septiembre 22, 2026

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La embajada de las cosas

Fundación Andrés Bello

La embajada de las cosas

Un reportaje de la serie: “China y Taiwán en el imaginario guatemalteco”

El semáforo cambia a rojo en la Avenida Reforma, una arteria principal del distrito financiero de Ciudad de Guatemala. Un vendedor estira el brazo para ofrecer un cargador de teléfono a un mensajero que conduce una Italika. En un centro comercial cercano, una joven se detiene frente a un estante lleno de juguetes minimalistas, mientras una abuela, en el mercado del barrio, pregunta si a la sartén en venta “se le cae el teflón”. Los edificios aledaños están llenos de trabajadores tecleando en computadoras Lenovo, comprando suministros de oficina o almorzando en un comedor ejecutivo, sobre platos de porcelana con un sello que dice: Made in China.

Lucía Escobar y José Enrique Martínez-Cropped

por Lucía Escobar y José Enrique Martínez

Ninguna de estas personas está pensando en geopolítica. Ninguna tiene en mente el Estrecho de Taiwán, los debates de la Asamblea General de la ONUo los esfuerzos de Taipéi por el reconocimiento internacional. Para ellos, China no es una postura ideológica; es la textura de su rutina. Oficialmente, la República Popular China (RPCh) no mantiene relaciones diplomáticas con Guatemala. No hay una bandera roja de cinco estrellas ondeando en un edificio, ni un embajador firmando acuerdos bilaterales con el gobierno de turno. El reconocimiento diplomático le pertenece a Taipéi. Sin embargo, el vacío de una embajada se llena con el peso de las cosas.

El antropólogo británico Daniel Miller, especializado en cultura material y en la relación entre personas y objetos, explica en su teoría sobre la "humildad de las cosas" que los objetos materiales son poderosos no cuando son evidentes, sino precisamente cuando se vuelven invisibles. “Al operar silenciosamente como el marco de nuestra rutina, determinan nuestras conductas y expectativas sin que nos demos cuenta ni podamos desafiarlos.”

Para esta serie de notas y con el fin de explorar la percepción que los guatemaltecos tienen de China y de Taiwán, se realizó un estudio mixto exclusivo basado en entrevistas a profundidad a personas con experiencias diferenciadas, como estudiantes jóvenes, personas que hubieran viajado a los territorios en cuestión, comerciantes que importan desde Asia, descendientes de familias chinas, y personas con poco o mucho conocimiento del tema; según sus respuestas a una encuesta previa en línea que respondieron 152 residentes de Guatemala que accedieron a participar, e incluía preguntas proyectivas, abiertas y cerradas de opción múltiple.

El estudio buscaba medir diplomacia cultural, o cómo se forma la imagen de un país a través de presencia institucional, relaciones bilaterales y poder blando declarado. Lo que encontró fue otra cosa: diplomacia material. China se abrió paso en la mente de los guatemaltecos no a través de una embajada, la cultura popular o la política exterior, sino mediante los objetos cotidianos y los precios asequibles de sus productos. Lo hizo con ese “Hecho en China” que casi nadie lee conscientemente, pero que todos reconocen en la ropa que visten y en los electrodomésticos que tienen en casa. Eso no estaba en la hipótesis original y es el descubrimiento más interesante del estudio.

 

La embajada de las cosas

 

Ante la pregunta ¿Qué palabra o concepto te viene a la mente al escuchar la palabra China?, uno de los hallazgos fue que casi una sexta parte de los sujetos (16,5%) la asoció con la producción, industria y comercio; y una quinta parte a “potencia, grandeza y poder” (18,42%). Sobre los productos "hechos en China", lo primero que viene a la mente es la “producción masiva” (69,7%) y los precios bajos (63,2%), aunque casi uno de cada cuatro (25,7%) también los asocia con tecnología y prestigio.

China ya se percibe como sinónimo de productos baratos y de baja calidad. Los datos la asocian con una combinación más compleja de precios asequibles, funcionalidad, tecnología y calidad variable. Esta imagen refleja la transformación global de China, desde una plataforma de manufactura de bajo costo hasta una potencia industrial con capacidades mucho más amplias. La coexistencia entre lo barato y lo innovador revela un imaginario en transición.

Como la encuesta midió variables típicas de un estudio de mercadeo, se hizo el ejercicio de analizar la marca país “China”. Se observó que tiene una recordación espontánea alta y consistente. Cuando se pide definirla, en una palabra, China produce respuestas inmediatas y coherentes entre grupos de edad y ocupación. Es lo que en marketing se llama top-of-mind o la marca que aparece primera sin que nadie la convoque.

Las asociaciones de China son fuertes, coherentes y predecibles entre todos los grupos de edad, según los cruces de resultados. Es una “marca” con imagen contradictoria, pero esa contradicción es consistente. En marketing, una marca predecible, aunque imperfecta, es más poderosa que una marca aspiracional pero difusa.

