | 29,53% |
| Solar | Renovable | 18.928 | 20,83% |
| Eólica | Renovable | 11.024 | 12,13% |
| Carbón | Combustible fósil | 10.258 | 11,29% |
| Gas natural | Combustible fósil | 8.622 | 9,49% |
| Licor negro | Renovable - Biomasa | 7.192 | 7,91% |
| Biomasa | Renovable - Biomasa | 6.454 | 7,10% |
| Petróleo1 | Combustible fósil | 1.025 | 1,13% |
| Geotermia | Renovable | 308 | 0,34% |
| Biogás | Renovable - Biomasa | 221 | 0,24% |
| Total | 90.872 | 100,0% |
1 Combustibles derivados del petróleo refinado, incluyendo diésel, fuel oil, gas licuado de petróleo (GLP) y otros hidrocarburos líquidos menores.
Chile ha construido uno de los sistemas eléctricos con mayor participación de energías renovables del mundo, pese a no contar con la amplia dotación hidroeléctrica que caracteriza a muchos de los países líderes en esta materia. En 2024, el 78,1% de la electricidad entregada a la red provino de fuentes renovables, lideradas por la hidroelectricidad (29,5%), la energía solar (20,8%) y la eólica (12,1%), seguidas por el licor negro (7,9%), la biomasa (7,1%), la geotermia (0,34%) y el biogás (0,24%). Los combustibles fósiles representaron poco más de una quinta parte de la generación eléctrica, principalmente a través del carbón (11,3%) y el gas natural (9,5%), mientras que los derivados del petróleo mantuvieron una participación marginal inferior al 2%.
Los patrones de consumo eléctrico de Chile reflejan el peso de las actividades productivas dentro de la economía nacional. La industria, que en las estadísticas oficiales incluye también actividades agrícolas, concentra el 60,1% de la demanda total de electricidad, la proporción más alta entre los seis países analizados. El sector residencial representó 19,2% del consumo, seguido por el sector comercial y público con 15,7%, mientras que el transporte absorbió apenas 1,7% de la demanda eléctrica.
Uso de electricidad por sector — 2024
Fuente: Comisión Nacional de Energía – Balance de Energía, 2024.
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| Sector | GWh | % del total |
|---|---|---|
| Industria1 | 51.109 | 60,10% |
| Residencial | 16.318 | 19,20% |
| Comercial y público | 13.309 | 15,70% |
| Energía | 2.880 | 3,40% |
| Transporte | 1.407 | 1,70% |
| Total | 85.023 | 100,00% |
1 Las estadísticas oficiales de Chile no cuentan con una categoría independiente para "Agricultura".
Un asesor de G-Advisor en Chile señaló que los avances en materia energética del país responden a decisiones de política pública sostenidas durante varios gobiernos consecutivos.15 Los gobiernos chilenos han utilizado licitaciones competitivas, contratos de largo plazo y señales claras de planificación de red para atraer inversión privada y acelerar el despliegue renovable.
La geografía del país también ha favorecido el desarrollo de renovables no hidroeléctricas. Los extraordinarios niveles de radiación solar del desierto de Atacama, combinados con fuertes corredores de viento en el norte y sur del país, permitieron una rápida expansión de la generación solar y eólica. Como resultado, la energía solar ya supera al gas y al carbón en generación eléctrica, pese a que una década atrás su contribución al sistema era prácticamente inexistente.16
Este desarrollo ha sido particularmente significativo en el norte del país, donde se concentra buena parte de la actividad minera chilena. La expansión de proyectos solares a gran escala ha generado importantes vínculos entre el sector energético y la industria minera, convirtiendo a esta última en uno de los principales motores de la demanda de electricidad renovable.17
Por su parte, la energía eólica, aunque todavía menor en generación total, se ha expandido de manera constante y aporta complementariedad al sistema en distintos momentos del día y del año, ayudando a diversificar la matriz eléctrica.
Pese a la rápida expansión de las energías renovables, uno de los principales desafíos para la transición energética de Chile sigue siendo la infraestructura de transmisión eléctrica. La red se extiende por casi 3.000 kilómetros a lo largo del país, mientras gran parte de la generación solar y eólica se concentra en sus extremos geográficos y la mayor demanda eléctrica se ubica en la zona central.18 Esta configuración ha generado problemas recurrentes de congestión, vertimiento de energía renovable y vulnerabilidades operativas en corredores críticos de transmisión, situación que ha quedado en evidencia durante episodios recientes de interrupciones eléctricas de alcance nacional.
Estas limitaciones han condicionado el ritmo de la transición energética. Aunque las centrales carboníferas están siendo gradualmente retiradas, el proceso se ha ralentizado debido a preocupaciones sobre la confiabilidad del sistema, manteniendo algunas unidades en condición de reserva estratégica.19 Al mismo tiempo, el gas natural desempeña un papel relevante como fuente de respaldo y flexibilidad operativa, contribuyendo a estabilizar el sistema eléctrico y a compensar tanto la variabilidad de las energías renovables como los efectos de los períodos de sequía sobre la generación hidroeléctrica.
La participación del empresariado chino en la transición energética chilena se ha expandido rápidamente durante la última década, consolidando su presencia en uno de los mercados energéticos más abiertos, competitivos y estables institucionalmente de América Latina. Chile combina marcos regulatorios sólidos, licitaciones transparentes y fuentes de financiamiento diversificadas, limitando la capacidad de cualquier actor extranjero de dominar el sector. Dentro de este entorno, las empresas chinas han logrado posicionarse como actores relevantes en generación renovable, transmisión, distribución y electrificación del transporte, principalmente gracias a costos competitivos, rápida ejecución y condiciones de financiamiento atractivas.
La presencia china se ha expandido a lo largo de distintos segmentos del sector energético chileno, aunque bajo modalidades diferenciadas. Por una parte, empresas como JA Solar y Goldwind participan principalmente como proveedoras de equipamiento y tecnología para proyectos solares y eólicos, en especial hacia el norte de Chile y el desierto de Atacama. Por otra parte, compañías como SPIC, State Grid y China Southern Power Grid han fortalecido su presencia mediante la adquisición y operación de activos estratégicos de generación, transmisión y distribución, como Pacific Hydro, CGE y Chilquinta. Esta diferenciación refleja un patrón más amplio en el que la participación china combina la inserción en las cadenas globales de suministro de tecnologías renovables con inversiones orientadas al control y gestión de infraestructura energética existente.20
De la misma manera, la infraestructura de transmisión se ha convertido en una de las áreas más estratégicas de participación china en Chile. La adquisición de Compañía General de Electricidad (CGE) por parte de State Grid Corporation of China le otorgó a la estatal china control sobre la mayor distribuidora eléctrica privada del país, con presencia en 14 regiones y una participación superior al 40% del mercado nacional de distribución.21 La operación también reflejó el reemplazo progresivo de capital europeo por capital chino en segmentos estratégicos de infraestructura energética regional, dado que CGE pertenecía previamente a la empresa energética española Naturgy.22
La adquisición generó además un amplio debate público sobre las implicaciones de que una empresa estatal extranjera controlara una porción significativa de la infraestructura eléctrica nacional. La Organización de Consumidores y Usuarios de Chile (ODECU) intentó impugnar sin éxito la aprobación de la operación por parte de la Fiscalía Nacional Económica, mientras que un grupo de diputados presentó un proyecto de reforma constitucional orientado a establecer mecanismos de revisión y control de la inversión extranjera en sectores estratégicos. En este sentido, la compra de CGE por State Grid marcó uno de los primeros episodios en que las inversiones chinas comenzaron a ser discutidas en Chile no solo desde una perspectiva económica, sino también en términos de seguridad, autonomía estratégica y consideraciones geopolíticas.23
Cabe mencionar también la línea de transmisión Kimal–Lo Aguirre, desarrollada por el consorcio Transelec junto con China Southern Power Grid.24 Considerada una de las obras de integración eléctrica más importantes del país, la línea busca resolver los problemas de conexión y distribución entre las zonas de alta generación solar del norte y los principales centros urbanos e industriales de la zona central, facilitando la incorporación de nueva capacidad renovable al sistema eléctrico nacional.25 Varios de los entrevistados señalaron que este tipo de inversiones posiciona a empresas chinas dentro de segmentos particularmente sensibles de la infraestructura energética chilena.26
En el sector de movilidad eléctrica también se observa una presencia significativa de fabricantes chinos, especialmente en el transporte público urbano. La expansión de la flota eléctrica de Santiago y de algunas ciudades regionales ha estado asociada a una oferta amplia de empresas chinas, entre ellas Zhongtong, Yutong, King Long, BYD, Foton y Fencer. Según estudios recientes en 2025, Zhongtong y Yutong concentraron conjuntamente más del 70% de las ventas de buses eléctricos en Chile, lo que confirma la centralidad de los fabricantes chinos en este segmento.27
Sobre este punto, el 85% de los entrevistados vinculó directamente la electromovilidad con la transición energética, mientras que el 71% identificó a China como el actor extranjero más influyente en este sector. También señalaron que los proveedores chinos han sido decisivos en el desarrollo del transporte público electrificado a gran escala. Al mismo tiempo, algunos entrevistados advirtieron que la creciente concentración de tecnología china en buses, baterías e infraestructura de carga podría limitar la diversificación tecnológica y reducir el espacio para el desarrollo industrial local.28
Sin desestimar la relevancia de las empresas chinas en el sector energético chileno, el mismo es más diversificado en términos de participación extranjera que el de muchos países vecinos. Empresas europeas como Engie,29 Celeo Redes30 y Elecnor31 mantienen posiciones relevantes en generación, transmisión e infraestructura energética, mientras inversionistas institucionales como el fondo neerlandés APG poseen participaciones significativas en algunos de los principales activos de transmisión del país.32 Esta diversidad de inversionistas contribuye a evitar una dependencia excesiva de un solo socio, incluso mientras las empresas chinas expanden su presencia en segmentos críticos de la transición energética chilena.
Dada la importancia del cobre tanto para la economía chilena como para las cadenas globales de suministro vinculadas a la transición energética, también resulta relevante considerar la presencia china en este sector. En Chile, dicha presencia se manifiesta a través del comercio, la demanda de materia prima y la integración en cadenas de suministro, más que mediante la propiedad directa de activos mineros. Aunque este patrón responde a una combinación de factores históricos, regulatorios y empresariales —y no necesariamente a una estrategia deliberada de exclusión—, contrasta con el caso de Perú, donde empresas chinas controlan algunos de los principales proyectos cupríferos del país. Esta diferencia subraya la diversidad de modalidades mediante las cuales China participa en la minería sudamericana, así como la especificidad del modelo chileno de gobernanza y apertura del sector.
En el plano financiero, China ocupa una posición mucho menos dominante en Chile, un claro contraste con países como Argentina, Brasil y Ecuador, donde el financiamiento de bancos chinos ha mantenido una participación activa y de gran volumen. Concretamente, investigaciones recientes muestran que en materia de infraestructura energética, Chile no registró préstamos de bancos chinos entre 2001 y 2020, mientras sí recibió financiamiento de bancos liderados por Estados Unidos y organismos multilaterales.33 Sin embargo, la mayoría de los entrevistados señaló que la principal ventaja comparativa de las empresas chinas en Chile no radica en el acceso directo a financiamiento ni en la influencia política, sino en su capacidad para combinar costos competitivos, manufactura a gran escala y ofertas integradas que incluyen financiamiento asociado a proveedores y servicios de ingeniería, procura y construcción (EPC), fortaleciendo así su posición en licitaciones de infraestructura y energía.34
En síntesis, el caso chileno pone de manifiesto una modalidad de inserción china distinta a la observada en otros países sudamericanos. A diferencia de Argentina, Ecuador o Brasil, donde el financiamiento estatal chino y las relaciones intergubernamentales han desempeñado un papel relevante en la expansión de proyectos energéticos, la presencia china en Chile se ha desarrollado principalmente a través de mecanismos de mercado y competencia empresarial. Aunque las empresas chinas han logrado posiciones significativas en generación renovable, transmisión eléctrica y electromovilidad, lo han hecho dentro de un entorno caracterizado por reglas estables, licitaciones competitivas y una elevada diversidad de inversionistas extranjeros. Como resultado, la participación de China en la transición energética chilena ha derivado principalmente de la capacidad de sus empresas para competir en costos, tecnología y escala, configurando un patrón de inserción económica más cercano a la lógica de mercado que a las dinámicas de cooperación intergubernamental que han caracterizado su presencia en otros países de la región.
