Explorando el abismo: la expedición China–Chile de la Fosa de Atacama
Foto: Instituto Milenio de Oceanografía (IMO) | @imochile en X
En el extremo oriental del océano Pacífico, frente a las costas del norte de Chile, se abre una de las fisuras geológicas más imponentes del planeta: la Fosa de Atacama. Allí, la placa de Nazca se hunde bajo la placa Sudamericana en un proceso de subducción responsable de la formación a los Andes y que ha generado algunos de los terremotos más poderosos registrados en la historia. En 2026, Chile y China lanzaron la Expedición Conjunta de la Fosa Atacama China-Chile (JCATE por sus sigles en inglés), una ambiciosa iniciativa conjunta para estudiar esta frontera tectónica.
¿Qué es el programa y qué busca?
JCATE es una expedición científica binacional diseñada para explorar el entorno hadal—las profundidades mayores a 6.000 metros— de la Fosa de Atacama. Su objetivo central es comprender mejor los procesos geológicos, oceanográficos y biológicos que ocurren en uno de los márgenes tectónicos más activos del planeta.

El foco principal está en tres áreas:
- Geofísica y riesgo sísmico: estudiar la estructura del fondo marino y del subsuelo para entender cómo se acumula y libera la energía que produce terremotos y tsunamis.
- Geología y geoquímica: analizar sedimentos, fallas y posibles deslizamientos submarinos que pueden amplificar eventos extremos.
- Biodiversidad profunda: documentar formas de vida adaptadas a presiones extremas y ambientes casi totalmente oscuros.
En términos simples, el programa busca responder preguntas fundamentales: ¿cómo funciona realmente la zona de subducción bajo Chile? ¿Qué procesos invisibles están en marcha antes de un gran terremoto? ¿Qué tipo de vida puede existir a casi 8.000 metros de profundidad?
Los actores principales
Por el lado chileno, el Instituto Milenio de Oceanografía (IMO), con base en la Universidad de Concepción, ha desempeñado un papel central en la coordinación científica. También participan investigadores de distintas universidades nacionales.
China aporta principalmente capacidades tecnológicas avanzadas a través del Instituto de la Ciencia e Ingeniería del Océano Profundo, perteneciente a la Academia China de Ciencias. Esta institución ha desarrollado parte de la infraestructura que permite operar a profundidades extremas.
Más allá de los equipos científicos, la expedición también refleja una dimensión diplomática: es un ejemplo de cooperación científica estratégica entre ambos países en un área de alta complejidad tecnológica.
El componente tecnológico: clave del proyecto
Explorar el entorno hadal no es trivial. Las presiones superan las 800 atmósferas y las condiciones son hostiles para cualquier equipo convencional. JCATE ha utilizado el buque de investigación Tan Suo Yi Hao, diseñado para operaciones de alta mar, y el sumergible tripulado Fendouzhe, capaz de descender a profundidades cercanas a los 11.000 metros.
El uso de un sumergible tripulado marca una diferencia relevante: permite observación directa, recolección selectiva de muestras y registro visual en tiempo real. Durante la campaña se realizaron múltiples inmersiones profundas, generando imágenes, datos batimétricos de alta resolución y muestras del fondo marino.
Este tipo de tecnología sitúa la exploración hadal en un club reducido de países con capacidad real de operar en esas condiciones.
- El buque “Tan Suo Yi Hao” (探索一号, “Explorador No. 1”)

Este barco funciona como el “cuartel general” de la expedición. Es un buque científico de investigación de origen chino que sirve para trasladar científicos, equipos y, sobre todo, para lanzar y recuperar sumergibles al mar profundo. En esta misión fue desde donde se realizaron las inmersiones en la Fosa de Atacama.
Aunque el buque ha sido utilizado en múltiples campañas oceanográficas, su papel en JCATE ha sido fundamental: ha permitido realizar decenas de inmersiones, transportar tecnología y sostener las operaciones científicas a miles de kilómetros de la costa.
- El sumergible tripulado Fendouzhe (奋斗者, “El Luchador”)

“El Luchador” es un sumergible tripulado de profundidad extrema capaz de descender varios miles de metros bajo el mar. En otras palabras, permite que científicos bajen físicamente hasta las zonas más profundas de la Fosa de Atacama, observando en directo el fondo oceánico, tomando fotografías y recogiendo datos y muestras.
Este vehículo no es un simple robot, sino una cápsula diseñada para soportar las enormes presiones del fondo del océano —que en la Fosa de Atacama superan ampliamente los 8.000 metros de profundidad. Ha sido utilizado anteriormente en otras campañas internacionales para explorar fosas profundas del Pacífico, y representa una de las capacidades tecnológicas más avanzadas de China en exploración marina.
¿De dónde vienen estas tecnologías?
Tanto el buque Explorador No. 1 como el sumergible El Luchador forman parte de la infraestructura científica del Instituto de la Ciencia e Ingeniería del Océano Profundo de la Academia China de Ciencias (CAS), una de las principales instituciones de investigación del país. La construcción, diseño y modernización de estos equipos ha sido respaldada por programas chinos de ciencia y tecnología —incluyendo financiamiento directo de la CAS y de proyectos clave apoyados por el Ministerio de Ciencia y Tecnología de China— lo que significa que el Estado chino ha jugado un papel central en financiar estas capacidades tecnológicas.
¿Qué se ha logrado hasta ahora?
La expedición ha completado numerosas inmersiones a profundidades superiores a los 8.000 metros. Entre los resultados preliminares destacan:
- Nuevos mapas detallados del relieve submarino.
- Observaciones directas de ecosistemas profundos poco documentados.
- Recopilación de datos que podrían mejorar los modelos de riesgo sísmico y tsunamis en la costa chilena.
Sin embargo, en ciencia los resultados definitivos no se anuncian en conferencias de prensa sino en publicaciones revisadas por pares. El verdadero impacto del programa se medirá en los próximos años: artículos científicos, bases de datos abiertas, formación de investigadores y continuidad de la cooperación.
Más que exploración científica
Chile es uno de los países más sísmicos del mundo. Entender mejor la zona donde se originan los grandes terremotos no es una curiosidad académica, sino una necesidad estratégica. Cada avance en la comprensión de la geometría de la subducción, la estabilidad de los taludes submarinos o la dinámica de sedimentos puede traducirse en modelos más precisos de amenaza.
Al mismo tiempo, la Fosa de Atacama es un laboratorio natural para estudiar los límites de la vida en la Tierra, con implicaciones que incluso alcanzan la astrobiología.
JCATE no es solo una expedición al fondo del mar. Es una apuesta por ampliar la frontera del conocimiento en uno de los puntos más críticos del planeta, donde convergen geología extrema, riesgo natural y cooperación internacional de alto nivel tecnológico.