Quisimos identificar a través de qué canales los encuestados construyen su percepción sobre China. Los resultados confirman la tesis de la “diplomacia material”. La presencia mental del país asiático en Guatemala se ha creado sobre la experiencia física, comercial y cotidiana de las personas, muy por encima de los canales institucionales o de prensa.

Los números respaldan la premisa. Al desglosar las fuentes de esta percepción, los productos y la tecnología acumulan el 57,2% de las menciones, seguidos muy de cerca por los restaurantes y comida con un 72,4%. En contraste, las tiendas y mercados locales capturan el 40,1% de la atención, superando ligeramente el impacto de las redes sociales (30,9%), las conversaciones cotidianas (30,3%) y la experiencia directa (15,8%). Al realizar un cruce de datos, un total de 110 personas (72,4% de la muestra) marcaron canales puramente materiales para China: productos, tiendas o restaurantes.

En ausencia de una delegación diplomática formal, Beijing ha levantado una sede sin necesidad de burocracia. China no tiene un edificio oficial en el país, pero sus objetos ocupan un lugar cotidiano en la vida de millones de guatemaltecos. Si una embajada representa a un Estado en el extranjero, aquí son los productos los que hacen el trabajo.

 

Los números cuentan la historia

 

En las últimas tres décadas, las importaciones guatemaltecas procedentes de China crecieron de manera sostenida, hasta transformar la composición de las compras externas del país. Según un reportaje de Sergio Morales para el periódico La Hora de Guatemala, “hace 32 años, en 1994, China ni siquiera estaba dentro de los 10 países desde donde Guatemala hacía más importaciones”. Para 2004, ya había escalado al octavo puesto y, en 2014, al tercero.

El Banco de Guatemala, en su reporte de importaciones mensuales por país vendedor, muestra que de enero a mayo 2026 se ha importado $2.486.018.697 dólares desde la RPCh, ocupando un segundo lugar después de EE. UU. con $5.000.999.014. Taiwán ocupa el lugar 28 con $78.891.480. Las importaciones del China han tenido un crecimiento del 11,6%, mientras que Taiwán una disminución del 2,6%.

 

¿Qué clase de embajada construyó China?

 

Según el Observatorio de Complejidad Económica (OEC), en 2024, la canasta de importación china en Guatemala estuvo liderada por maquinaria y aparatos mecánicos con un valor de US$823 millones, seguida por maquinaria eléctrica y electrónica (US $739 millones) y autos, tractores, camiones y piezas por (US$577 millones).

En mayo 2026, según la misma fuente, las importaciones totales desde China sumaron US$502 millones (un incremento del 7.39% respecto a mayo de 2025). En el podio de los productos más importados encontramos en el tercer lugar al hierro semiacabado con USD$20,3 millones, utilizado por la industria local para transformarlo y fabricar varillas de construcción, acero estructural, tuberías, láminas y perfiles; en otras palabras, los materiales que sostienen la construcción del país. Sin embargo, la presencia cotidiana se vuelve más evidente en los siguientes dos rubros.

Con un empate en US$20m3 millones, en el segundo lugar se encuentran las motocicletas y vehículos de dos ruedas. Un ejemplo es la marca Italika, la cual el 100% de sus motocicletas y piezas se fabrican e importan desde sus plantas aliadas en China (principalmente de gigantes chinos como Loncin y Zongshen) para luego ser distribuidas de forma masiva en el país. Según la página de las tiendas Elektra, dos modelos de esa marca ocupan dos de los tres más vendidos.

Destaca también la marca Haojue, que se posiciona en el segundo lugar de ventas según una nota de Emisoras Unidas publicada en el 2025. Su presencia ha crecido a nivel nacional gracias a su alianza y respaldo con Cofiño Stahl y Motos Génesis. Otras marcas son Cfmoto, Awan, Freedom y Serpento. Las últimas son marcas comerciales desarrolladas y distribuidas por grandes cadenas de tiendas en Guatemala, como El Gallo más Gallo. Estas empresas diseñan el nombre de la marca localmente, pero compran los contenedores de motocicletas desarmadas directamente a fábricas genéricas en China para ensamblarlas en talleres guatemaltecos. Estas motocicletas, antes de convertirse en el vehículo de un repartidor o el primer patrimonio de una familia, ya habían recorrido miles de kilómetros desde una fábrica en China.