Notas y fuentes (34)
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- Ministerio de Energía de Chile, Resolución s/n de 2019, "Plan de Retiro y/o Reconversión de Centrales a Carbón", Diario Oficial de la República de Chile, 4 de junio de 2019. Enlace↗
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- Resultado derivado de entrevistas estructuradas realizadas por la Fundación Andrés Bello en Chile entre abril y octubre de 2025.
Trayectoria nacional
Colombia
Fuentes: Our World in Data (2024) · IEA (2024) · World Bank (2023).
Suministro energético — importaciones
2024 · Ktoe · incluye fuentes primarias y secundarias
Total importado: 7.270 Ktoe · Año: 2024 · Fuente: Balance Energético Colombiano 2024.
La transición energética colombiana se desarrolla en un contexto de tensiones estructurales comunes a varios países sudamericanos. Una de las matrices eléctricas más limpias de la región, sustentada principalmente en generación hidroeléctrica, coexiste con una matriz energética aún intensiva en hidrocarburos y con una economía donde el petróleo y el gas desempeñan un papel importante como fuente de ingresos fiscales, exportaciones y actividad económica.
En el plano regulatorio, Colombia ha desarrollado un marco normativo amplio para promover la incorporación de fuentes renovables al sistema energético. La Ley 1715 de 2014 estableció las bases legales para incorporar energía solar y eólica al sistema eléctrico mediante incentivos tributarios, exenciones arancelarias y de IVA,1 así como la creación del Fondo de Energías No Convencionales y Gestión Eficiente de la Energía (FENOGE), destinado a facilitar el financiamiento y la promoción de proyectos energéticos sostenibles.2 Posteriormente, la Ley 2099 de 2021 amplió este marco al incorporar almacenamiento energético, hidrógeno, medición inteligente y mecanismos de respuesta de demanda, además de fortalecer el FENOGE e introducir mecanismos para la identificación y evaluación de proyectos estratégicos.3 Estas medidas fueron complementadas por la Hoja de Ruta del Hidrógeno de 2021,4 la Ley 1964 de 2019 sobre movilidad eléctrica y el marco regulatorio de 2022 (resolución 40284) para energía eólica offshore.5 En conjunto, estas iniciativas evidencian la continuidad de una agenda regulatoria orientada a la transición energética a través de sucesivas administraciones.
En el plano internacional, Colombia también ha buscado consolidar su perfil como actor climático. El país fue sede de la COP16 de Biodiversidad en 2024,6 se incorporó al Global Methane Pledge y mantiene cooperación activa con instituciones como la OCDE y la Agencia Internacional de Energía (IEA).7
No obstante, la transición energética colombiana se encuentra condicionada por el papel estructural de los hidrocarburos dentro de la economía nacional. Ecopetrol, la empresa estatal petrolera, representa cerca del 60% de la producción nacional de crudo y domina las actividades de refinación, transporte y logística de hidrocarburos.8 Su importancia trasciende el sector energético: la compañía genera ingresos equivalentes a cerca del 2% del PIB nacional y constituye una de las principales fuentes de recursos fiscales mediante impuestos, regalías y dividendos.9 Esta dependencia limita el margen de maniobra del gobierno, ya que cualquier intento de reducir la producción de hidrocarburos implica riesgos para la estabilidad macroeconómica. Aunque Ecopetrol ha anunciado inversiones en hidrógeno y energías renovables, su portafolio de negocios continúa concentrado predominantemente en la exploración, producción, refinación y transporte de hidrocarburos.10
Otro condicionante estructural radica en un sistema eléctrico dominado por la hidroelectricidad. Aunque la generación hidroeléctrica —que aporta cerca de dos tercios de la electricidad del país—11 le permite contar con una de las matrices eléctricas de menor intensidad de carbono de la región, también incrementa su exposición a sequías prolongadas y fluctuaciones hidrológicas.
En los últimos años, las sequías prolongadas asociadas al fenómeno de El Niño redujeron significativamente los niveles de los embalses en la región de Bogotá, obligando a implementar medidas de racionamiento hídrico durante aproximadamente un año.12 Al mismo tiempo, la menor disponibilidad de recursos hídricos incrementó la dependencia del sistema eléctrico nacional de la generación térmica de respaldo para garantizar la confiabilidad del suministro.13 Esta vulnerabilidad se ve reforzada por la elevada concentración de la generación hidroeléctrica en grandes complejos como El Guavio y San Carlos, responsables de abastecer una parte importante de la demanda eléctrica de Bogotá y Medellín, respectivamente. Como principales centros económicos del país, cualquier interrupción en estas centrales puede afectar la confiabilidad y seguridad del sistema eléctrico nacional.
Las tensiones institucionales y socioambientales también complican la implementación de proyectos energéticos. Los proyectos hidroeléctricos han dejado un historial de desplazamientos, daños ambientales y conflictos con comunidades locales. El caso más emblemático es Hidroituango, en Antioquia, el proyecto hidroeléctrico más ambicioso del país, con capacidad proyectada de 2,4 GW. Inicialmente presentada como un pilar de la seguridad energética nacional, la obra ha acumulado retrasos, sobrecostos, el colapso parcial de la presa en 2018 y persistentes disputas por las compensaciones a las comunidades afectadas. El proyecto también ha sido asociado con desplazamientos, inundaciones y amenazas de seguridad vinculadas a grupos armados ilegales.14
Lo que distingue al caso colombiano es la brecha persistente entre las ambiciones de la transición energética y su capacidad de ejecución. Aunque el país ha desarrollado instrumentos regulatorios, metas de política pública y una narrativa favorable a la descarbonización, el avance de los proyectos se ve limitado por cuellos de botella en infraestructura eléctrica, limitaciones de financiamiento subnacional y desafíos de gobernanza y seguridad en varios de los territorios donde se concentran los recursos renovables.
Esta brecha también refleja un modelo de gobernanza altamente centralizado. Como señaló el académico colombiano Camilo Defelipe, a diferencia de países como Argentina o Chile, donde los gobiernos subnacionales desempeñan un papel más activo en el desarrollo de proyectos energéticos, en Colombia las decisiones "tienen que pasar por el centro" antes de implementarse a nivel territorial.15 Esta concentración de competencias reduce la capacidad de adaptación a las realidades locales y contribuye a ralentizar la ejecución de proyectos, particularmente en regiones donde las limitaciones institucionales y los conflictos territoriales ya representan obstáculos importantes para la transición energética.
Suministro total de energía primaria (TPES) — 2024
Fuente: cálculos propios a partir de Balance Energético Colombiano, 2024.
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| Fuente | Tipo de energía | Ktoe | % del total |
|---|---|---|---|
| Petróleo | Combustible fósil | 22.260 | 43,26% |
| Gas natural | Combustible fósil | 10.943 | 21,27% |
| Carbón | Combustible fósil | 7.075 | 13,75% |
| Hidroeléctrica | Renovable | 4.960 | 9,64% |
| Leña | Renovable - Biomasa | 3.029 | 5,89% |
| Bagazo | Renovable - Biomasa | 1.866 | 3,63% |
| Otras renovables | Renovable | 1.088 | 2,11% |
| Biomasa1 | Renovable - Biomasa | 231 | 0,45% |
| Total | 51.452 | 100,0% |
1 Incluye residuos/recuperaciones.
La matriz energética colombiana se encuentra dominada por combustibles fósiles, representando poco más de tres cuartas partes del suministro total de energía primaria. El petróleo, por sí solo, constituye el 43,3% de la matriz, la segunda participación más alta entre los seis países analizados, sólo por detrás de Ecuador. El gas natural aporta 21,3% y el carbón 13,8%, convirtiendo a Colombia en el único país del grupo donde los tres principales combustibles fósiles mantienen una presencia significativa dentro de la oferta energética. Las energías renovables representan 21,7%, principalmente a través de hidroelectricidad (9,6%) y biomasa tradicional como leña y bagazo (10%).
Uso de energía por sector — 2024
Fuente: Balance Energético Colombiano, 2024.
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| Sector | Ktoe | % del total |
|---|---|---|
| Transporte | 13.840 | 38,66% |
| Industria | 9.418 | 26,31% |
| Residencial | 6.801 | 19,00% |
| No identificado1 | 2.160 | 6,03% |
| Comercial y público | 1.959 | 5,47% |
| Agricultura | 1.147 | 3,20% |
| No energético | 471 | 1,32% |
| Total | 35.796 | 100% |
1 Consumo final de energía no asignado.
Del mismo modo, la demanda energética colombiana está concentrada en sectores intensivos en el uso de combustibles fósiles. El transporte constituye el principal consumidor energético con 38,7% de la demanda total, dependiendo casi exclusivamente de gasolina y diésel. La industria, junto con la agricultura, representa 29,5%, utilizando ampliamente gas natural para procesos térmicos y combustibles fósiles para actividades intensivas en calor, como cemento y acero. El sector residencial representa 19%, impulsado por el elevado uso de gases licuados de petróleo (GLP) para cocinar junto con electricidad para electrodomésticos y servicios domésticos. La predominancia de combustibles líquidos en transporte y gas en industria explica por qué la dependencia fósil continúa tan arraigada dentro del sistema energético colombiano.
Fuentes de generación eléctrica — 2024
Fuente: cálculos propios a partir de Balance Energético Colombiano, 2024
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| Fuente | Tipo de energía | GWh | % del total |
|---|---|---|---|
| Hidroeléctrica | Renovable | 45.889 | 62,97% |
| Gas natural | Combustible fósil | 14.017 | 19,24% |
| Carbón | Combustible fósil | 8.406 | 11,54% |
| Solar | Renovable | 2.873 | 3,94% |
| Petróleo1 | Combustible fósil | 811 | 1,11% |
| Bagazo | Renovable - Biomasa | 756 | 1,04% |
| Eólica | Renovable | 117 | 0,16% |
| Total | 72.869 | 100,0% |
1 Incluye diésel, fuel oil, GLP y petróleo crudo.
La hidroelectricidad es el pilar del sistema eléctrico colombiano, aportando aproximadamente el 63% de la generación total en 2024. Los combustibles fósiles representaron la mayor parte del resto, principalmente gas natural (19,2%) y carbón (11,5%). La energía eólica permanece marginal, con menos del 1%, mientras que la solar, aunque todavía limitada, ha crecido rápidamente durante los últimos años y representa cerca del 4% de la generación eléctrica.
Los patrones de consumo eléctrico se encuentran distribuidos equitativamente entre los sectores residencial, industrial y comercial/público, una característica que comparte con Argentina dentro del grupo de países analizados. El sector residencial representa 31,7% de la demanda eléctrica total, seguido por la industria con 26,9%, mientras que el sector comercial y público concentra 22,9% del consumo. El consumo eléctrico resulta consistente con el peso equilibrado de los distintos sectores en la economía nacional. El transporte representa un marginal 0,13% de la demanda eléctrica, evidenciando que la electrificación de la movilidad es uno de los principales espacios de expansión potencial para el consumo eléctrico. Cabe señalar, sin embargo, que las estadísticas oficiales también incluyen un 17,6% del consumo en la categoría "uso no identificado", una proporción inusualmente elevada frente al resto de los países analizados que limita una caracterización más precisa de la demanda eléctrica por sectores.
Uso de electricidad por sector — 2024
Fuente: Balance Energético Colombiano, 2024.
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| Sector | GWh | % del total |
|---|---|---|
| Residencial | 23.108 | 31,71% |
| Industria | 19.611 | 26,91% |
| Comercial y público | 16.285 | 22,35% |
| Uso no identificado1 | 12.822 | 17,60% |
| Agricultura | 946 | 1,30% |
| Transporte | 97 | 0,13% |
| Total | 72.869 | 100% |
1 Consumo final de electricidad no asignado.
Más allá de la hidroelectricidad, la incorporación de otras fuentes renovables ha avanzado a un ritmo considerablemente más lento. Si bien proyectos solares y eólicos comienzan a expandirse —como la energía solar flotante en Córdoba y proyectos eólicos comunitarios en La Guajira—,16 su contribución sigue siendo marginal dentro del sistema eléctrico nacional.
