enero 15, 2026

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¿Qué aprende China del caso venezolano?

Parsifal D'Sola Alvarado

Más allá del caso venezolano, la captura de Nicolás Maduro introduce un precedente incómodo para China en América Latina. No por lo que dice sobre Venezuela, sino por lo que revela sobre la disposición de Estados Unidos a reactivar herramientas de intervención directa en su entorno inmediato cuando percibe intereses estratégicos en juego. Para Beijing, el mensaje no es normativo, sino operativo: en el hemisferio occidental, la superioridad de Estados Unidos sigue siendo asimétrica y, en ocasiones específicas, políticamente utilizable.

En términos operativos, la acción estadounidense sólo encuentra un antecedente comparable en la captura de Manuel Noriega en Panamá, hace más de tres décadas, a finales de la Guerra Fría. Sin embargo, describir la operación en Venezuela como un “retorno” a ese período sería un error analítico. A diferencia de entonces, cuando Washington combinaba el uso de la fuerza con una agenda explícita de promoción democrática en el hemisferio, la intervención de 2026 responde a una lógica distinta: la neutralización de un actor percibido como estructuralmente desestabilizador para la región. En este caso, el foco no está en la ingeniería política del régimen, sino en contener externalidades –desde la mayor crisis migratoria en la historia de América Latina hasta un antagonismo abierto hacia los intereses estadounidenses– que habían dejado de ser manejables por otras vías.

País Posición Oficial Fuente
🇧🇷 Brasil En contra Link / X
🇨🇱 Chile En contra Link
🇨🇴 Colombia En contra Link
🇨🇺 Cuba En contra Link
🇬🇹 Guatemala En contra Link
🇭🇳 Honduras En contra Link
🇲🇽 México En contra Link
🇳🇮 Nicaragua En contra Link
🇺🇾 Uruguay En contra Link
     
🇦🇷 Argentina A favor Link
🇧🇴 Bolivia A favor Link
🇨🇷 Costa Rica A favor Link
🇪🇨 Ecuador A favor Link
🇸🇻 El Salvador A favor Link
🇵🇦 Panamá A favor Link
🇵🇾 Paraguay A favor Link
🇵🇪 Perú A favor Link
🇩🇴 República Dominicana A favor Link
     
COMUNICADO CONJUNTO DE CARICOM
(Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice, Dominica, Grenada, Guyana, Haiti, Jamaica, Montserrat, Santa Lucía, San Cristóbal, San Vicente y las Granadinas, Surinam, Trinidad y Tobago)
Neutro Link

 

La región, además, reaccionó de manera variada: 9 gobiernos estuvieron a favor, 9 en contra, mientras que los 15 países que conforman la Comunidad del Caribe (CARICOM) optaron por una posición neutra. El reparto es un claro indicativo de que las acciones de Washington cuentan con un nivel considerable de apoyo político a nivel regional.

Por su parte, el actuar de los EEUU no buscó consenso, buscó credibilidad. En lugar de anclarse en una legitimidad multilateral, Washington apostó por demostrar que todavía puede producir resultados políticos decisivos en su entorno inmediato cuando interpreta que están en juego sus intereses estratégicos. Para China, el mensaje es menos jurídico que operativo: en el hemisferio occidental, EEUU sigue dispuesto a convertir su supremacía militar en una herramienta política utilizable.

En ese sentido, el valor de la operación no reside en su excepcionalidad, sino en el precedente que establece. En la práctica, los precedentes se miden por su efecto condicionante: reordenan percepciones de riesgo y reconfiguran márgenes de maniobra. En este caso en particular, Washington obliga a terceros a incorporar la posibilidad del cruce de umbrales que hasta ahora parecían improbables. Para Beijing, eso se traduce en un ajuste de cálculo sobre exposición, visibilidad y costo político de sostener posiciones en la región cuando entran en conflicto con prioridades estratégicas de Estados Unidos.

Frente a este nuevo umbral de riesgo, la respuesta china no apunta a una retirada, sino a una adaptación estratégica. Es probable que Beijing no reduzca su presencia diplomática en la región: seguirá apoyándose en el foro China-CELAC, en las relaciones bilaterales, en los BRICS y en la expansión de acuerdos comerciales, y difícilmente abandonará a países autocráticos como Venezuela, Cuba o Nicaragua en el plano político. Lo que sí tiende a ajustar es el tipo de exposición que está dispuesta a asumir. La experiencia venezolana refuerza la preferencia por esquemas menos personalistas, menos confrontacionales y más institucionalizados, que reduzcan fricción directa con Washington y distribuyan y balanceen costos junto a países en la región. China no se va, se camufla mejor. El caso de México –donde la presencia china se canaliza mediante joint ventures y la reconfiguración de cadenas de valor para acceder al mercado norteamericano– ilustra bien esta lógica de adaptación silenciosa.

 

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