Asimismo, en el primer lugar de importaciones durante el mes de mayo 2026, según el OEC, se encuentran los teléfonos con US$25,2 millones. Este dato no es menor, revela que el principal punto de contacto entre el país asiático y el ciudadano guatemalteco promedio ocurre a través de una pantalla. China es el tercer proveedor global de teléfonos para Guatemala, inyectando $115M anuales directamente al mercado aduanero guatemalteco. Además, es el origen de importación de telefonía con mayor tasa de crecimiento. Según el Mobile Vendor Market Share de junio 2025 a junio 2026 publicado por StatCounter Global Stats, la marca Xiaomi se consolida como la tercera marca de teléfonos más utilizada en Guatemala con un 8.51% del mercado activo, seguida muy de cerca por Honor, que ya captura el 7.03%.

El teléfono importado de China no es únicamente un canal de comunicación, sino el medio principal de la mayoría de las interacciones digitales. El teléfono importado de China es el dispositivo físico que moldea la vida cotidiana, el consumo y el entretenimiento de millones de personas, abriendo la puerta de entrada a plataformas de software, comercio digital y redes sociales como TikTok. Ese teléfono no solo conecta a su usuario con otras personas. También conecta a millones de guatemaltecos con plataformas, comercios, publicidad y contenidos cuyo punto de origen, muchas veces, también está en China.

Del contenedor a la puerta

Un distribuidor guatemalteco abre TikTok después del almuerzo. El algoritmo no le muestra un baile ni una receta. Le aparece un empresario chino caminando entre estanterías infinitas de una fábrica. Habla en español sencillo mientras señala cajas listas para embarcar: “No compre al distribuidor. Compre directo de fábrica.” Debajo del video hay un botón de WhatsApp.

Hace apenas unos años, importar desde China implicaba ahorrar para viajar a la Feria de Cantón, encontrar un proveedor confiable, negociar en otro idioma y llenar un contenedor completo. Hoy la distancia sigue siendo de más de 14 mil kilómetros, pero la distancia comercial es mucho menor.

Organizaciones como el Consejo Chino para la Promoción del Comercio Internacional (CCPIT) y cámaras empresariales organizan ruedas de negocios, visitas comerciales y encuentros con empresarios centroamericanos. Se apoyan en descendientes de la diáspora china de inicios del siglo XX. Al mismo tiempo, las redes sociales han abierto otro canal de contacto: fábricas que antes solo vendían a grandes importadores ahora buscan distribuidores directamente desde el teléfono de un comerciante guatemalteco.

La logística también cambió. Empresas especializadas consolidan carga de distintos compradores en un mismo contenedor y ofrecen servicios puerta a puerta. El pequeño comerciante ya no necesita importar un contenedor completo; puede comprar por volumen reducido, pagar un precio por kilo o metro cúbico y recibir la mercancía en su negocio.

La estrategia alcanza su expresión más visible en plataformas como Temu o AliExpress, donde la compra directa se volvió una experiencia cotidiana para millones de consumidores. China ha reducido la distancia entre sus fábricas y quienes los compran.

La otra embajada

La relación diplomática entre Taiwán y Guatemala supera ya los noventa años. Destaca por ser una de las más antiguas de Asia en América Latina. Sin embargo, su presencia cotidiana es muy distinta de la de China. Los datos del Banco de Guatemala presentados al inicio de esta nota reflejan esa diferencia.

También cambia la naturaleza de lo que llega. Según el OEC, Taiwán exporta principalmente insumos industriales, autopartes, maquinaria y productos químicos especializados. Se trata de bienes que participan en la producción, pero que rara vez llegan directamente a las manos del consumidor.

Taiwán no cuenta con el volumen ni la diversidad de productos chinos, pero destaca en nichos específicos. Aparece en hospitales, proyectos de cooperación, becas de estudio y convenios entre gobiernos. China ocupa el supermercado, la ferretería y la calle; Taiwán, las instituciones. Funcionan como un intento de construir un “vínculo afectivo y de autenticidad” a través del conocimiento especializado, intentando acortar esa “distancia cultural” que sus mercancías –invisibles como los microprocesadores–no logran llenar en el mercado masivo.

Como resume la periodista Haydeé Archila: “Aunque Taiwán ha sido aliado por décadas de nuestro país, su presencia en el imaginario colectivo no necesariamente es proporcional a esa relación. Incluso desconocemos que hay productos fabricados ahí; todo se lo atribuimos a China”.

De la ciudad de los juguetes al semáforo

El cargador de teléfono celular que el vendedor ambulante ofrece bajo el semáforo de la Avenida Reforma de Ciudad de Guatemala, o el juguete plástico que una niña comprará en la feria patronal de un pueblo en el interior del país, no llegaron ahí por azar. Detrás de cada uno de esos objetos opera una cadena logística invisible que ha transformado por completo la forma en que Guatemala se abastece.

En el centro de este engranaje se encuentran importadores como Víctor Campollo, un empresario guatemalteco que lleva dos décadas dedicándose a la importación de juguetes de plástico al por mayor desde la ciudad china de Shantou, conocida como “la ciudad de los juguetes”. Se estima que en Shantou y su distrito principal, Chenghai, operan más de 12 mil fábricas y empresas relacionadas directamente con ese sector.