La mayoría de los entrevistados coincidieron en que la infraestructura de transmisión ha quedado rezagada frente al avance de los proyectos, generando cuellos de botella que retrasan la incorporación de nueva capacidad y perpetúan la dependencia de generación térmica de respaldo. "Los paneles están listos, pero la red no", sintetiza uno de los especialistas consultados.17 Aprovechar plenamente el potencial solar (≈30 GW) y eólico (≈32 GW) de Colombia requerirá una expansión sostenida de infraestructura de transmisión, almacenamiento y modernización de redes.18
Observado el panorama en su totalidad, los patrones de consumo eléctrico muestran un margen considerable para avanzar en la electrificación del transporte y la industria, así como en una mayor incorporación de renovables no hidroeléctricas. Este potencial es especialmente visible en La Guajira, que concentra algunos de los mejores recursos eólicos y solares del país.19
La participación de empresas chinas en el sector energético colombiano se ha concentrado principalmente en proyectos de hidrocarburos, energías renovables, movilidad eléctrica e infraestructura de transmisión. Si bien su presencia sigue siendo menor que en otros mercados latinoamericanos, han ganado visibilidad durante los últimos cinco años.
En energía solar, la estatal PowerChina ha estado vinculada al desarrollo de diez proyectos fotovoltaicos que suman aproximadamente 567 MW, convirtiéndose en uno de los actores chinos más visibles dentro del mercado colombiano de energías renovables.20 Aunque esta cifra incluye proyectos en distintas fases de desarrollo y no corresponde íntegramente a capacidad instalada en operación, permite dimensionar la relevancia de la empresa en un país que, para mayo 2026, contaba con aproximadamente 3.300 MW de capacidad solar fotovoltaica instalada.21 Entre estos proyectos destaca el parque Tepuy de 108 MWp en Caldas, uno de los desarrollos solares de mayor escala impulsados por una empresa china en el país.22
Al igual que en otros países de la región, la expansión de la energía solar en Colombia ha estado acompañada por una fuerte presencia de proveedores chinos a lo largo de la cadena de suministro. Como señaló Defelipe: "casi el 100% de los paneles fotovoltaicos de Colombia son chinos, la tecnología, la entrada, todo, y eso ya implica dependencia en mantenimiento y operación".23 El desarrollo de capacidades industriales domésticas en este ámbito sigue siendo prácticamente inexistente.
En materia de movilidad eléctrica, los entrevistados identificaron el sector transporte como uno de los principales desafíos de descarbonización de largo plazo debido a su fuerte dependencia de derivados del petróleo.24 Aunque Colombia cuenta con una estrategia nacional de promoción de la movilidad eléctrica respaldada por instrumentos como la Ley 196425 de 2019 y la Estrategia Nacional de Movilidad Eléctrica,26 los avances más visibles se han concentrado en Bogotá y Medellín, donde los gobiernos locales han liderado la electrificación del transporte público.27
Las empresas chinas han desempeñado un papel central en este proceso. BYD, por ejemplo, suministra alrededor del 96% de los buses eléctricos en operación en el país,28 lo que ha contribuido a posicionar a Colombia entre los líderes latinoamericanos en la electrificación del transporte público.29 Más recientemente, la empresa automotriz china anunció el ensamblaje de buses y camiones eléctricos en Colombia mediante alianzas con empresas locales, una iniciativa que apunta a incorporar mayores niveles de valor agregado nacional y refleja una evolución gradual más allá de la simple importación de vehículos.30
La presencia china también se extiende al todavía reducido mercado privado de vehículos eléctricos. En 2025, BYD concentró por sí sola el 52,4% de las nuevas matriculaciones nacionales de vehículos eléctricos, mientras que otros fabricantes chinos, como Chery, han ampliado su participación.31
La participación china en el sector energético colombiano también se extiende a grandes proyectos de infraestructura eléctrica. El caso más emblemático es Hidroituango, la mayor central hidroeléctrica del país. Como se mencionó anteriormente, el proyecto ha estado marcado por años de retrasos, accidentes, sobrecostos y controversias públicas. Aunque su desarrollo ha sido liderado por actores colombianos, empresas y entidades financieras chinas han desempeñado un papel relevante en distintas etapas del proyecto. Su estructura de financiamiento incluyó la participación del Industrial and Commercial Bank of China (ICBC) mediante un vehículo administrado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).32 Asimismo, la más reciente ampliación fue adjudicada al consorcio integrado por las firmas Yellow River, de China, y la colombiana Schrader Camargo, lo que refleja la expansión gradual de la participación china en segmentos estratégicos de la infraestructura energética colombiana.33
Vale destacar, como subrayan todos los entrevistados en Colombia, que la mayoría de los problemas de gobernanza y operación de Hidroituango precedían ampliamente la participación china.34 Aun así, el proyecto ilustra cómo las empresas chinas han terminado asociadas a proyectos de infraestructura altamente politizados y visibles, heredando no solo oportunidades comerciales, sino también los riesgos reputacionales generados por estructuras de gobernanza fragmentadas y conflictos recurrentes alrededor de grandes obras de infraestructura.
Esta dinámica también puede observarse en la Línea 1 del Metro de Bogotá, adjudicada en 2019 a un consorcio liderado por China Harbour Engineering Company (CHEC) y Xi'an Metro.35 Se trata de una obra largamente esperada para una ciudad de alrededor de ocho millones de habitantes que, pese a registrar algunos de los mayores niveles de congestión vehicular del mundo,36 no cuenta con un sistema de metro. Precisamente por ello, el proyecto se ha politizado profundamente, con retrasos recurrentes, disputas de diseño y tensiones entre autoridades locales y nacionales que han intensificado el escrutinio sobre la participación china.
Los entrevistados señalaron que los principales riesgos alrededor de estos proyectos derivan menos de la conducta de las empresas chinas que de la débil coordinación institucional colombiana, estructuras regulatorias fragmentadas y mecanismos inconsistentes de consulta ambiental y comunitaria. Como resumió uno de los entrevistados: "las empresas chinas entregan rápido y barato, pero nuestras instituciones son lentas y fragmentadas. El riesgo no es China; es nuestra incapacidad para gestionar la complejidad".37
La situación en el departamento La Guajira ofrece un ejemplo ilustrativo de estos desafíos. Conflictos con comunidades indígenas, complejos procesos de licenciamiento ambiental y riesgos de seguridad asociados a grupos armados ilegales han contribuido a retrasar numerosos proyectos eólicos y solares.38 A ello se suman las limitaciones de transmisión que enfrenta una región históricamente periférica al sistema eléctrico nacional, dificultando la integración de nueva capacidad renovable a gran escala.
Los entrevistados señalaron que las empresas chinas enfrentan esencialmente los mismos desafíos operativos que otras compañías extranjeras. Pese a ello, debido a la creciente visibilidad geopolítica de China en un país históricamente alineado con Estados Unidos, los proyectos retrasados o controvertidos con participación china suelen interpretarse desde una óptica geopolítica más que como manifestaciones de las debilidades estructurales de gobernanza colombiana. Al mismo tiempo, algunos especialistas advirtieron que una mayor dependencia tecnológica respecto a empresas chinas en sectores como energía, minería y transporte podría eventualmente complicar las relaciones con Estados Unidos.39
En comparación con varios países vecinos, el sector energético colombiano presenta una mayor diversificación en términos de participación extranjera. Empresas europeas como Enel mantienen posiciones relevantes en renovables y transmisión, mientras Isagen —respaldada por capital canadiense— controla importantes activos hidroeléctricos como San Carlos. Estados Unidos, por su parte, se ha concentrado principalmente en cooperación técnica más que en inversión directa. Dentro de este contexto, China sigue siendo un actor emergente más que dominante. No obstante, su rápida expansión en movilidad eléctrica, generación solar e infraestructura estratégica le otorga una visibilidad que supera crecientemente su cuota actual de mercado y apunta a un importante potencial de expansión futura.
Notas y fuentes (39)
- Congreso de la República de Colombia, Ley n.º 1715 de 2014, "Por medio de la cual se regula la integración de las energías renovables no convencionales al Sistema Energético Nacional", Diario Oficial n.º 49.150, 13 de mayo de 2014. Enlace↗
- Ibid.
- Congreso de la República de Colombia, Ley n.º 2099 de 2021, "Por medio de la cual se dictan disposiciones para la transición energética, la dinamización del mercado energético, la reactivación económica del país y se dictan otras disposiciones", Diario Oficial n.º 51.731, 10 de julio de 2021. Enlace↗
- Ministerio de Minas y Energía de Colombia, Hoja de ruta del hidrógeno en Colombia: documento de política pública que establece lineamientos, metas y acciones para el desarrollo de la economía del hidrógeno y su contribución a la transición energética en Colombia (Ministerio de Minas y Energía, 2021). Enlace↗
- Congreso de la República de Colombia, Ley n.º 1964 de 2019, "Por medio de la cual se promueve el uso de vehículos eléctricos en Colombia y se dictan otras disposiciones", Diario Oficial n.º 51.011, 11 de julio de 2019. Enlace↗; Ministerio de Minas y Energía de Colombia, Resolución n.º 40284 de 2022, "Por medio de la cual se define el proceso competitivo para el otorgamiento del Permiso de Ocupación Temporal sobre áreas marítimas, con destino al desarrollo de proyectos de generación de energía eólica costa afuera, se convoca la primera ronda y se dictan otras disposiciones", 2022. Enlace↗
- Greace Vanegas, "Colombia acoge la cumbre mundial de la biodiversidad COP16", 20 de octubre de 2024. Enlace↗
- European Commission, "Launch by United States, the European Union, and Partners of the Global Methane Pledge to Keep 1.5C Within Reach", 2 de noviembre de 2021. Enlace↗
- Ecopetrol, Informe integrado de gestión 2024 (Ecopetrol, 2024). Enlace↗
- Mateo Medina Ariza, "Ecopetrol pesa casi el 2% del PIB nacional y pone por impuestos casi lo de una tributaria", La República. Enlace↗
- PR Newswire, "The Ecopetrol Group launches its 2040 Strategy 'Energy that Transforms' and reveals the operational and financial targets of its 2022–2024 Business Plan", 9 de febrero de 2022. Enlace↗
- Véase la Tabla 17.
- Álvaro Clavijo, "No llegaron las lluvias que estaban previstas para estos meses en Bogotá", Alcaldía Mayor de Bogotá, 20 de septiembre de 2024. Enlace↗
- Andrea Margarita Beleño Hernández, Balance del fenómeno de El Niño 2023–2024 en Colombia (Asociación Nacional de Empresas Generadoras – ANDEG, 24 de julio de 2024). Enlace↗
- Modesto Portilla Gamboa, "Hidroituango: crónica de una tragedia anunciada. ¿Qué pasó, por qué pasó, qué está pasando y qué podría pasar?", Movimiento Ríos Vivos Colombia, 5 de diciembre de 2018. Enlace↗
- Camilo Defelipe, entrevista realizada por la Fundación Andrés Bello en Bogotá, 28 de agosto de 2025.
- David González, "Los parques eólicos dividen a comunidades indígenas de Colombia", Dialogue Earth, 31 de mayo de 2023. Enlace↗
- Resultado derivado de entrevistas estructuradas realizadas por la Fundación Andrés Bello en Colombia entre abril y octubre de 2025.
- Ministerio de Minas y Energía de Colombia, Actualización del Plan Energético Nacional (PEN) 2022–2052 (Unidad de Planeación Minero Energética [UPME], 2023). Enlace↗
- Solargis s.r.o., Global Solar Atlas 2.0 (mapa interactivo), s. f. Enlace↗; Technical University of Denmark, Global Wind Atlas version 4.0 (mapa interactivo), s. f. Enlace↗
- PowerChina, "Sucursal Colombia: nuestros proyectos", s. f. Enlace↗
- Sistema de Información Minero Energético (SIMEC), "Energía eléctrica", s. f. Enlace↗
- Andrés Villamizar, "Entró en operación el primer parque solar de EPM con 200.000 paneles", El Colombiano, 14 de junio de 2024. Enlace↗
- Camilo Defelipe, entrevista realizada por la Fundación Andrés Bello en Bogotá, 28 de agosto de 2025.
- Resultado derivado de entrevistas estructuradas realizadas por la Fundación Andrés Bello en Colombia entre abril y octubre de 2025.
