
Desde los años 90, comerciantes de El Hueco, en Medellín, cambiaron Miami por China como fuente de mercancía. El testimonio de Aracely Rojas, gestora de viajes durante tres décadas, muestra cómo redes chinas de acompañamiento y visado facilitaron la ruta hacia Guangzhou y Yiwu.

Sebastian Castaño Palacio
Cada vez más personas en Colombia están montando sus propios negocios con productos traídos de China. Algunos viajan hasta allá para buscar materias primas, mientras que otros compran la mercancía ya lista y le agregan su propia marca o estilo. Marcas como Trendy, de maquillaje, y Renesme, de accesorios para el cabello, forman parte de un creciente grupo de pequeñas y medianas empresas colombianas que construyen sus negocios tratando directamente con fabricantes chinos. Su presencia es fácil de notar en lugares como Unilago, en Bogotá, y los San Andresitos—centros comerciales informales—de distintas ciudades del país, identificados con la insigne etiqueta “made in China”.
Hoy es cada vez más común comprar mercancía china a través de plataformas como Alibaba, Shein y Temu. Pero antes de que estas herramientas facilitaran el contacto directo con proveedores, los comerciantes que querían abastecerse debían viajar a ferias, recorrer mercados y construir esas relaciones en persona. Ha cambiado la forma de comprar en China, pero no la práctica de surtir negocios colombianos con sus productos. Parte de su génesis se remonta a la década de los 90 en el departamento de Antioquia.
Aracely Rojas, una mujer oriunda de Medellín, ha dedicado más de cuarenta años trabajando en el sector turístico, lo que ella misma describe como "toda mi vida y una verdadera pasión”. Su amplia experiencia terminaría enfocada en facilitar el destino de personas hacia China con fines comerciales. Todo comenzó a principios de los 90, un momento en el que el país apenas empezaba a abrir sus puertas al comercio internacional y en el que también se exacerbaba la violencia debido a los carteles que se lucraban del narcotráfico. Anteriormente, los colombianos accedían a bienes electrónicos más que todo por fuera del país, ya fuera para venderlos en Colombia o para sus hogares. Muchos de los que se conseguían en comercios informales eran provistos en su mayoría por contrabando.
Para ese momento, la familia Gómez, uno de los principales clientes de Rojas, se dedicaba a la venta de productos electrónicos traídos desde Miami. De un momento a otro, los Gómez decidieron sustituir Miami por Beijing como lugar de abastecimiento. Rojas señala que esta decisión estuvo motivada por una información que recibieron de un conocido en el Estado de Florida quien les recomendó los bajos precios que ofrecía el país asiático en comparación con los de Estados Unidos.
Desde entonces, el voz a voz sobre los precios que ofrecía el mercado chino se extendió de la familia Gómez a buena parte de los comerciantes de El Hueco, la mayor zona comercial popular y mayorista de Medellín. Ubicado en el sector de Guayaquil, El Hueco es un laberinto de pasajes y locales donde se consiguen productos de todo tipo a precios económicos. Su nombre proviene de una época en que el comercio se concentraba en los sótanos de edificios antiguos y los estrechos pasillos del centro de la ciudad. Hoy, sin embargo, es todo un ecosistema comercial y un referente histórico para los comerciantes de productos electrónicos, tanto para los paisas—forma coloquial como se denomina a los habitantes de Medellín—, como para vendedores de otros municipios de Antioquia y de distintos departamentos del país.
En este escenario se consolidaron familias tradicionales cuyos negocios encontraron en China una fuente clave de abastecimiento. Los Gómez, los Alzate y los Aristizábal son algunas de las familias que la señora Aracely recuerda como clientes habituales que, desde entonces, han tenido a la República Popular China como destino comercial.
En un principio, la gestión de la señora Rojas se limitaba a la compra de tiquetes y realizar la consulta correspondiente de los requisitos para solicitar la visa en la Embajada china. Sin embargo, con el tiempo se percató de que los viajeros enfrentaban muchas más inquietudes que el simple trámite migratorio y la coordinación del viaje. Comenzó entonces a preguntarse ¿qué ocurría una vez llegaban al otro lado del mundo? ¿dónde se hospedarían? ¿cómo harían para encontrar los almacenes de insumos y mercancías? ¿cómo se comunicarían en medio de una cultura y un idioma completamente ajenos?
Fue a través de las experiencias de sus propios clientes que halló algunas respuestas. En una ocasión, uno de ellos le comentó que en China existía toda una red de acompañamiento para comerciantes extranjeros. Le explicó que había personas encargadas de recibirlos en el aeropuerto, trasladarlos hasta el hotel y guiarlos por los principales centros comerciales y mercados mayoristas en donde podían realizar sus compras. Además, le contó que bastaba con que ese contacto enviara una carta de recomendación dirigida a la Embajada de China en Colombia para facilitar el proceso de obtención de la visa desde Medellín.
Más allá de la experiencia individual de los comerciantes, este relato permite identificar la existencia de una dinámica de acompañamiento institucional promovida por China para facilitar la llegada de potenciales clientes a sus principales centros de abastecimiento. La posibilidad de acceder a orientación logística, redes de recepción y recomendaciones formales que contribuían a agilizar los trámites de visado evidencia una articulación entre actores comerciales y representaciones diplomáticas chinas que, según el testimonio de Aracely, llevaba más de una década operando en Colombia.
