Colombia se suma al giro global hacia el proteccionismo en el sector del acero
Foto: Ministerio de Comercio, Industria y Turismo
Colombia impuso un arancel del 35% a varias importaciones de acero y metal provenientes de países sin tratado de libre comercio, una medida que en la práctica afecta principalmente al acero chino. La decisión responde a la presión que han venido enfrentando los productores locales ante el aumento de importaciones a precios bajos, que han reducido márgenes, desplazado producción nacional y puesto en riesgo empleo en el sector. En este contexto, el gobierno interviene para darle oxígeno a la industria local, mientras sectores como la construcción advierten que esto puede traducirse en mayores costos.
La reacción de China, a través de su embajada en Bogotá, no fue confrontacional, pero sí cuidadosamente construida. En su declaración, la embajada señaló que había tomado nota de las preocupaciones expresadas por la Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol), que advirtió que el aumento de aranceles podría encarecer insumos clave y afectar al sector. Al destacar estas críticas, China no solo cuestiona indirectamente la medida del gobierno colombiano, sino que también visibiliza a actores locales que se oponen a ella. En paralelo, defendió la competitividad de sus productos, argumentando que los precios del acero chino responden a un sistema industrial eficiente —basado en escala, tecnología y gestión— y no a prácticas desleales, reforzando la idea de que sus exportaciones son un complemento útil para la economía colombiana.
El comunicado también busca desactivar una crítica más amplia sobre la industria china. La embajada afirmó que las exportaciones de acero chino hacia Colombia representan menos del 0,3% del total global de exportaciones de acero de China, sugiriendo que no existe un interés particular en “inundar” el mercado colombiano ni en desplazar a su industria local mediante dumping. A partir de ahí, el argumento se traslada al impacto interno.Según la embajada, restringir estas importaciones no resolverá los problemas estructurales del sector siderúrgico colombiano y, en cambio, podría elevar los costos para otras industrias, afectar a los consumidores y tener efectos negativos sobre el empleo. Es un mensaje dirigido directamente al debate doméstico, donde el conflicto no es solo comercial, sino también entre sectores económicos con intereses distintos.
Esta medida arancelaria de Colombia no ocurre en el vacío. En los últimos años, Estados Unidos y la Unión Europea han reforzado sus barreras comerciales frente al acero chino mediante aranceles, salvaguardias y medidas antidumping. En paralelo, las exportaciones chinas de acero alcanzaron 118,2 millones de toneladas en 2024, su nivel más alto registrado, y la OCDE señala que ese aumento se ha trasladado con fuerza a mercados de terceros países, incluida América Latina. Países como Brasil, Chile y México ya han aplicado medidas similares para frenar ese flujo, y ahora Colombia se suma a esa tendencia. El trasfondo es una industria global con exceso de capacidad—dominada por China, que produce más de la mitad del acero mundial—y una presión constante a la baja en precios internacionales.