- Congreso de la República de Colombia, Ley n.º 1964 de 2019, "Por medio de la cual se promueve el uso de vehículos eléctricos en Colombia y se dictan otras disposiciones", Diario Oficial n.º 51.011, 11 de julio de 2019. Enlace↗
- Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Ministerio de Minas y Energía, Ministerio de Transporte y Unidad de Planeación Minero Energética, Estrategia nacional de movilidad eléctrica (Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, 2019). Enlace↗
- Enel, "Movilidad eléctrica en Bogotá: un futuro sostenible", s. f. Enlace↗; Alcaldía de Medellín, "En Medellín ya funciona una flota 100% eléctrica para la Línea 2 del Metroplús", 12 de julio de 2022. Enlace↗
- BYD, "BYD domina la movilidad eléctrica en Colombia y el 96% de los buses eléctricos del país llevan su sello", 16 de mayo de 2025. Enlace↗
- Jefferson Hishiyama da Silva, Mercado de autobuses eléctricos en América Latina. Market Spotlight (The International Council on Clean Transportation, 2026). Enlace↗
- David Santiago Pacheco Fonseca, "BYD desplegará su mayor flota de camiones y buses eléctricos ensamblados en Colombia este 2026", Blu Radio, 23 de febrero de 2026. Enlace↗
- David Santiago Pacheco Fonseca, "BYD desplegará su mayor flota de camiones y buses eléctricos ensamblados en Colombia este 2026", Blu Radio, 23 de febrero de 2026. Enlace↗
- David Cruz, "Banca china financia Hidroituango", Asociación Ambiente y Sociedad, 24 de abril de 2018. Enlace↗
- Jacobo Betancur Peláez, "Hidroituango será terminado por los chinos: EPM adjudicó las obras finales que costarán $1 billón", El Colombiano, 11 de octubre de 2023. Enlace↗
- Resultado derivado de entrevistas estructuradas realizadas por la Fundación Andrés Bello en Colombia entre abril y octubre de 2025.
- Fundación Andrés Bello, Perfil proyecto Metro Bogotá Línea 1 (mayo de 2024). Enlace↗
- Daniella Mazo González, "Bogotá está entre las ciudades con peor tráfico del mundo; hay otras 4 capitales colombianas en el ranking", Infobae, 25 de enero de 2026. Enlace↗
- Resultado derivado de entrevistas estructuradas realizadas por la Fundación Andrés Bello en Colombia entre abril y octubre de 2025.
- Steven Grattan, "Resistencia indígena frena potencial auge de energías renovables en La Guajira", Independent en Español, 20 de febrero de 2025. Enlace↗
- Resultado derivado de entrevistas estructuradas realizadas por la Fundación Andrés Bello en Colombia entre abril y octubre de 2025.
Trayectoria nacional
Ecuador
Fuentes: Our World in Data (2024) · IEA (2023) · World Bank (2023).
Suministro energético — importaciones
2024 · Ktoe · incluye fuentes primarias y secundarias
Total importado: 8.903 Ktoe · Año: 2024 · Fuente: Balance Energético Nacional del Ecuador.
Durante las últimas dos décadas, la política energética ecuatoriana ha estado marcada por una apuesta sostenida por la expansión hidroeléctrica como eje de la seguridad energética y del desarrollo de infraestructura. Esta estrategia permitió ampliar rápidamente la capacidad de generación eléctrica, pero también concentró una parte significativa del sistema en un número reducido de grandes represas y lo vinculó estrechamente a fuentes externas de financiamiento, particularmente de la banca estatal china. El resultado fue un modelo capaz de producir infraestructura crítica en el corto plazo, pero vulnerable a shocks climáticos, restricciones fiscales y problemas de gobernanza.
Esta trayectoria no puede entenderse separadamente de las condiciones financieras del país. Desde finales de la década de 2000, el limitado acceso de Ecuador a los mercados internacionales de crédito, los déficits fiscales recurrentes y el elevado riesgo soberano llevaron a sucesivos gobiernos a depender de acreedores externos para sostener la inversión pública.1 Esta dinámica se profundizó tras el default de deuda de 2008 cuando el gobierno de Rafael Correa recurrió a mecanismos alternativos de financiamiento, incluyendo préstamos respaldados por recursos naturales, preventas petroleras y acuerdos directos con el gobierno chino.2 Estos instrumentos facilitaron grandes inversiones en energía, infraestructura y obra pública, pero también consolidaron un modelo caracterizado por baja transparencia, contratación discrecional y una creciente dependencia de ingresos futuros provenientes de la venta de petróleo. Hasta la fecha, las consecuencias de este modelo siguen condicionando la política energética ecuatoriana.
Los gobiernos posteriores a Correa heredaron un marco en el que la urgencia fiscal frecuentemente predominó sobre la planificación de largo plazo, mientras el financiamiento externo quedó cada vez más vinculado a sectores estratégicos como energía, minería e infraestructura.
Después de 2019, la estructura del financiamiento externo ecuatoriano se diversificó de la mano de una mayor participación de organismos multilaterales, incluyendo programas del Fondo Monetario Internacional (FMI) y financiamiento para el desarrollo vinculado a reformas económicas, de gobernanza y climáticas.3 Dicho esto, Ecuador sigue operando dentro de un entorno financiero fragmentado, marcado por presiones de deuda, fragilidad institucional y una búsqueda permanente de capital externo bajo condiciones fiscales restrictivas.
La crisis eléctrica de 2023–2024 expuso con claridad las vulnerabilidades acumuladas del sistema. Las sequías registradas en ese período —consideradas por autoridades y medios internacionales como las más severas en 61 años—4 redujeron drásticamente los niveles de los embalses, que cayeron a mínimos críticos. Como consecuencia, varias centrales hidroeléctricas debieron ser parcial o totalmente desconectadas, lo que derivó en apagones masivos en todo el territorio nacional y en racionamientos eléctricos que, en 2024, llegaron a extenderse hasta 14 horas diarias.5 Ante esta situación, el presidente Daniel Noboa declaró en abril de 2024 un estado de emergencia nacional por 60 días, alegando una "grave conmoción interna y calamidad pública" que afectaba al sector eléctrico.6
En respuesta, Ecuador promulgó en 2024 la Ley Orgánica de Competitividad Energética y la Descarbonización (LOCE),7 orientada a abrir el sector al capital privado mediante subastas competitivas, asociaciones público-privadas y mecanismos más claros de recuperación de costos. La LOCE se apoyó en reformas previas introducidas por la Ley Orgánica del Servicio Público de Energía Eléctrica (LOSPEE) de 2015,8 que redefinió la institucionalidad del sector eléctrico ecuatoriano y estableció competencias de planificación, regulación y operación del sistema eléctrico nacional. Sobre esta base, nuevas regulaciones emitidas en 2025 actualizaron las normas técnicas del sector e incorporaron mecanismos destinados a facilitar la integración de nuevos proyectos de generación y una mayor participación de actores privados.
Estas reformas deben entenderse como parte de un intento más amplio por adaptar el sistema eléctrico ecuatoriano a una etapa distinta de desarrollo. Durante buena parte de las últimas dos décadas, la prioridad fue construir grandes proyectos hidroeléctricos. Las reformas recientes, en cambio, apuntan a preparar el sistema para una matriz más diversificada, con mayor presencia de generación distribuida, nuevas tecnologías renovables y formas más flexibles de operación de la red. No implican necesariamente una liberalización profunda del sector, pero sí una modernización regulatoria orientada a integrar nuevos actores y tecnologías dentro del sistema eléctrico nacional.
En conjunto, estas medidas han configurado una arquitectura más coherente para la participación privada y extranjera. También han sido reforzadas por respaldo financiero internacional: el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) aprobó en 2024 un préstamo de USD 500 millones9 y, en 2025, una línea de garantías por USD 77 millones para apoyar el marco de transición energética, vinculando la credibilidad de las reformas a mecanismos de supervisión multilateral.10 En paralelo, la actualización de las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional para el período 2026–2035,11 el Informe Bienal de Transparencia 2024 y el PLANMICC 2024–2070 reflejan una creciente alineación entre la política energética doméstica y los compromisos climáticos internacionales de Ecuador.12
Dicho esto, el fortalecimiento normativo todavía contrasta con limitaciones persistentes de ejecución y transparencia. Nuevos instrumentos como el Fondo Nacional de Inversión en Eficiencia Energética (FINEE),13 diseñado para financiar electromovilidad y medidas de eficiencia energética, han avanzado lentamente y con escasa claridad operativa. Más de un año después de su anuncio, el fondo sigue prácticamente inactivo, sin presupuesto definido, registros de desembolso ni lineamientos operativos claros.14 Esta brecha entre ambición regulatoria y capacidad de implementación resume uno de los principales problemas de la gobernanza energética ecuatoriana: la dificultad de traducir reformas legales en cambios efectivos dentro del sistema energético.
Al mismo tiempo, la transición energética ecuatoriana se desarrolla en un contexto donde la seguridad energética, la estabilidad fiscal y la gobernabilidad política se encuentran estrechamente interconectadas. La fuerte concentración de la generación eléctrica en la hidroelectricidad expone al sistema a sequías cada vez más frecuentes e intensas, mientras que las limitaciones estructurales para sustituir rápidamente esa capacidad obligan a recurrir a generación térmica basada en combustibles importados. Esta dependencia de derivados refinados incrementa la exposición del país a interrupciones de suministro, volatilidad de precios internacionales y mayores presiones sobre las finanzas públicas. Al mismo tiempo, los subsidios al diésel y al gas licuado de petróleo (GLP) contribuyen a sostener elevados niveles de consumo y convierten cualquier intento de reforma en un tema políticamente sensible. Como resultado, los desafíos energéticos de Ecuador trascienden la disponibilidad de recursos o infraestructura y reflejan una vulnerabilidad más amplia, donde factores climáticos, dependencia externa, restricciones fiscales y costos políticos se refuerzan mutuamente, dificultando la construcción de un sistema energético más resiliente y diversificado.
Suministro total de energía primaria (TPES) — 2024
Fuente: cálculos propios a partir de Balance Energético Nacional del Ecuador, 2024.
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| Fuente | Tipo de energía | Ktoe | % del total |
|---|---|---|---|
| Petróleo1 | Combustible fósil | 7.224 | 69,69% |
| Hidroeléctrica | Renovable | 1.906 | 18,38% |
| Gas natural | Combustible fósil | 585 | 5,65% |
| Derivados de caña de azúcar | Renovable - Biomasa | 322 | 3,10% |
| Leña | Renovable - Biomasa | 185 | 1,78% |
| Electricidad2 | Electricidad | 105 | 1,01% |
| Eólica | Renovable | 19 | 0,18% |
| Otra biomasa | Renovable - Biomasa | 18 | 0,17% |
| Solar | Renovable | 3 | 0,03% |
| Total | 10.366 | 100,0% |
1 Incluye derivados del petróleo.
2 Corresponde al comercio neto de electricidad (importaciones menos exportaciones).
La oferta total de energía primaria de Ecuador es fuertemente dependiente de combustibles fósiles. En 2024, el petróleo y sus derivados representaron alrededor del 70% de la oferta, la proporción más alta entre los seis países analizados y muy por encima del promedio regional. Colombia, el segundo país del grupo en dependencia petrolera, obtuvo el 43% de su energía primaria del petróleo. Argentina y Perú también dependen ampliamente de combustibles fósiles, pero su consumo energético gira principalmente en torno al gas natural. Ecuador destaca así como el caso más intensivo en petróleo del grupo. La hidroelectricidad aportó 18,3%, el gas natural 5,7%, y todas las demás fuentes renovables combinadas —biomasa, solar y eólica— apenas alcanzaron el 5,3%.
Uso de energía por sector — 2024
Fuente: Balance Energético Nacional del Ecuador, 2024.
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| Sector | Ktoe | % del total |
|---|---|---|
| Transporte | 7.429 | 56,09% |
| Industria | 2.274 | 17,17% |
| Residencial | 1.799 | 13,58% |
| Comercial y público | 830 | 6,27% |
| Otros sectores1 | 683 | 5,15% |
| Agricultura2 | 230 | 1,74% |
| Total | 13.244,30 | 100% |
1 Incluye el consumo energético de actividades de construcción y posiblemente otros sectores menores no incluidos anteriormente.
2 Ecuador mide agricultura y minería en una sola categoría, a diferencia de los demás países, donde la minería se incluye dentro del sector "Industria".