Desde su perspectiva, este nivel de apoyo contrastaba con la experiencia de quienes buscaban establecer vínculos comerciales con Estados Unidos, donde los procesos migratorios y comerciales resultaban más individualizados y sin un acompañamiento de las instancias diplomáticas.
Para Rojas, ello marcó un punto de inflexión. Poco a poco Aracely fue construyendo una red de contactos y aprendiendo cada detalle del proceso comercial entre Colombia y China. Lo que comenzó como una simple gestión de tiquetes y trámites consulares terminó convirtiéndola en una reconocida gestora de paquetes de viaje para comerciantes colombianos. Su labor pasó de abarcar toda la cadena comercial, desde los desplazamientos entre Medellín, Bogotá y China, al acompañamiento permanente para asegurarse de que sus clientes llegaran sin contratiempos a su destino y pudieran alcanzar sus fines comerciales.
“Es una satisfacción para mí saber que mis clientes llegaron a sus destinos y que puedo ayudar a organizarse en su viaje… generarles tranquilidad, me da tranquilidad”, comentó.
Aracely menciona que, de las ciudades más frecuentadas por sus clientes en China en el transcurso de casi tres décadas, Guangzhou y Yiwu han concentrado la mayor parte de las visitas. La primera, capital de la provincia de Guangdong, alberga la Feria de Cantón, una de las ferias comerciales más grandes e importantes del mundo. En su edición de 2026, contó con un área de 1.55 millones de metros cuadrados, 32.000 puestos de exhibición y más de 32.000 mil visitantes internacionales.
No obstante, con el paso del tiempo, la ciudad de Yiwu, situada al este del país, se ha consolidado como el destino preferido. Según Rojas, sus mercados mayoristas, los más grandes del planeta, ofrecen precios más bajos y una variedad difícilmente igualable. Los viajeros llegan en avión a Shanghái o Guangzhou y de allí se desplazan en tren hasta esta ciudad, en cuyas galerías es posible encontrar desde luminarias y cosméticos hasta guantes quirúrgicos, papelería y accesorios de cocina.
No son pocos los colombianos que en los últimos años han encontrado en Yiwu su principal fuente de abastecimiento, afirma Rojas. Comerciantes de distintas ciudades del país —bogotanos, caleños y otros allende del oriente de Antioquia—, acuden cada temporada a sus pasillos en busca de los insumos con los que surten sus negocios, siguiendo los pasos de los pioneros antioqueños que adoptaron esa ruta hace ya más de treinta años.
Dicho lo anterior, no hay indicios de que una proporción significativa de los comerciantes colombianos, o de las pymes del país, dependa de productos chinos. Aun así, el testimonio de la señora Rojas deja entrever el creciente número de colombianos que viaja al país asiático para abastecer o poner en marcha sus propios negocios.
A principios de los años 90, el abastecimiento de productos electrónicos para el hogar se centraba mayoritariamente en los Estados Unidos. No cabe duda de que esa dinámica comercial ha quedado en el pasado para darle cabida a China. Esto ha permitido, a su vez, que la experiencia vaya acompañada de una inusitada promoción del país asiático por parte de los comerciantes, como lo ha hecho Camila Orrego —creadora de los productos Trendy y propietaria de Renesme— al publicar en plataformas como TikTok e Instagram sus experiencias comprando en China.
Para muchos comerciantes colombianos, entrar al mercado chino todavía supone resolver dudas sobre intermediarios, proveedores y logística. Sin embargo, esas dificultades no han frenado el interés por comprar directamente en el país asiático. Rojas cuenta que, con el paso de los años, ha recibido un número cada vez mayor de clientes interesados en viajar a China para abastecer sus negocios.
A su vez, las trayectorias de tales comerciantes dejan entrever cómo esa expansión no dependió únicamente de la iniciativa privada, sino también de mecanismos institucionales que redujeron barreras de acceso y facilitaron la circulación de personas interesadas en conectarse con los circuitos globales del comercio, entre ellos la propia representación oficial del país asiático en Colombia.
Para las pequeñas y medianas empresas que han construido su oferta a partir de productos chinos, las compras recurrentes pueden generar una dependencia creciente de ese mercado. Los precios, la variedad disponible en los mercados mayoristas y la infraestructura que facilita el abastecimiento hacen difícil encontrar alternativas con costos comparables. De ahí que muchos de estos negocios sostengan la mercancía que venden en lugares como El Hueco, en Medellín, los Sanandresitos y otros centros comerciales populares del país a partir de proveedores en China.
Hoy en día, Aracely trabaja de manera autónoma y está vinculada a la agencia EUPACLA, cuyo nombre reúne el de sus fundadoras, Eugenia, Pauly y Clara, tres hermanas radicadas en Colombia. Ubicada en el Centro Comercial Oviedo de Medellín, la agencia cuenta con cerca de 50 años de trayectoria y es considerada una de las más serias y reconocidas de la ciudad. Según Aracely, con el paso de los años se ha forjado un nombre entre ciertos sectores del comercio popular de Antioquia e, incluso, de otras regiones del país.
Aunque reconoce que no es conocedora a fondo de las dinámicas de la relación entre China y Colombia, su experiencia le permite dar testimonio del cambio de destinos comerciales entre los comerciantes paisas, que pasaron de abastecerse en Estados Unidos y México a hacerlo en China. Como ella misma señala, se trata de un grupo reconocido por su pericia en los negocios y por su capacidad de encontrar alternativas prácticas en beneficio de su comercio.