Campollo distribuye estos productos a través de dos canales: fardos cerrados para almacenes y negocios mayoristas, y ventas por docena para pequeños comerciantes de la economía informal, aquellos que venden en ferias, mercados de pueblo o directamente en las calles, en un semáforo. Cuando Campollo comenzó en el negocio hace veinte años, el proceso era lento y dependía de intermediarios locales, que ya no existen. “Era por medio de una oficina aquí en Guatemala que tenía proveedores allá”, recuerda.

En aquel entonces, importar requería enviar fotos físicas, triangular cotizaciones y confiar en catálogos impresos. Con el tiempo, la norma pasó a ser el viaje obligatorio a las grandes ferias comerciales, como la de Hong Kong, para ver el producto y estrechar manos. Hoy, la pandemia de COVID-19 y la geopolítica actual terminó de acelerar una digitalización que reconfiguró las reglas del juego. El viaje físico ya no es indispensable.

El principal proveedor de Campollo mantiene una plataforma en línea con un catálogo que ronda el millón de juguetes de plástico, actualizando más de 300 fotos diarias. Sólo juguetes plásticos. Hay otras plataformas similares para juguetes de hule y otras para otros materiales. Pero el cambio más drástico no está en cómo los guatemaltecos buscan a China, sino en cómo China los busca a ellos.

“Antes, tener ese proveedor era una fortaleza. Sin embargo, ahora ya vienen los chinos y te hablan en español. Muy buen español… Es mi inglés el que no es tan bueno”, explica Campollo. “Ahorita sí ya están más agresivos. Antes uno los buscaba, ahora ellos ya vienen a Latinoamérica a ofrecer”.

Esta agresividad comercial se ha trasladado directamente a las pantallas de los teléfonos. Los fabricantes chinos ya no esperan en los pabellones industriales de Cantón. Ahora pautan en redes sociales y utilizan algoritmos que detectan la ubicación y los intereses de los comerciantes. Al poco tiempo de viajar o buscar un producto, las plataformas empiezan a inundar los perfiles de los distribuidores con anuncios específicos en español o inglés. Lo mismo al bajar del avión y salir del aeropuerto en Guangdong. El contacto directo se cierra a través de un mensaje de WhatsApp o WeChat, eliminando intermediarios y facilitando que incluso los pequeños importadores puedan consolidar carga en contenedores compartidos.

Para el comprador que asiste a las ferias o adquiere productos en los semáforos, la geopolítica es un concepto abstracto. A los clientes de Campollo no les importa si un juguete proviene de China, de Taiwán, de Japón o de Colombia; lo único que determina la compra es el precio y la funcionalidad.

“Realmente lo que quiere es precio”, señala el empresario. Y en esa ecuación, la capacidad de producción masiva de China no tiene competencia.

El vendedor ambulante de la Avenida Reforma vuelve a caminar entre los autos y motocicletas cuando el semáforo se pone en verde. En su mano lleva un cargador que, antes de llegar a esa esquina, fue fabricado en masa, promovido a través de un algoritmo digital, negociado por chat y transportado a través del Pacífico para ser adquirido en un almacén informal del centro de la Ciudad de Guatemala. Guatemala puede seguir reconociendo diplomáticamente a Taipéi, mientras en las oficinas gubernamentales se firman convenios de cooperación y se anuncian becas bajo la bandera de Taiwán. Pero en la calle, la realidad material es otra.

La República Popular China no necesita una sede diplomática con escudo y bandera. Su verdadera embajada está dividida en millones de pedazos: circula en las motocicletas que reparten alimentos, se despliega en los estantes de los mercados de barrio y se enciende cada vez que un guatemalteco presiona la pantalla de su teléfono celular.

Referencias:

Miller, D. (1987). Material Culture and Mass Consumption [Cultura material y consumo de masas]. Blackwell.

Lucía Escobar y José Enrique Martínez

Sobre los autores:

Lucía Escobar

Periodista y comunicadora guatemalteca con más de 25 años de trayectoria en periodismo independiente, libertad de expresión, derechos humanos y dinámicas sociales y comunitarias. Ha trabajado en medios de Guatemala y la región, desarrollando proyectos de comunicación y gestión cultural. Ha sido beneficiaria de becas de investigación periodística y consultora para organismos internacionales. Actualmente vive y ejerce el periodismo desde el exilio en Ciudad de México.

José Enrique Martínez

Mercadólogo e investigador guatemalteco. Ha diseñado y participado en estudios de marketing, salud pública y cambio de comportamiento en Centroamérica. Actualmente se desempeña como estratega y consultor, combinando investigación social, desarrollo de productos y crecimiento comercial.

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