En cuanto a patrones de consumo, el transporte absorbe más de la mitad de la demanda energética final de Ecuador (56%), la proporción más alta entre los seis países analizados. Perú aparece en segundo lugar con 44%, mientras que el resto de los casos se ubica por debajo del 40%. Esta concentración refleja el peso del transporte terrestre y la fuerte dependencia de diésel y gasolina, lo que convierte al sector en el principal factor detrás del consumo interno de derivados del petróleo. La industria le sigue con 17,2%, impulsada por actividades intensivas en energía como cemento, procesamiento de alimentos, cerámica y manufactura, altamente dependientes de combustibles fósiles para generación térmica y procesos industriales. El consumo residencial, con 13,6%, es el más bajo de los seis países. Esta estructura de consumo tiene implicaciones importantes para la seguridad energética del país: aunque Ecuador es exportador neto de hidrocarburos y cuenta con una industria petrolera robusta, aún depende fuertemente de importaciones de combustibles refinados para satisfacer la demanda interna, ya que produce y exporta principalmente crudo pesado proveniente de la región amazónica,15 mientras que las principales refinerías del país enfrentan problemas de obsolescencia tecnológica y frecuentemente operan por debajo de su capacidad.16
Fuentes de generación eléctrica — 2024
Fuente: cálculos propios a partir de Balance Energético Nacional del Ecuador, 2024.
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| Fuente | Tipo de energía | GWh | % del total |
|---|---|---|---|
| Hidroeléctrica | Renovable | 22.614 | 63,45% |
| Fuel oil | Combustible fósil | 3.991 | 11,20% |
| Diésel | Combustible fósil | 3.304 | 9,27% |
| Petróleo | Combustible fósil | 1.896 | 5,32% |
| Gas natural | Combustible fósil | 1.545 | 4,33% |
| Electricidad importada | Electricidad importada | 1.270 | 3,56% |
| Bagazo | Renovable - Biomasa | 461 | 1,29% |
| Crudo reducido | Combustible fósil | 230 | 0,65% |
| Eólica | Renovable | 224 | 0,63% |
| Solar | Renovable | 39 | 0,11% |
| Biogás | Renovable - Biomasa | 36 | 0,10% |
| Gas licuado de petróleo (GLP) | Combustible fósil | 33 | 0,09% |
| Total | 35.643 | 100,0% |
Año: 2024 · Fuente: Balance Energético Nacional del Ecuador. Nota: en una versión anterior de este perfil se utilizaron porcentajes estimados a partir del texto narrativo del capítulo, debido a un error de edición en las tablas del documento fuente original (Tablas 24–25), que reproducían los valores de la matriz eléctrica de Colombia. FAB proporcionó posteriormente las cifras correctas en GWh, que se reflejan aquí.
El sector eléctrico ecuatoriano muestra un panorama favorable: en 2024, cerca del 65,58% del suministro nacional provino de fuentes renovables. La hidroelectricidad —que aporta el 63,45% de la generación total— constituye la columna vertebral del sistema, mientras que el bagazo (1,29%), la energía eólica (0,63%), la solar (0,11%) y el biogás (0,10%) suman en conjunto apenas 2,13% adicional. Por su parte, la generación basada en hidrocarburos alcanza el 30,77%, distribuida entre fuel oil (11,20%), diésel (9,27%), petróleo (5,32%), gas natural (4,33%) y crudo reducido (0,65%). Finalmente, la electricidad importada —principalmente desde Colombia— añade un 3,56% adicional al abastecimiento nacional.
Uso de electricidad por sector — 2024
Fuente: Balance Energético Nacional del Ecuador, 2024.
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| Sector | GWh | % del total |
|---|---|---|
| Industria1 | 11.864 | 41,00% |
| Residencial | 8.270 | 28,58% |
| Comercial y público2 | 7.713 | 26,66% |
| Otros sectores3 | 1.038 | 3,59% |
| Transporte | 49 | 0,17% |
| Agricultura4 | 0 | 0,00% |
| Total | 28.934 | 100,0% |
1 Para el consumo industrial, esto incluye energía generada no disponible para el servicio público y energía entregada a grandes consumidores.
2 Los sectores comercial, de servicios y administración pública cubren la demanda de alumbrado público, comercial y de otro tipo.
3 Incluye el consumo energético de actividades de construcción y eventualmente otros sectores menores no incluidos anteriormente.
4 Agricultura incluye actividades mineras: el consumo de electricidad en Agricultura y Minería es insignificante.
Año: 2024 · Nota: en una versión anterior de este perfil solo se disponía de cuatro sectores estimados a partir del texto del capítulo (suma 96,47%); la tabla ahora refleja las cifras completas en GWh proporcionadas por FAB, que suman el 100% de la distribución sectorial.
Los patrones de consumo eléctrico de Ecuador muestran una combinación de predominio industrial y demanda diversificada. La industria concentra el 41,00% del consumo total de electricidad, seguida por los sectores residencial (28,58%) y comercial y público (26,66%). Un 3,59% adicional corresponde a otros sectores no desagregados en la fuente, mientras que el transporte representa apenas 0,17% de la demanda eléctrica y el consumo agrícola resultó prácticamente nulo en 2024. Esta distribución adquiere especial relevancia cuando se contrasta con la matriz energética nacional, donde el transporte absorbe más de la mitad del consumo final de energía. La diferencia evidencia que una parte importante de las actividades productivas y urbanas ya depende de la electricidad, mientras que el transporte se sustenta casi exclusivamente en combustibles derivados del petróleo. Desde la perspectiva de la transición energética, ello sugiere que los mayores espacios para la expansión del consumo eléctrico se encuentran en la electrificación de la movilidad, más que en los sectores que actualmente concentran la demanda de electricidad.
Como se señaló anteriormente, el sistema eléctrico ecuatoriano depende fuertemente de un número reducido de grandes centrales. Con 1.500 MW de capacidad instalada, Coca Codo Sinclair es la central hidroeléctrica de mayor potencia del país. No obstante, su aporte efectivo a la generación varía según la hidrología, el caudal disponible, las restricciones operativas, la presencia de sedimentos y los problemas técnicos acumulados desde su entrada en operación en 2016. Por ello, no debe evaluarse únicamente por potencia instalada, sino por disponibilidad real y energía efectivamente generada.
En 2024, Coca Codo Sinclair aportó aproximadamente el 31,7% de la generación hidroeléctrica nacional. Junto con el complejo Paute Integral —integrado por las centrales Mazar, Molino y Sopladora— concentró más de dos tercios de la generación hidroeléctrica del país. Sumado a una participación cercana al 20% de generación termoeléctrica basada en fuel oil y diésel, el sistema eléctrico ecuatoriano presenta una elevada vulnerabilidad frente a shocks hidrológicos y a la volatilidad de los mercados internacionales de combustibles.
Paradójicamente, Ecuador posee un importante potencial solar y eólico aún subdesarrollado. A lo largo de la última década, factores como la limitada inversión, la incertidumbre regulatoria y las dificultades para materializar nuevos proyectos ralentizaron la expansión de estas tecnologías.17 Dicho esto, en los últimos años han surgido señales de mayor dinamismo. Entre ellas destaca el proyecto fotovoltaico La Ceiba, ubicado en la provincia de Loja, concebido para alcanzar una capacidad total de hasta 1.500 MW y cuya primera fase prevé la instalación de 200 MW. De concretarse, se convertiría en la planta solar más grande del país. A pesar de estos avances, las energías renovables alternativas continúan teniendo una presencia limitada dentro del sistema eléctrico ecuatoriano, mientras que sus perspectivas de expansión a largo plazo permanecen inciertas.
La convergencia entre necesidades fiscales urgentes, afinidades políticas y mecanismos de financiamiento opacos contribuyó a consolidar una relación particularmente profunda entre Ecuador y China durante los años del presidente Correa (2007–2017). La relación bilateral se estructuró principalmente a través de acuerdos Estado-a-Estado que facilitaron el financiamiento y la ejecución de grandes proyectos de infraestructura, en un contexto donde la negociación y toma de decisiones se concentraron fuertemente en el Poder Ejecutivo.18
Lo que inicialmente comenzó como una fuente alternativa de financiamiento y un socio alineado con la estrategia internacional del gobierno de Correa evolucionó gradualmente hacia una presencia cada vez más amplia en la construcción de infraestructura estratégica, tanto vial como energética. Actualmente, empresas y bancos chinos mantienen presencia en prácticamente toda la cadena de valor del sector eléctrico ecuatoriano, desde el financiamiento y construcción de centrales de generación hasta el desarrollo de infraestructura de transmisión y nuevos proyectos solares y eólicos.19
En primer lugar, las empresas estatales chinas desempeñaron un papel central en la expansión hidroeléctrica ecuatoriana. Sinohydro construyó la represa Coca Codo Sinclair;20 China Gezhouba Group participó en la construcción de la central Sopladora;21 y una subsidiaria de la estatal Three Gorges estuvo a cargo de las obras civiles de Toachi-Pilatón.22 Como afirma Carolina Viola, estos proyectos fueron estructurados mediante contratos llave en mano que concentraron diseño, adquisición, construcción y, en algunos casos, financiamiento de firmas estatales chinas.23
Aunque este modelo transformó la infraestructura eléctrica ecuatoriana y expandió rápidamente la capacidad hidroeléctrica, también consolidó una marcada dependencia de proveedores y tecnología china. Al mismo tiempo, la combinación entre contratos de gran escala, mecanismos de supervisión deficientes y una elevada concentración de decisiones en el Ejecutivo nacional facilitó la aparición de controversias asociadas a sobrecostos, fallas constructivas, conflictos laborales, denuncias de corrupción e impactos ambientales.
Según la ONG Fundación Mil Hojas, "los riesgos económicos y tecnológicos asociados a la participación china en la transición energética ecuatoriana se reflejan en la presencia sistemática de sobrecostos, con proyectos cuyos presupuestos se duplican o incluso triplican, así como en una dependencia tecnológica total que impide una transferencia efectiva de conocimiento".24 Mil Hojas también señaló que la baja calidad de construcción obligó al Estado ecuatoriano a destinar nuevos recursos para reparar o completar proyectos, citando la central Toachi-Pilatón como un caso emblemático en el que el contratista chino incumplió la entrega, dejando a una empresa rusa la tarea de concluir la obra.25
Este incumplimiento contribuyó a retrasos prolongados en el cronograma del complejo. Parte de la infraestructura, correspondiente a una de las dos centrales (Sarapullo), entró en operación una década después de lo previsto inicialmente, mientras la culminación de la segunda central (Alluriquín) se extendió por aproximadamente catorce años.26
Los bancos de política chinos desempeñaron un rol fundamental en estos proyectos. Entre 2010 y 2020, Ecuador recibió más de USD 18.000 millones en préstamos, una parte significativa de ellos vinculada a proyectos energéticos y de infraestructura. El Export-Import Bank of China y el China Development Bank otorgaron líneas de crédito con menos condicionamientos de gobernanza que los acreedores multilaterales, utilizando frecuentemente mecanismos de repago ligados a exportaciones petroleras.27
La modalidad de financiamiento respaldada por recursos naturales no solo restringió el margen de maniobra fiscal de Ecuador, sino que también contribuyó a una dinámica de refinanciamiento en la que nuevos préstamos se volvieron crecientemente necesarios para gestionar obligaciones existentes.
El caso más simbólico y controvertido viene siendo el proyecto Coca Codo Sinclair. Construido por Sinohydro y financiado por bancos de política chinos, fue concebido como un ejemplo insignia de la cooperación bilateral sino-ecuatoriana. Pese a ello, como señala la académica ecuatoriana Carolina Viola, el proyecto se convirtió en un caso "emblemático de los impactos ambientales y estructurales derivados de la participación china en Ecuador".28 El proyecto fue ejecutado en una zona ecológicamente sensible, generando daños importantes a ecosistemas locales y comunidades indígenas, así como una severa erosión de la cuenca del río Coca que ha afectado rutas de transporte hacia la Amazonía.
La central también ha enfrentado persistentes problemas técnicos, incluyendo grietas en turbinas y abrasión por sedimentos, que condujeron al gobierno ecuatoriano a iniciar un arbitraje internacional contra Sinohydro.29 Para Viola, este caso ilustra algunas de las tensiones inherentes a la relación China–Ecuador, particularmente cuando grandes proyectos de infraestructura se desarrollan bajo esquemas contractuales poco transparentes y con capacidades de supervisión limitadas.30 En ese contexto, los costos sociales, ambientales y financieros tienden a recaer de manera desproporcionada sobre el país receptor.
En abril de 2026, Ecuador abandonó su disputa legal con la constructora china tras alcanzar un acuerdo que incluye una compensación de aproximadamente USD 400 millones, de los cuales USD 200 millones serían en efectivo y USD 200 millones destinados a proyectos de generación eléctrica,31 además de la transferencia de la operación y mantenimiento de Coca Codo Sinclair a la empresa china por un período de 25 años. Bajo el acuerdo, PowerChina —casa matriz de Sinohydro— asumiría las reparaciones asociadas a las fallas estructurales detectadas en la central.32
Adicionalmente, en el caso de los proyectos energéticos, las condiciones de financiamiento frecuentemente incentivaban o requerían la contratación de empresas y proveedores chinos. Este esquema permitió movilizar recursos y capacidades técnicas con rapidez, pero también redujo la competencia en los procesos de contratación y reforzó la dependencia de tecnología, equipos y conocimientos especializados provenientes de China. Los entrevistados identificaron consistentemente esta combinación entre financiamiento y ejecución como la principal ventaja sobre otros actores internacionales, pero también como el principal riesgo de la participación china.33
A medida que la participación china se expandió más allá de las grandes hidroeléctricas hacia sectores como la energía solar, el transporte eléctrico y otros ámbitos de la transición energética, también se amplió la presencia institucional y diplomática de China en Ecuador. Esta evolución convirtió la relación energética en un componente cada vez más visible de los vínculos bilaterales. Viola señala que "la diplomacia china desempeña un papel activo en la promoción de sus empresas en Ecuador mediante patrocinios oficiales, acuerdos y estrategias mediáticas. Las agencias gubernamentales financian campañas de visibilidad para mejorar la imagen de las empresas y proyectos chinos".34
La coordinación entre la embajada china, las empresas estatales y los medios chinos ilustra cómo Beijing despliega un modelo Estado-a-Estado que combina promoción de inversiones, mensaje político y asistencia al desarrollo. Aunque el modelo ha contribuido a movilizar capital rápidamente, también ha profundizado la opacidad de los acuerdos bilaterales y desdibujado la línea entre participación comercial y política.
Existe una desconexión evidente entre los compromisos oficiales de transparencia, la supervisión pública y las prácticas reales de contratación en la forma en que se han gestionado los grandes contratos energéticos con China. La mayoría de los acuerdos con las empresas y la banca del país asiático fueron negociados directamente a través de canales ejecutivos, eludiendo mecanismos ordinarios de contratación pública y supervisión parlamentaria. Esta concentración de poder facilitó una rápida implementación a la vez que debilitó la supervisión, la rendición de cuentas y la confianza pública. No obstante, evaluar esta relación exclusivamente desde sus déficits institucionales ofrece una visión incompleta.
A pesar de todos los problemas y controversias documentadas, las plantas construidas por empresas chinas ampliaron considerablemente la capacidad de generación eléctrica del país, redujeron las importaciones de electricidad y permitieron exportaciones estacionales de energía hacia Colombia y Perú. Como resultado, la hidroelectricidad representa hoy aproximadamente el 70% de la generación eléctrica ecuatoriana, situando a Ecuador muy por encima del promedio mundial en generación renovable. El resultado fue una transformación profunda del sector energético que fortaleció la capacidad de generación del país, pero que también consolidó vulnerabilidades de largo plazo en materia de estabilidad fiscal, autonomía tecnológica, transparencia institucional y gobernanza ambiental. Estas vulnerabilidades emergieron de la interacción entre las modalidades de financiamiento e inversión promovidas por China y las debilidades institucionales que caracterizaron la planificación, contratación y supervisión de los proyectos estratégicos ecuatorianos.
Notas y fuentes (34)
- Nelson García Osorio, "La crisis financiera del Ecuador, 1998–2000", Economía y Negocios 4, n.º 1 (2013): 5–13. Enlace↗
- Lorenzo Vidal-Folch, "La economía política del default ecuatoriano", ponencia presentada en las XIV Jornadas de Economía Crítica, Valladolid, 4–5 de septiembre de 2014, 146. Enlace↗
- Pablo Dávalos, "Los acuerdos del FMI con el Ecuador (2019–2024)", Comité para la Abolición de las Deudas Ilegítimas (CADTM), noviembre de 2024. Enlace↗
- SWI swissinfo.ch, "Ecuador anticipa los apagones por su peor sequía en 61 años", 23 de septiembre de 2024. Enlace↗
- Deutsche Welle (DW), "Siguen los apagones de hasta 14 horas al día en Ecuador", 28 de octubre de 2024. Enlace↗
- Presidencia de la República del Ecuador, Decreto Ejecutivo n.º 229 de 2024, "Declaración del estado de excepción por calamidad pública en todo el territorio nacional", 19 de septiembre de 2024. Enlace↗
- Lexis S.A., "Se promulga ley de competitividad energética en el Registro Oficial", 11 de enero de 2024. Enlace↗
- Asamblea Nacional del Ecuador, Ley Orgánica del Servicio Público de Energía Eléctrica, Ley s/n, Suplemento del Registro Oficial n.º 418, 16 de enero de 2015. Enlace↗
- Sebastián Angulo, "El BID aprobó un crédito para Ecuador de $600 millones para proyectos energéticos", Diario Expreso, 26 de julio de 2024. Enlace↗
- Luis Ini, "Ecuador recibe del BID una garantía soberana para impulsar inversión privada en energía solar y eólica", pv magazine Latinoamérica, 24 de junio de 2025. Enlace↗
- Ministerio del Ambiente, Agua y Transición Ecológica del Ecuador, Acuerdo Ministerial s/n de 2025, Segunda Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC) de la República del Ecuador, febrero de 2025. Enlace↗
- Ministerio del Ambiente, Agua y Transición Ecológica del Ecuador, Quinta Comunicación Nacional sobre Cambio Climático y Primer Informe Bienal de Transparencia de la República del Ecuador, 27 de diciembre de 2024. Enlace↗; Plan Nacional de Mitigación del Cambio Climático (PLANMICC), 16 de agosto de 2024. Enlace↗
- La Nación, "Puntos claves de la Ley de Competitividad Energética", 11 de enero de 2024. Enlace↗
- Ángeles Fonti, "¿Qué se sabe del Fondo de Eficiencia Energética para electromovilidad en Ecuador?", Mobility Portal Latinoamérica, 8 de julio de 2025. Enlace↗
- Petróleos de América, "El petróleo en Ecuador", 8 de junio de 2026. Enlace↗
- Mayra Pacheco Pazmiño, "Refinerías obsoletas agravan crisis de combustibles en Ecuador y exigen inversiones", Diario Expreso, 13 de mayo de 2026. Enlace↗
- Resultado derivado de entrevistas estructuradas realizadas por la Fundación Andrés Bello en Ecuador entre abril y octubre de 2025.
- L. Herrera-Vinelli y M. Bonilla, "Ecuador-China Relations: The Growing Effect of Chinese Investment on Ecuadorian Domestic Politics, 2007–2016", Journal of Chinese Political Science 24 (2019): 623–641. Enlace↗; Evan R. Ellis, "Ecuador's Leveraging of China to Pursue an Alternative Political Development Path", Journal of Indo-Pacific Affairs (2018). Enlace↗
- Robel Revelo, "Canciller Sommerfeld afirmó que China ha entregado una línea de crédito por USD 600 millones", Primicias, 1 de agosto de 2025. Enlace↗; Timothy J. Killeen, "Panorama del sector energético privado en Ecuador y el papel de China", Mongabay Latam, 4 de septiembre de 2023. Enlace↗
- Ibid.
- Ibid.
- CELEC EP, "CELEC EP-HIDROTOAPI resolvió declarar la terminación unilateral del contrato de construcción de las obras civiles del Proyecto Hidroeléctrico Toachi Pilatón con la empresa CWE", Corporación Eléctrica del Ecuador, 8 de noviembre de 2022. Enlace↗
- Carolina Viola, entrevista realizada por la Fundación Andrés Bello, Quito, Ecuador, 8 de julio de 2025.
- Mil Hojas, entrevista realizada por la Fundación Andrés Bello, Quito, Ecuador, 23 de julio de 2025.
- Ibid.
- CELEC EP, "Luego de 14 años de abandono, el Gobierno de El Nuevo Ecuador inauguró la central Alluriquín, parte del complejo Toachi Pilatón", Corporación Eléctrica del Ecuador, 10 de abril de 2025. Enlace↗
- Redacción, "'Capitales corrosivos' fueron parte de la estructura de inversión y créditos de China en Ecuador, revela informe", El Universo, 12 de octubre de 2022. Enlace↗
- Carolina Viola, entrevista realizada por la Fundación Andrés Bello, Quito, Ecuador, 8 de julio de 2025.
- Redacción, "Ecuador demanda a Sinohydro en Corte Internacional de Arbitraje por caso Coca Codo Sinclair. ¿Cuál es su reclamo?", El Universo (2021). Enlace↗
- Carolina Viola, entrevista realizada por la Fundación Andrés Bello, Quito, Ecuador, 8 de julio de 2025.
- Lucía Vásconez, "Conozca el monto que pagará Ecuador a PowerChina por la operación de Coca Codo Sinclair, según ministra Manzano", El Comercio, 10 de abril de 2026. Enlace↗
- Redacción, "PowerChina recibirá USD 46 millones al año por operar la hidroeléctrica Coca Codo, dice la ministra de Energía", Primicias, 13 de abril de 2026. Enlace↗
- Resultado derivado de entrevistas estructuradas realizadas por la Fundación Andrés Bello en Ecuador entre abril y octubre de 2025.
- Carolina Viola, entrevista realizada por la Fundación Andrés Bello, Quito, Ecuador, 8 de julio de 2025.
Trayectoria nacional
Perú
Fuentes: Our World in Data (2024) · IEA (2023) · World Bank (2023).
Suministro energético — importaciones
2023 · Ktoe · incluye fuentes primarias y secundarias
Total importado: 12.229 Ktoe · Año: 2023 · Fuente: Balance Nacional de Energía del Perú (BNE 2023).
Perú cuenta con un marco regulatorio sólido para el desarrollo energético bajo en emisiones. Sin embargo, este marco responde más a un modelo económico orientado al mercado que a una estrategia climática coherente, un modelo que se ha mantenido notablemente estable pese a la prolongada inestabilidad política del país. Desde la década de 1990, el sector energético ha permanecido abierto a la inversión privada y al capital extranjero, con concesiones otorgadas mediante procesos competitivos y reglas tarifarias predecibles. Como resultado, la evolución del sector energético ha estado determinada en mayor medida por señales de mercado y decisiones de inversión privada que por una planificación estatal coordinada.
Dos instituciones tecnocráticas han sido fundamentales para sostener la continuidad normativa. Por un lado, el Organismo Supervisor de la Inversión en Energía y Minería (OSINERGMIN) actúa como regulador independiente encargado de definir y supervisar tarifas y estándares técnicos.1 Por otro lado, el Comité de Operación Económica del Sistema Interconectado Nacional (COES) administra el despacho eléctrico y la planificación operativa del sistema.2 En conjunto, ambas instituciones han contribuido a preservar un entorno regulatorio estable incluso durante períodos de elevada incertidumbre política.
La arquitectura regulatoria que sustenta este modelo se consolidó mediante la apertura de los segmentos de generación, transmisión y distribución a la inversión privada, el fortalecimiento de los mecanismos de contratación competitiva y la introducción de subastas para energías renovables con señales de precio de largo plazo.3 Estas reformas permitieron construir un marco institucional simple pero consistente, capaz de atraer inversión nacional y extranjera durante más de tres décadas.
A pesar de esta continuidad institucional, el desarrollo de la transición energética peruana ha estado condicionado por una capacidad limitada del Poder Ejecutivo para sostener políticas de largo plazo. La sucesión constante de presidentes y ministros de Energía durante la última década ha generado ciclos de avance y estancamiento en la implementación de regulaciones, subastas y proyectos estratégicos. Como señalaron varios entrevistados, la transición energética en Perú ha sido impulsada en gran medida por actores externos.4 En palabras de uno de ellos, "las empresas extranjeras son las que realmente han impulsado la transición", mientras que otro afirmó que "Perú no llevará a cabo una transición energética por sí solo ni por decisión propia".5 Estas percepciones reflejan el peso que tienen los mercados internacionales, las cadenas globales de suministro, los organismos multilaterales y los inversionistas extranjeros en la definición de las prioridades energéticas del país.
Las condiciones económicas también han contribuido a orientar la evolución del sector e industrias asociadas. El crecimiento sostenido de la demanda eléctrica asociada a la minería, la vulnerabilidad de la generación hidroeléctrica frente a eventos climáticos extremos y la necesidad de ampliar la infraestructura de transmisión han favorecido tecnologías capaces de ofrecer costos competitivos y menor exposición a riesgos de mercado.6 La severa sequía registrada en 2023 puso de manifiesto estas limitaciones al provocar aumentos significativos en los precios de la electricidad y reforzar la necesidad de expandir la red de transmisión y acelerar la incorporación de fuentes renovables complementadas por almacenamiento y capacidad de respaldo.7
En el plano internacional, Perú ha alineado formalmente su política energética con los compromisos asumidos bajo el Acuerdo de París mediante sus Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC) y su estrategia climática de largo plazo hacia 2050.8 Asimismo, se incorporó en 2020 a la Powering Past Coal Alliance y ejerció la presidencia del Sistema de Integración Eléctrica Andina (SINEA)9 durante el período 2023-2024 con apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Como anfitrión de APEC 2024,10 también impulsó la Declaración de Lima sobre tecnologías de energía limpia, incluido el hidrógeno.
Aunque estos espacios no determinan directamente la política energética peruana, sí contribuyen a moldear incentivos y prioridades para el desarrollo del sector. Dicho esto, la capacidad del país para avanzar en sus compromisos internacionales depende de una estructura energética marcada por fuertes asimetrías entre actores públicos y privados.
A diferencia de otros países petroleros de la región, donde las empresas estatales de hidrocarburos ejercen un rol dominante, en Perú la capacidad de influencia de Petroperú es limitada frente al consorcio privado de Camisea —integrado por Pluspetrol, Hunt Oil y Repsol— que controla la producción nacional de gas natural.11
La modernización de la refinería de Talara ilustra con claridad estas tensiones. Concebido para ampliar la capacidad de refinación, mejorar la calidad de los combustibles y disminuir la dependencia de importaciones, el proyecto acumuló sobrecostos, retrasos y problemas de gestión que deterioraron gravemente la situación financiera de Petroperú.12 Aunque Talara es hoy uno de los activos energéticos más modernos del país, sus dificultades operativas y financieras han llevado al gobierno a transferir su gestión al sector privado, evidenciando los límites de la empresa estatal para consolidarse como un actor competitivo dentro del sistema energético peruano.
Limitaciones estructurales
Aunque el sector cuenta con una regulación estable, la transición energética en el Perú sigue limitada por problemas estructurales. Estos desafíos van más allá del diseño institucional y responden a dinámicas más complejas de la economía política del país.
El primero es la marcada y creciente dependencia del gas natural. Varios de los entrevistados describieron al gas como la verdadera columna vertebral de la economía energética peruana y como un recurso políticamente difícil de reemplazar.13 Esta percepción se refleja en propuestas destinadas a ampliar el acceso al gas y reactivar proyectos como el Gasoducto Sur Peruano bajo argumentos de seguridad energética y asequibilidad. A pesar de ello, esta estrategia también enfrenta crecientes interrogantes sobre su sostenibilidad a largo plazo. La disminución de las reservas probadas ha reforzado la necesidad de atraer nuevas inversiones en exploración y producción para garantizar el abastecimiento futuro, mientras varios entrevistados advirtieron que una profundización de la dependencia gasífera podría desplazar inversiones en energías renovables y almacenamiento, además de incrementar los costos económicos y políticos de una futura descarbonización.14
El segundo desafío está relacionado con la creciente presión sobre los recursos hídricos. Al igual que varios de los países analizados en este estudio, la elevada concentración de la hidroelectricidad en la generación eléctrica expone al sistema peruano a una creciente vulnerabilidad frente a sequías y eventos climáticos extremos. Esta vulnerabilidad quedó en evidencia durante la sequía asociada al fenómeno de El Niño de 2023, que redujo significativamente la generación hidroeléctrica y obligó al operador del sistema a recurrir a una mayor generación térmica de respaldo, incrementando tanto los costos del sistema como la dependencia de combustibles fósiles.15
Esta presión sobre los recursos hídricos también se manifiesta en las regiones mineras del país. La expansión de la minería del cobre ha intensificado las disputas por el acceso y uso del agua en regiones andinas vulnerables. En muchas de estas zonas, las comunidades asocian la actividad minera con una menor disponibilidad hídrica, mayores riesgos de contaminación y una supervisión ambiental insuficiente.16 Como resultado, la gobernanza del agua se ha convertido en un factor cada vez más importante para la viabilidad política y social de la transición energética peruana.
El tercer desafío está asociado a los conflictos socioambientales que caracterizan gran parte de las actividades extractivas. En la zona de Camisea, comunidades cercanas siguen denunciando un acceso desigual a los beneficios energéticos y limitados impactos positivos a nivel local.17 De manera similar, conflictos de alto perfil en torno a Las Bambas han evidenciado los costos económicos y políticos derivados de disputas persistentes sobre tierras, distribución de beneficios e impactos ambientales.18 Los bloqueos recurrentes y las interrupciones operativas han puesto de manifiesto las limitaciones de los mecanismos estatales para prevenir y gestionar este tipo de conflictos.
Estas tensiones se ven agravadas por debilidades persistentes en materia de gobernanza ambiental y participación ciudadana. Diversos organismos internacionales y organizaciones especializadas han documentado casos de intimidación, criminalización y acoso contra defensores ambientales, así como una brecha significativa entre los mecanismos formales de consulta, participación y protección existentes y su implementación efectiva en los territorios.19 Como señalaron algunos entrevistados, los procedimientos de consulta existen formalmente, pero su aplicación suele ser insuficiente y el diálogo con las comunidades frecuentemente se intensifica únicamente cuando los conflictos ya han alcanzado niveles críticos.20
Suministro total de energía primaria (TPES) — 2023
Fuente: cálculos propios a partir de Balance de Energía Nacional, 2023.
Ver tabla de datos
| Fuente | Tipo de energía | Ktoe | % del total |
|---|---|---|---|
| Gas natural1 | Combustible fósil | 17.830 | 56,72% |
| Petróleo | Combustible fósil | 6.854 | 21,80% |
| Hidroeléctrica | Renovable | 3.125 | 9,94% |
| Leña | Renovable - Biomasa | 2.237 | 7,12% |
| Carbón | Combustible fósil | 587 | 1,87% |
| Bagazo | Renovable - Biomasa | 454 | 1,44% |
| Eólica | Renovable | 134 | 0,43% |
| Bosta y yareta | Renovable - Biomasa | 108 | 0,34% |
| Solar | Renovable | 108 | 0,34% |
| Total | 31.437 | 100,0% |
1 Incluye gas natural y líquidos de gas natural (LGN).
En 2023, la matriz energética peruana estuvo dominada por los combustibles fósiles, que representaron cerca del 80% del suministro total de energía primaria. El gas natural y los líquidos asociados a su producción constituyeron el principal componente de la oferta energética nacional, aportando aproximadamente el 56,7% del total, la participación más alta entre los seis países analizados. El petróleo y sus derivados representaron otro 21,8%, mientras que el carbón mantuvo una presencia marginal de apenas 1,9%. Esta configuración convirtió a Perú, junto con Argentina, en uno de los dos casos del estudio donde la dependencia de los combustibles fósiles se articuló principalmente alrededor del gas natural y no del petróleo.
La centralidad del gas natural responde principalmente al desarrollo del complejo de Camisea, el principal yacimiento gasífero del país y uno de los proyectos energéticos más importantes de las últimas décadas. La producción doméstica de gas ha permitido reducir parcialmente la exposición de Perú a la volatilidad de los mercados internacionales de hidrocarburos. Dicho lo anterior, la limitada capacidad nacional de refinación implica una dependencia relevante de combustibles importados, aunque en niveles inferiores a los observados en Ecuador.
Las fuentes renovables representaron aproximadamente una quinta parte de la oferta total de energía primaria. La hidroelectricidad aportó 9,9%, mientras que la biomasa representó alrededor de 8,9%. No obstante, gran parte de esta biomasa correspondió a fuentes tradicionales como leña, carbón vegetal y bagazo, utilizadas principalmente en hogares rurales y actividades industriales de baja eficiencia. La energía eólica y la solar mantuvieron participaciones todavía marginales dentro de la matriz energética, con apenas 0,43% y 0,34%, respectivamente. Al igual que en Colombia, la participación de las energías renovables dentro de la matriz primaria fue considerablemente menor de lo que podría sugerir el peso de la hidroelectricidad en la generación eléctrica.
Uso de energía por sector — 2023
Fuente: Balance de Energía Nacional, 2023.
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| Sector | Ktoe | % del total |
|---|---|---|
| Transporte | 9.863 | 44,31% |
| Industria1 | 6.438 | 28,92% |
| Residencial | 3.949 | 17,74% |
| Comercial y público | 1.490 | 6,69% |
| Agricultura2 | 276 | 1,24% |
| No energético | 242 | 1,09% |
| Total | 22.258 | 100% |
1 Incluye la industria minera.
2 Incluye la industria pesquera.
Los patrones sectoriales de consumo ayudan a explicar la persistencia de esta dependencia de los combustibles fósiles. En 2023, el transporte representó el principal sector consumidor, concentrando aproximadamente el 44,3% de la demanda energética total, la segunda participación más alta entre los seis países analizados, solo por detrás de Ecuador. La industria y la minería representaron conjuntamente 28,9% del consumo final, impulsadas principalmente por el uso de gas natural para procesos térmicos y actividades productivas intensivas en energía. El sector residencial absorbió 17,7% de la demanda energética, mientras que los sectores comercial y público representaron 5,4% y 1,3%, respectivamente. Esta estructura de consumo evidencia que los principales desafíos de descarbonización en Perú se concentran en el transporte y en los sectores industriales intensivos en energía.
Fuentes de generación eléctrica — 2023
Fuente: cálculos propios a partir de Balance de Energía Nacional, 2023
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| Fuente | Tipo de energía | GWh | % del total |
|---|---|---|---|
| Hidroeléctrica | Renovable | 29.161 | 46,80% |
| Gas natural | Combustible fósil | 27.478 | 44,10% |
| Eólica | Renovable | 2.368 | 3,80% |
| Diésel | Combustible fósil | 1.184 | 1,90% |
| Solar | Renovable | 1.122 | 1,80% |
| Bagazo | Renovable - Biomasa | 561 | 0,90% |
| Fuel oil | Combustible fósil | 374 | 0,60% |
| Biogás | Renovable - Biomasa | 62 | 0,10% |
| Total | 62.209 | 100,0% |
La matriz eléctrica peruana presenta una composición considerablemente más diversificada y menos intensiva en carbono que la matriz energética general del país. En 2023, las fuentes renovables representaron el 53,4% de la generación eléctrica nacional. La hidroelectricidad constituyó la principal fuente de generación con 46,8% del total, seguida por la energía eólica (3,8%), la solar (1,8%) y la biomasa (1%). Los combustibles fósiles representaron el 46,6% restante, dominados casi exclusivamente por el gas natural, que aportó 44,1% de la electricidad generada. El diésel y el fuel oil mantuvieron participaciones marginales de 1,9% y 0,6%, respectivamente.
Uso de electricidad por sector — 2023
Fuente: Balance de Energía Nacional, 2023.
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| Sector | GWh | % del total |
|---|---|---|
| Industria y minería | 31.620 | 58,14% |
| Residencial | 10.935 | 20,11% |
| Comercial y público | 10.116 | 18,60% |
| Agricultura1 | 1.627 | 2,99% |
| Transporte | 84 | 0,16% |
| Total | 54.382 | 100,0% |
1 Agricultura: incluye pesca.
Los patrones de consumo eléctrico reflejan el peso de las actividades productivas dentro de la economía peruana. En 2023, la industria y la minería concentraron conjuntamente el 58,1% de la demanda total de electricidad, convirtiéndose por amplio margen en el principal sector consumidor. El sector residencial representó 20,1% del consumo eléctrico, seguido por las actividades comerciales y públicas con 18,6%. Por el contrario, el transporte absorbió apenas 0,2% de la electricidad consumida en el país, reflejando el escaso grado de electrificación de la movilidad peruana. La elevada participación de la industria y la minería distingue a Perú de la mayoría de los países analizados y refleja la importancia de los sectores extractivos dentro de su economía. Esta estructura ha convertido a las grandes empresas mineras en actores cada vez más relevantes para la evolución del sector eléctrico, particularmente a través de su demanda de nueva capacidad de generación y de contratos de suministro de largo plazo. Al mismo tiempo, la reducida participación del transporte en el consumo eléctrico pone de relieve el amplio margen existente para avanzar en la electrificación de la movilidad como parte de una estrategia más amplia de reducción de emisión de gases de efecto invernadero.21
La presencia china en la transición energética peruana se manifiesta principalmente a través de su creciente participación en la minería, la distribución eléctrica y las cadenas de suministro tecnológicas. Esta trayectoria se ha desarrollado en paralelo a la profundización de los vínculos económicos entre ambos países, particularmente desde la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Perú y China en 2010.
Las preferencias arancelarias contempladas en el TLC han contribuido al crecimiento del comercio bilateral, especialmente en minerales y metales, consolidando la centralidad de los sectores extractivos dentro de la relación económica entre ambos países.22 Sin embargo, varios de los entrevistados señalaron que el acuerdo carece de disposiciones ambientales y sociales modernas y que una eventual actualización debería incorporar estándares más robustos en materia de sostenibilidad, transparencia y gobernanza.23
La minería constituye el principal punto de encuentro entre la presencia china y la transición energética peruana. Las exportaciones de cobre y zinc generan una parte importante de los ingresos fiscales del país, mientras que la actividad minera absorbe aproximadamente un tercio de la demanda eléctrica nacional. Esto convierte al sector en uno de los principales motores de la economía peruana y, al mismo tiempo, en un actor central dentro de cualquier estrategia de transición energética.24 Empresas chinas como MMG en Las Bambas y Chinalco en Toromocho ocupan posiciones centrales dentro de este sector.
El caso más emblemático es la mina de cobre Las Bambas, operada por MMG desde su adquisición a Glencore en 2014.25 Ubicada en el sur del país, es una de las mayores minas de cobre del mundo, con una capacidad de producción cercana a las 400.000 toneladas anuales y una contribución aproximada del 15% a la producción nacional de cobre.26 La transferencia de propiedad se produjo en un contexto marcado por disputas sociales y ambientales no resueltas. Por su parte, el Estado peruano permitió que la operación avanzara sin mecanismos adecuados de supervisión ni consulta previa a las comunidades afectadas, una falla que, como se detalla más adelante, derivó en conflictos prolongados.
Como explicó uno de los expertos entrevistados, "en el contexto peruano, la transición energética expone tensiones estructurales profundas vinculadas a la presencia china y a casos emblemáticos como Las Bambas, donde el cambio de propiedad sin consulta previa desató conflictos prolongados y reveló la incapacidad del Estado para garantizar una transición justa".27
Cabe destacar que esta dinámica no es exclusiva de las empresas chinas. La misma refleja la forma en que industrias extractivas de distintos orígenes operan en contextos caracterizados por déficits persistentes de gobernanza, expectativas sociales insatisfechas y mecanismos insuficientes de gestión de conflictos. Lo que distingue el caso chino es la combinación de financiamiento respaldado por el Estado y coordinación diplomática que suele acompañar estos proyectos, integrándolos dentro de una relación bilateral más amplia.
Como señala Cynthia Sanborn, especialista en relaciones Perú-China, "los chinos están en minería; tienen siete proyectos significativos en la cartera del Ministerio, cinco de ellos ya operativos. También tienen activos solares y eólicos en Marcona a través de la compra de Luz del Sur, que ya tenía proyectos renovables".28 Esta observación ilustra cómo la presencia china en Perú conecta actividades que suelen analizarse por separado. La minería, la generación renovable y la infraestructura eléctrica forman parte de una misma red de inversiones vinculadas tanto a la producción de minerales estratégicos como al suministro energético necesario para su extracción y procesamiento.
La expansión china también ha alcanzado segmentos estratégicos del sector eléctrico. En 2020, China Yangtze Power, perteneciente al grupo Three Gorges, adquirió Luz del Sur a la estadounidense Sempra Energy. Cuatro años después, China Southern Power Grid completó la compra de Enel Perú, incluyendo sus operaciones en Lima. Esta operación constituyó la mayor adquisición china en el sector energético peruano hasta la fecha y otorgó a empresas estatales chinas el control de las dos principales distribuidoras eléctricas de la capital.
Como resume Sanborn, "las dos principales distribuidoras y generadoras en Lima están ahora bajo control chino".29 Más allá de la participación de mercado, estos activos proporcionan ingresos regulados estables y una posición estratégica de largo plazo dentro del mercado eléctrico más importante del país. Al mismo tiempo, permiten a las empresas chinas consolidar su presencia en uno de los segmentos más rentables y políticamente relevantes del sistema energético peruano.
Su presencia en generación se concentra principalmente en proyectos hidroeléctricos y solares específicos, frecuentemente desarrollados mediante contratos de ingeniería, procura y construcción (EPC) liderados por empresas como PowerChina. Estos esquemas suelen combinar financiamiento, construcción y suministro tecnológico, reduciendo costos y acelerando plazos de ejecución.
Su ventaja competitiva no radica únicamente en los costos. Como sostuvo el periodista Jack Lo: "Son más tolerantes al riesgo y flexibles en la práctica. Volviendo a Las Bambas, ¿qué empresario quiere invertir en un negocio lleno de problemas, aunque sea una de las minas de cobre más grandes del mundo? Ellos asumen el riesgo, se adaptan a las condiciones locales y, si ven una oportunidad de ganancia, la persiguen de todos modos".30 Esta disposición a operar en entornos caracterizados por incertidumbre política, conflictividad social o debilidades institucionales ha permitido a las empresas chinas expandirse en sectores donde otros inversionistas internacionales suelen mostrarse más reacios.
La presencia china también es visible en las cadenas de suministro asociadas a la transición energética. Al igual que todos los otros países del estudio, Perú depende ampliamente de módulos solares y otros componentes fabricados en China.
A pesar de esta expansión, la estructura del sistema eléctrico peruano demuestra que las empresas chinas no dominan el sector. La infraestructura de transmisión, uno de los principales cuellos de botella para la integración de nuevas energías renovables, permanece controlada principalmente por empresas colombianas, españolas y brasileñas como ISA, Redeia, Acciona, Alupar y Atlantica.31 Esta diversificación de operadores reduce la capacidad de cualquier actor extranjero para ejercer una influencia determinante sobre la planificación de largo plazo del sistema. En conjunto, la presencia china no redefine por sí sola la transición energética peruana, pero sí amplifica las tensiones inherentes a un modelo basado en la extracción de recursos y en capacidades estatales limitadas. Más que un actor externo disruptivo, China opera como un acelerador de dinámicas ya presentes: concentración sectorial, dependencia de minerales estratégicos y vulnerabilidades en la gobernanza. En última instancia, el caso peruano sugiere que la transición energética del país está guiada más por las estructuras políticas y económicas locales que por el origen de las inversiones extranjeras.
Notas y fuentes (31)
- Organismo Supervisor de la Inversión en Energía y Minería (OSINERGMIN), "Osinergmin", consultado el 8 de junio de 2026. Enlace↗
- Comité de Operación Económica del Sistema Interconectado Nacional (COES), "COES", consultado el 8 de junio de 2026. Enlace↗
- Presidencia de la República del Perú, Decreto Ley n.º 25844 de 1992, Ley de Concesiones Eléctricas, Diario Oficial El Peruano, 19 de noviembre de 1992. Enlace↗
- Resultado derivado de entrevistas estructuradas realizadas por la Fundación Andrés Bello en Perú entre abril y octubre de 2025.
- Ibid.
- Ministerio del Ambiente y Ministerio de Energía y Minas del Perú, Evaluación de la vulnerabilidad y adaptación en el sector electricidad, 2007. Enlace↗
- Maritza Sáenz, "Precio de la electricidad podría incrementarse, ¿a quiénes afectará?", RPP Noticias, 19 de junio de 2023. Enlace↗
- Ministerio del Ambiente del Perú, Contribuciones determinadas a nivel nacional del Perú: Reporte de actualización de las NDC del Perú para el periodo 2021–2030, 2021. Enlace↗
- Ministerio de Energía y Minas del Perú, "Perú asume la Presidencia Pro Tempore del SINEA para impulsar la conectividad energética con Ecuador, Chile, Colombia y Bolivia", 10 de mayo de 2023. Enlace↗
- Sandor Lukacs de Pereny, "APEC 2024: importancia de la Presidencia Pro Témpore", Conexión ESAN, 26 de febrero de 2024. Enlace↗
- Camisea, "Somos Camisea", consultado el 8 de junio de 2026. Enlace↗
- EnerNews y El Comercio, "Contraloría del Perú investiga retrasos en Talara", Mining Press, 2019. Enlace↗
- Resultado derivado de entrevistas estructuradas realizadas por la Fundación Andrés Bello en Perú entre abril y octubre de 2025.
- Resultado derivado de entrevistas estructuradas realizadas por la Fundación Andrés Bello en Perú entre abril y octubre de 2025.
- Juan Saldarriaga, "El Niño pone en alerta al sector eléctrico, ¿qué ha pasado y qué podría pasar?", El Comercio, 27 de junio de 2023. Enlace↗
- Leslie Moreno Custodio, "'How are we going to live?': The impact of mining on communities in Peru", Dialogue Earth, 17 de octubre de 2023. Enlace↗
- Comunicaciones AIDESEP, "Camisea: organizaciones y autoridades del Bajo Urubamba exigen atención urgente tras deflagración del gasoducto de Camisea", AIDESEP, 4 de febrero de 2026. Enlace↗
- Martín León Espinosa, "¿Por qué la mina Las Bambas en Perú está en constante conflicto?", Dialogue Earth, 22 de abril de 2022. Enlace↗
- Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OHCHR), "Perú: las personas defensoras de la tierra y el ambiente están en peligro, según experto de la ONU", 3 de febrero de 2020. Enlace↗; SPDA Actualidad Ambiental, "¿Cuánto se ha avanzado en la protección de los defensores ambientales en el Perú y qué está pendiente?", 28 de julio de 2023. Enlace↗
- Resultado derivado de entrevistas estructuradas realizadas por la Fundación Andrés Bello en Perú entre abril y octubre de 2025.
- Francisco Ramírez Cartagena et al., Análisis y diseño de modelos de negocio y mecanismos de financiación para buses eléctricos en Lima, Perú, Nota técnica n.º IDB-TN-01802, Banco Interamericano de Desarrollo, 2020. Enlace↗
- Jhunior Shacamajo et al., "Análisis de las exportaciones de minerales 2017–2021: TLC entre Perú y China", Revista Científica Dékamu Agropec 3, n.º 1 (2022). Enlace↗
- Resultado derivado de entrevistas estructuradas realizadas por la Fundación Andrés Bello en Perú entre abril y octubre de 2025.
- Hablemos de Energía, "Minería y energía: desafíos y oportunidades para el crecimiento económico del Perú", ENGIE, 21 de febrero de 2025. Enlace↗
- Redacción, "Glencore obtiene US$ 7,000 millones por venta de mina Las Bambas en Perú", Gestión, 1 de agosto de 2014. Enlace↗
- BNamericas, "MMG eleva producción y ventas en Las Bambas y proyecta fuerte inversión", 2026. Enlace↗
- Resultado derivado de entrevistas estructuradas realizadas por la Fundación Andrés Bello en Perú entre abril y octubre de 2025.
- Cynthia Sanborn, entrevista realizada por la Fundación Andrés Bello, Lima, Perú, 20 de agosto de 2025.
- Ibid.
- Jack Lo, entrevista realizada por la Fundación Andrés Bello, Lima, Perú, 18 de agosto de 2025.
- Emilia Lardizabal, "ISA Energía advierte sobre las brechas de transmisión en Perú y pide al Gobierno acelerar la regulación", Energía Estratégica, 3 de noviembre de 2025. Enlace↗
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